"También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios".
Hay, en esta frase de Pablo a los corintios, algunos datos que nos hablan de cómo deberíamos ser los cristianos, los apóstoles de Cristo, y no me estoy refiriendo sólo a los sacerdotes y religiosos, sino a todos los que, por el bautismo, hemos sido llamados a evangelizar, a llevar la Buena Noticia del Evangelio por todo el mundo.
¿Por qué Pablo dice que se presentó débil y temblando de miedo? Yo creo que por varias cosas, por un lado había sido el gran perseguidor de los cristianos y, seguramente, tenía el miedo de que eso la gente lo tuviera en cuenta y podrían actuar en su contra porque así somos: pedimos la conversión de los pecadores pero una vez que se convierten siempre le hacemos acordar que fueron pecadores. Y débil porque se había dado cuenta que él no tenía la fuerza para predicar si esa fuerza no le hubiera sido dada por el Espíritu, pues su conversión lo llevó a descubrirse así frente a la fortaleza del Mensaje.
Un Mensaje que él recibió personalmente de Jesús haciendo que todo lo que sabía de antes sobre la Ley y los Profetas fuera, por él, considerado como basura porque sólo le servía para no escuchar a Dios, y Dios le habló y cambió su corazón y su forma de pensar.
Por todo eso y por mucho más afirma con toda razón: "mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana", sino en la manifestación y el poder del Espíritu". Esa ha sido la mayor experiencia de san Pablo y es a la que hemos de aspirar todos nosotros: dejarnos guiar por el Espíritu, dejarnos enseñar por el Espíritu, dejarnos transformar por el Espíritu.
Sí, es una canción que se canta bastante en la Iglesia, pero cuando el Espíritu quiere transformarnos, guiarnos o llevarnos por donde el Padre quiere hacemos retranca y decimos ¡No! eso no es para mí. Y es ahí cuando arruinamos la predicación y el mensaje porque en realidad hemos hablado mucho y hemos vivido poco.
Por eso finaliza Pablo: "para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios". Porque el único que salva es Dios y no los hombres, y así lo dijo Él: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, nadie va al Padre si no es por Mí".
lunes, 31 de agosto de 2026
El poder de Dios
domingo, 30 de agosto de 2026
Os hablo como hermano
De la Carta a los Efesios de San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir
Ignacio, por sobrenombre Teóforo, a la bendecida con plenitud de bendición por la majestad de Dios Padre, a la predestinada antes de los siglos a ser enteramente objeto de una gloria permanente, inmutable, unida y escogida mediante un sufrimiento real, por voluntad del Padre y de Jesucristo, nuestro Dios; a la iglesia digna de todo encomio establecida en Éfeso de Asia, mi cordialísimo saludo en Jesucristo y en una alegría sin tacha.
Significativo en Dios me ha parecido vuestro sugestivo nombre, nombre que habéis conquistado en buena lid por vuestra fe y caridad en Cristo Jesús, nuestro Salvador. Imitadores como sois de Dios, vivificados por la sangre de Dios, habéis realizado una obra de verdadera fraternidad cristiana. Pues apenas os enterasteis de que yo venía procedente de Siria, encadenado por el nombre común y por nuestra común esperanza, esperando, gracias a vuestras oraciones, tener la dicha de luchar con las fieras en Roma, para poder de este modo llegar a ser verdadero discípulo, os apresurasteis a venir a mi encuentro. Porque fue realmente a toda vuestra comunidad a la que yo recibía, en nombre de Dios, en la persona de Onésimo, varón de una caridad increíble y obispo vuestro según la carne, a quien os ruego améis según Jesucristo y os esforcéis todos por asemejaros a él. Bendito el que os ha concedido la gracia de ser dignos de tal obispo.
Respecto a Burro, mi compañero de servicio, diácono vuestro según Dios, y una auténtica bendición de Dios, me gustaría que permaneciera a mi lado: sería una honra para vosotros y para vuestro obispo. En cuanto a Croco, digno de Dios y de vosotros, a quien yo recibí como una prueba de vuestra caridad, me ha servido de gran consuelo. Que el Padre de Jesucristo le conforte también a él, juntamente con Onésimo, Burro, Euplo y Frontón, en cuyas personas os he visto a todos, en la caridad. ¡Ojalá pudiera gozar para siempre de vosotros, si es que me consideráis digno! Es justo que vosotros glorifiquéis de todas las maneras a Jesucristo, que os ha glorificado a vosotros, de modo que, unidos en una perfecta obediencia, sumisos a vuestro obispo y al colegio presbiteral, seáis en todo santificados.
