Ayer celebramos el día de San Juan de Ávila, tuvimos una conferencia de nuestro Obispo D. Ciríaco (que está cumpliendo sus 50 años sacerdotales) y después de la conferencia tuvimos un recreo. Algunos nos fuimos a tomar un café. Cuando volvíamos de tomar el café, éramos 5 o 6, nos cruzamos con una señora y un señor. Cuando la señora nos vio comenzó a hablar en contra de nosotros, los curas, saliendo de su boca barbaridades contra nosotros, creo que lo único que no dijo es que éramos lindos (aunque algunos no lo eran jajajaja)
Cuando llegué a casa pensaba en ese hecho, que no dejó ninguna secuela en mí, ni siquiera me molestó que me insultaran tan gratuitamente. Pero sin embargo me llevó a estar agradecido el recibir tantos insultos en el día del sacerdote. No es que sea masoquista, ni que me gusta que me insulten. Pero pensaba que así tenía también que haber sido lo que Jesús (en mucha más medida que yo) había recibido cuando iba con la Cruz a cuesta, cómo la gente lo insultaba y lo escupían por la calle, aún viéndolo ir a la muerte.
Es cierto que en nuestro rubro: sacerdotal habemos algunos que no somos santos, y otros que lo son menos. Pero también hay gente que se gasta la vida por los demás.
Pero como estamos en esta sociedad tan liberal, de libre pensamiento y, sobre todo, de libertad de lengua (por que eso no es libertad de expresión muchas veces) hay que soportar todo, aunque nunca tengamos, otros, libertad de expresión.
Aún me queda mucho para tener espíritu de mártir, pero no tengo intención de responder a insultos ni en la calle ni en ningún lugar, pues se cómo es mi vida y qué es lo que quiero vivir. Se que el Señor me ha llamado para vivir este estilo de vida y trataré de defenderlo porque es mi Vida, no es un trabajo, no soy un funcionario, soy un sacerdote que intenta, desde su pobreza espiritual, hacer lo mejor que puede la Voluntad de Dios.
Que a muchos no les gusta lo que predicamos, no nos escuchen. No les gusta la manera de vivir, no nos miren. Pero no pretendan cambiar algo que hemos elegido con voluntad y conciencia, pues es nuestra elección.
Pero se que todo esto es por algo, y ya Jesús lo decía en el Evangelio:
"Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad»
Falta mucho camino por recorrer para alcanzar la santidad, pero he recibido los insultos como un regalo a que estamos yendo por el Buen Camino. Por eso agradezco que el Señor haya puesto a esa mujer en el camino para que me ayude a estar más seguro de lo que quiero vivir, porque parece ser que estamos viviendo en la santidad de la Verdad.
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