No os hablo con autoridad, como si fuera alguien. Pues, aunque estoy encarcelado por el nombre de Cristo, todavía no he llegado a la perfección en Jesucristo. Ahora, precisamente, es cuando empiezo a ser discípulo suyo y os hablo como a mis condiscípulos. Porque lo que necesito más bien es ser fortalecido por vuestra fe, por vuestras exhortaciones, vuestra paciencia, vuestra ecuanimidad.
Pero, como el amor que os tengo me obliga a hablaros también acerca de vosotros, por esto me adelanto a exhortaros a que viváis unidos en el sentir de Dios. En efecto, Jesucristo, nuestra vida inseparable, expresa el sentir del Padre, como también los obispos, esparcidos por el mundo, son la expresión del sentir de Jesucristo.
sábado, 29 de agosto de 2026
Precursor del nacimiento y de la muerte
Homilía de San Beda el Venerable, presbítero
El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios, ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él esperaba de lleno la inmortalidad. Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado con el fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.
No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.
Cristo, en efecto, dice: Yo soy la verdad; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento, en su predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo, la pasión futura del Señor.
Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de un largo y penoso cautiverio. Él, que había evangelizado la libertad de una paz que viene de arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio el título de «lámpara que arde y brilla»; fue bautizado en su propia sangre aquel a quien fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él. Mas, a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un premio y un gozo sin fin.
La muerte -que de todas maneras había de acaecerle por ley natural- era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien dice el Apóstol: A vosotros se os ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él. El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo: Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
viernes, 28 de agosto de 2026
Para empezar...
En este día de san Agustín la liturgia nos presenta dos lecturas que tienen demasiado contenido para reflexionar, hay mucho alimento tanto en la carta de san Pablo como en el Evangelio. Yo pienso sólo dos cosas y las demás las pensáis vosotros por vuestra cuenta porque sino tendría que escribir mucho.
De la carta de san Pablo me quedo con la primer frase:
"No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios".
Y de estas dos frases dos cosas.
Pablo dice que no lo envió Jesús a bautizar, y eso es una gran verdad. ¿Cómo? Sí, porque el bautismo es el resultado de una decisión libre que toma la persona luego de haber escuchado el mensaje de salvación. Primero hay que saber qué implica el bautismo para poder aceptar ser bautizado. Está claro que los bebés no tienen esa libre elección, pero es una libre elección que toman los padres y los padrinos por el niño, y, por eso, son ellos los que se comprometen a enseñarle al niño lo que implica el haber sido bautizado, de tal manera que él vaya adquiriendo desde niño los valores cristianos y no se asombre de lo que Dios le pueda ir pidiendo a lo largo de la vida.
Esto porque, como dice san Pablo, el mensaje es un mensaje de Cruz, pero no sólo de Cruz, sino también de resurrección pero hay que pasar por una entrega fiel al Padre para llegar a la Vida. Así que hay que enseñar el mensaje completo de la salvación para poder vivir como cristiano.
Por eso hay que unir a este mensaje el Evangelio de hoy: las vírgenes necias y las prudentes. Nos encontramos muchas veces con cristianos necios que no han madurado el mensaje del Evangelio por eso nunca están preparados para escuchar, ni menos aceptar la Voluntad de Dios en sus vidas y, por eso, llegada cierta edad o ciertas cosas de la vida renuncian a su fe, renuncian a Dios. En cambio están los cristianos prudentes que han ido madurando en su fe (llenando sus alcuzas de aceite) y así tienen las capacidad y la Gracia para saber escuchar, discernir y aceptar la Voluntad de Dios en sus vidas, y, como diría el mismo Pablo "combatir el buen combate de la fe y alcanzar la meta".
jueves, 27 de agosto de 2026
Alcancemos la sabiduría eterna
San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia
Cuando ya se acercaba el día de su muerte -día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos-, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas -y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres-, ella dijo:
«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»
No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:
«¿Dónde estaba?»
Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:
«Enterrad aquí a vuestra madre».
Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:
«Mira lo que dice».
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:
«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis».
Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.
Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.
miércoles, 26 de agosto de 2026
Siempre hay tiempo para la conversión
"En aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas..."
¿Podría hoy Jesús pensar o decir lo mismo sobre nosotros? Seguro que sí. Pero ¿por qué Jesús habla tan fuerte y tan duro sobre los escribas y fariseos? Yo creo que por dos cosas: primero porque los escribas y los fariseos son los que conocían la Verdad, los que sabían interpretar la Palabra de los Profetas y la Ley de Moisés y eran los que enseñaban a los demás cómo vivir. Y eso es lo que hacía que le "doliera" a Jesús que sabiendo las cosas, sabiendo el camino no lo recorrieran como el Padre quería, sino que se habían fabricado caminos paralelos y así no eran fieles a la Voluntad de Dios.
Y, por otro lado, el amor al Pueblo Elegido le hacía, a Jesús, sufrir por haber elegido un camino diferente al de la fidelidad a Dios. El autoconvencerse que lo que habían construido era el verdadero camino y vivirlo de ese modo sabiendo que ello no llevaba a Dios, era lo que le hacía a Jesús sufrir y, por eso, denunciar el error para que vuelvan a vivir en Dios.
¿Acaso no nos duele saber que alguien de nuestra familia, de nuestros amigos, o comunidades han equivocado el camino? ¿Acaso no nos duele a nosotros saber que alguien ha renunciado a vivir mejor por no querer reconocer el error en su vida? Y ¿no nos gustaría sacudir a esa persona para que se de cuenta que se ha equivocado, para que se de cuenta que puede todavía remediar el error y modificar su vida y alcanzar la felicidad? Pues así lo veía Jesús, quería que los escribas y fariseos pudieran descubrir el error, que se dieran cuenta que tenían que cambiar el rumbo de sus vidas porque se estaban perdiendo y mostraban una vida equivocada.
Y eso nos enseña que siempre tenemos la oportunidad de convertir nuestras vidas hacia la Voluntad de Dios, que mientras haya alguien que nos diga o nos muestre el error, tenemos tiempo para reconocerlo y modificar el rumbo, sólo necesitamos tener lo ojos abiertos a la Voluntad de Dios, a Su Palabra y Él nos dará la Gracia suficiente y necesaria para volver a ser Fieles a la Vida que nos ha regalado y que quiere que vivamos.
martes, 25 de agosto de 2026
Conservar las sanas tradiciones
San Pablo le decía a los tesalonicenses:
"Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta".
Hoy también se habla mucho de conservar las tradiciones de nuestros mayores, pero, también es cierto que cada quien busca conservar lo que nos interesa y lo que no nos interesa no lo conservamos, y es ahí donde entra o donde podemos ver las intenciones de quienes buscan conservar las tradiciones o las historias de los pueblos y de las naciones. Se podría decir, como se dice en el refranero popular: ahí se les ve la hilacha de lo que intentan.
San Pablo le habla a los tesalonicenses de guardar fielmente la Palabra del Señor, lo que Jesús por medio de los apóstoles quiso que viviéramos y cómo quería que viviéramos, por eso, por medio de los relatos escritos sobre sus discursos y su vida, y más aún por las cartas de los apóstoles podemos ir reflexionando acerca de cómo vivir y de qué tradiciones tenemos que guardar.
Claro que no es fácil para los tiempos que vivimos tener que volver al origen de nuestra fe, de nuestra vida cristiana, pero así es como seremos, verdaderamente, originales en los tiempos que vivimos. Porque no es más original quien modifica las cosas y las vuelve casi ridículos, sino quien las vive desde la fuente original, es decir, quien intenta vivir el evangelio desde lo profundo de la Palabra de Dios.
Hoy para ser original usamos las redes sociales y en ellas encontramos cada cosa o cada persona, ya sea laico, religioso o sacerdote, que lo que hacen no es mostrar el evangelio sino mostrar mundaneidad revestida de cristianismo, o de algo que puede llegar a ser cristiano, y así nos vamos olvidando de la esencia del mensaje de Jesús, del camino de la santidad, de cómo aceptar y cargar la cruz de cada día, de cómo discernir y aceptar la Voluntad de Dios, etc.
Sí, es difícil aceptar la Voluntad de Dios cada día, es duro aceptar y vivir la cruz de cada día, pero ese es el Camino que nos conduce a la Vida, y es el Camino que nos mostró Jesús con su Vida, y son esas las tradiciones a las cuales debemos volver si queremos ser originales en nuestra vida cristiana, sin dejar de vivir la alegría de haber sido redimidos y salvados por un Dios Amor que entregó a su Unigénito para que tengamos vida y Vida en abundancia.
lunes, 24 de agosto de 2026
Ven y verás
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó: «Ven y verás».
En nuestra vida cotidiana siempre nos vamos a encontrar con gente que dude o que no crea en Jesús, como le pasó a Felipe con Natanael, pero Felipe no dudó en insistir para ayudar a Natanael para que conozca a Jesús.
El caso es ¿por qué quería Felipe que Natanael conociera a Jesús? Y, por eso ¿cuál es nuestro incentivo para hacer conocer a Jesús a los demás?
Felipe había encontrado al Mesías, a Aquél que le daba sentido a todo lo que había escuchado en los Profetas, en la sinagoga durante años, pero, sobre todo, al conocer personalmente a Jesús había encontrado un Camino, una Vida, una Verdad que le iluminaba la vida propia, en síntesis encontró en Jesús al Mesías que le había cambiado la vida.
Cuando se encuentra el Verdadero Camino de la Vida, cuando nos encontramos recorriendo un Camino que nos llena de sentido, y, sobre todo que. nos enseña el verdadero Amor de Dios, es un sentimiento que no se puede ocultar y que se quiere compartir. Por eso, Felipe quiso compartir con Natanael, su amigo, lo que él vivía.
Y fijaos que Felipe comprendió que no bastaban sus palabras para hacerle comprender a Natanael lo que quería compartir, sino que era necesario que él lo viviera en sus propias carnes, por eso le dijo: Ven y verás. Y esa debe ser nuestra actitud también, invitar a los nuestros a ver, a vivir la misma experiencia que nosotros hemos vivido: la experiencia del encuentro personal y real con Jesús, en la oración, en los sacramentos, en la vida cotidiana.
Por eso, cada día, tenemos que volver, nosotros mismos, a tener esa experiencia personal para que nunca se pierda el gusto por el encuentro, el gusto por estar con Él, por vivir con Él, por vivir para Él.
domingo, 23 de agosto de 2026
Sirve para todos
Regla pastoral de San Gregorio Magno, papa
El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.
Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.
¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.
Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.
Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.
sábado, 22 de agosto de 2026
Reina del mundo, Reina de la Paz
Homilía de San Amadeo de Lausana, obispo
Observa cuán adecuadamente brilló por toda la tierra, ya antes de la asunción, el admirable nombre de María y se difundió por todas partes su ilustre fama, antes de que fuera ensalzada su majestad sobre los cielos. Convenía en efecto, que la Madre virgen, por el honor debido a su Hijo, reinase primero en la tierra y, así, penetrara luego gloriosa en el cielo; convenía que fuera engrandecida aquí abajo, para penetrar luego, llena de santidad, en las mansiones celestiales, yendo de virtud en virtud y de gloria en gloria por obra del Espíritu del Señor.
Así pues, durante su vida mortal, gustaba anticipadamente las primicias del reino futuro, ya sea elevándose hasta Dios con inefable sublimidad, como también descendiendo hacia sus prójimos con indescriptible caridad. Los ángeles la servían, los hombres le tributaban su veneración. Gabriel y los ángeles la asistían con sus servicios; también los apóstoles cuidaban de ella, especialmente san Juan, gozoso de que el Señor, en la cruz, le hubiese encomendado su Madre virgen, a él, también virgen. Aquéllos se alegraban de contemplar a su Reina, éstos a su Señora, y unos y otros se esforzaban en complacerla con sentimientos de piedad y devoción.
Y ella, situada en la altísima cumbre de sus virtudes, inundada como estaba por el mar inagotable de los carismas divinos, derramaba en abundancia sobre el pueblo creyente y sediento el abismo de sus gracias, que superaban a las de cualquiera otra criatura. Daba la salud a los cuerpos y el remedio para las almas, dotada como estaba del poder de resucitar de la muerte corporal y espiritual. Nadie se apartó jamás triste o deprimido de su lado, o ignorante de los misterios celestiales. Todos volvían contentos a sus casas, habiendo alcanzado por la Madre del Señor lo que deseaban.
Plena hasta rebosar de tan grandes bienes, la Esposa, Madre del Esposo único, suave y agradable, llena de delicias, como una fuente de los jardines espirituales, como un pozo de agua viva y vivificante, que mana con fuerza del Líbano divino, desde el monte de Sión hasta las naciones extranjeras, hacía derivar ríos de paz y torrentes de gracia celestial. Por esto, cuando la Virgen de las vírgenes fue llevada al cielo por el que era su Dios y su Hijo, el Rey de reyes, en medio de la alegría y exultación de los ángeles y arcángeles y de la aclamación de todos los bienaventurados, entonces se cumplió la profecía del Salmista, que decía al Señor: De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
viernes, 21 de agosto de 2026
Una dulce voz
De la constitución apostólica Divino afflatu de San Pío X, papa
Es un hecho demostrado que los salmos, compuestos por inspiración divina, cuya colección forma parte de las sagradas Escrituras, ya desde los orígenes de la Iglesia sirvieron admirablemente para fomentar la piedad de los fieles, que ofrecían continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que confiesan su nombre, y que además, por una costumbre heredada del antiguo Testamento, alcanzaron un lugar importante en la sagrada liturgia y en el Oficio divino. De ahí nació lo que san Basilio llama «la voz de la Iglesia», y la salmodia, calificada por nuestro antecesor Urbano octavo como «hija de la himnodia que se canta asiduamente ante el trono de Dios y del Cordero», y que, según el dicho de san Atanasio, enseña, sobre todo a las personas dedicadas al culto divino, «cómo hay que alabar a Dios y cuáles son las palabras más adecuadas» para ensalzarlo. Con relación a este tema, dice bellamente san Agustín: «Para que el hombre alabara dignamente a Dios, Dios se alabó a sí mismo; y, porque se dignó alabarse, por esto el hombre halló el modo de alabarlo».
Los salmos tienen, además, una eficacia especial para suscitar en las almas el deseo de todas las virtudes. En efecto, «si bien es verdad que toda Escritura, tanto del antiguo como del nuevo Testamento, inspirada por Dios es útil para enseñar, según está escrito, sin embargo, el libro de los salmos, como el paraíso en el que se hallan (los frutos) de todos los demás (libros sagrados), prorrumpe en cánticos y, al salmodiar, pone de manifiesto sus propios frutos junto con aquellos otros». Estas palabras son también de san Atanasio, quien añade asimismo: «A mi modo de ver, los salmos vienen a ser como un espejo, en el que quienes salmodian se contemplan a sí mismos y sus diversos sentimientos, y con esta sensación los recitan». San Agustín dice en el libro de sus Confesiones: «¡Cuánto lloré con tus himnos y cánticos, conmovido intensamente por las voces de tu Iglesia que resonaban dulcemente! A medida que aquellas voces se infiltraban en mis oídos, la verdad se iba haciendo más clara en mi interior y me sentía inflamado en sentimientos de piedad, y corrían las lágrimas, que me hacían mucho bien».
En efecto, ¿quién dejará de conmoverse ante aquellas frecuentes expresiones de los salmos en las que se ensalza de un modo tan elevado la inmensa majestad de Dios, su omnipotencia, su inefable justicia, su bondad o clemencia y todos sus demás infinitos atributos, dignos de alabanza? ¿En quién no encontrarán eco aquellos sentimientos de acción de gracias por los beneficios recibidos de Dios, o aquellas humildes y confiadas súplicas por los que se espera recibir, o aquellos lamentos del alma que llora sus pecados? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor al descubrir la imagen esbozada de Cristo redentor, de quien san Agustín «oía la voz en todos los salmos, ora salmodiando, ora gimiendo, ora alegre por la esperanza, ora suspirando por la realidad»?
jueves, 20 de agosto de 2026
Invitados al Banquete de Bodas
Para mí hay dos cosas importantes en el Evangelio de hoy.
Por un lado el llamado que nos hace el Señor. Un llamado que no es solamente al Banquete Celestial, que, en realidad es el más importante porque en él se nos da el Señor en Cuerpo y Alma, Sangre y Divinidad; sino que es el único momento de verdadero encuentro como Cuerpo de Cristo con su Cabeza. Sino que ese encuentro es el culmen de haber respondido generosamente al primera llamado que es a la vida en santidad.
"Sed santos porque vuestro Padre Celestial es santo", "Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor".
Éste es el primer llamado, es una elección que hace el Padre por nosotros pues Él es quien nos conoce desde antes que naciéramos y nos tejió en las entrañas maternas. Pero, al nacer comenzamos a ejercer nuestra libertad, nuestra voluntad, nuestra capacidad intelectual y tenemos que empezar a decidir qué caminos tomar, por dónde debe andar nuestra vida. Y, si no nos enseñan a buscar "primero el Reino de Dios", entonces nos vamos perdiendo las Gracias que el Padre tiene para que alcancemos la verdadera santidad. Y, una de las Gracias más extraordinarias se dan por medio de los sacramentos, y especialmente en el encuentro con el Dios vivo y verdadero en la Eucaristía.
Por eso, la segunda cosa importante de este evangelio es lo que le reprocha el Señor al invitado que no vino bien vestido al banquete de bodas. Claro está que no se refiere a que tenemos que estrenar ropa los días que vamos a misa, sino que debemos estar preparados interiormente para el Encuentro con el Señor en la Eucaristía. Y estar preparados, por un lado quiere decir estar en Gracia: haber confesado y estar viviendo de acuerdo al evangelio, para que el Encuentro sea profundo, personal y lleno de Gracias.
Pero, además, tengo que tener la certeza que, a pesar de lo que haya alrededor de mío y de quien celebre la Misa, no voy a cotillear con los demás, ni voy a ir a criticar a los demás, sino que voy al Encuentro del Amor de los Amores, y eso es lo único importante y verdadero de la Misa: El Señor viene para que yo continúe con su fuerza y Su Vida el camino de conversión y santidad que me lleve a la eternidad.
miércoles, 19 de agosto de 2026
No todo es culpa del otro
Hoy hay de esas lecturas que nos llevan a pensar no en nosotros mismos sino en otras personas. La lectura de Ezequiel puede llevarnos a pensar a los sacerdotes sobre los obispos, a los obispos sobre sus curas, a los laicos sobre sus párrocos y a los párrocos sobre sus laicos, y a los hijos sobre sus padres. ¿Por qué? Porque habla de la función y de la manera de actuar de los pastores de una comunidad y por eso ¡qué mejor que pensar en los pastores y poder criticarlos desde esta lectura que tiene tanto para decirnos! Por eso lo primero que se nos ocurre pensar es en nuestros pastores y no en nuestro propio modo de actuar con los pastores o con nuestros hermanos de comunidad o familia.
Siempre es más fácil hacer un examen de conciencia sobre la conciencia de los otros que sobre mi propia conciencia. Se ven mejor los pecados de los otros que los propios, y ya sabemos lo que dijo Jesús sobre eso: aquello de la viga en el ojo...
Pues bien ¿porqué quiero que esta lectura acerca de los pastores la miremos desde nosotros mismos? Porque cada uno de nosotros también tiene la función de pastorear y de formar una comunidad. No sólo el Pastor es quien hace que una comunidad esté organizada y se mantenga unida, sino que los que forman esa comunidad también son responsables de la unidad, de la fraternidad.
Está claro que cuando hay más de dos personas reunidas en el nombre de Jesús hay una comunidad cristiana, pero hay algo que es, también, muy verdadero: cuando hay más de dos personas reunidas hay pecado original concentrado, es decir, llevamos nuestro pecado original con nosotros y con él hay: egoísmo, envidia, apetito de poder, soberbia, etc., etc. Y eso también lo tenemos que tener en cuenta para no ser las "ovejitas" las causantes de los líos que se generan en las comunidad y las familias.
Por eso, cuando leas la lectura de Ezequiel (y vuelve a releerla ahora) hazlo pensando que tú también eres pastor de tu comunidad, de tu familia, pero sin querer quitarle el puesto a tu obispo, o a tu párroco o a tus padres, sino que aprendamos a ocupar cada uno nuestro propio lugar como Dios lo pensó y lo permitió.
martes, 18 de agosto de 2026
Las riquezas del hombre
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Ya sabemos que Jesús no habla sólo de la riqueza material, sino también de las riquezas que no nos dejan ser lo que deberíamos ser o vivir lo que tendríamos que vivir. Hay riquezas que no son ni materiales ni espirituales, sino que son ideologías o ideas, filosofías o teologías que van quizás no en contra de la Voluntad de Dios, pero que sí nos alejan de lo que Dios nos ha pedido vivir.
A veces, o muchas veces, nos alejamos no porque no creamos en Dios o en Su Palabra, sino porque hemos puesto el sentido de nuestra vida en otras ideas que no son propiamente evangélicas, sino que provienen del mundo o de otras religiones que, sin ser malas, no están en consonancia con el Evangelio y por eso, porque creemos que no son malas nos adherimos con mayor fuerza a esas ideas, filosofías o estilos de vida que a lo que Jesús nos está pidiendo en el Evangelio.
Son esas riquezas las que nos atan a un estilo de vida que no es el propio de aquellos que habiendo escuchado el llamado del Señor y habiendo respondido que Sí, no viven como Cristo sino que viven a su propio estilo.
Así no son pocos los que creyendo que todo está bien hacen alarde de su propio estilo de vida confundiendo a aquellos que con sinceridad están buscando seguir a Cristo. Los falsos cristianos o falsos profetas de estos tiempos son los que están mostrando un camino de salvación que no es el que Jesús vivió y nos dejó señalado para nuestra Salvación, pues Él mismo dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y en cambio no son pocos los que se han atribuido esas virtudes y han confundido a muchos corazones.
Por eso tenemos que pensar siempre en lo que el Señor decía en la primera lectura del profeta Ezequiel: «Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Dios: Se enalteció tu corazón, y dijiste: “Soy un dios y estoy sentado en el trono de los dioses en el corazón del mar”. Tú que eres hombre y no dios, pusiste tu corazón como el corazón de Dios".
Debemos poner a Dios en nuestro corazón, pero creer que por eso mismo somos los verdaderos dioses.
lunes, 17 de agosto de 2026
Nuestras riquezas
"El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».
Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo - y luego ven y sígueme».
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico".
Este diálogo de Jesús con el joven no es un diálogo fuera de tiempo, sino que está siempre en nuestro tiempo, porque es una realidad que nos toca muy de cerca a todos. Tampoco es algo que ocurre sólo en una etapa de la vida sino que se da en todas las etapas si realmente somos sinceros con nosotros mismos.
¿Qué quiero decir con esto? Que, muchas veces, nos quedamos dormidos en nuestra vida espiritual y no nos damos cuenta de lo que nos está faltando, pues nos hemos quedado con los principios morales y espirituales de la catequesis de niños y no hemos profundizado en nuestra vida de fe y conocimiento de la Palabra de Dios. Y no estoy hablando ni de estudios teológicos ni bíblicos, sino solamente de haber reflexionado más la Palabra y haber meditado más sobre lo que Dios nos pide en nuestra vida personal.
Cuando maduramos en nuestra vida espiritual siempre vamos a tener un cierto vacío que se da por el mero crecer en el espíritu, es decir, siempre habrá una necesidad más de lo que Dios me está pidiendo, un deseo profundo de saber qué es lo que Dios quiere para mi vida, y qué es lo que Él quiere que yo viva. Como diría san Pablo "ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mi". Esta situación es la que nos hace preguntarnos como el joven del Evangelio: "qué más tengo que hacer?".
Pero, esa pregunta no siempre la queremos hacer porque sabemos que Dios siempre nos va a responder y, muchas veces, no queremos saber la respuesta. Como le pasó al joven que Dios le dijo "¡sígueme!" y se puso triste porque tenía que dejar todo para seguirlo. Y ahí está la cuestión ¿queremos seguirlo a Cristo? Y es una pregunta que se nos hace en muchos momentos de nuestra vida, pues el seguir a Cristo es vivir como Cristo, ya sea en la vida consagrada, sacerdotal, matrimonial, soltero o viudo, niño, adolescente, joven, adulto, anciano, pues el seguirlo a Cristo es seguir el camino de la santidad viviendo intensamente la Voluntad de Dios "aquí en la tierra como en el Cielo".
Y, por eso, muchas veces, no estamos dispuestos a dejar nuestros gustos y placeres para ser fieles a la Voluntad de Dios, y ahí está nuestra riqueza, y, como dice Jesús "será imposible para un rico entrar en el reino de los cielos".
domingo, 16 de agosto de 2026
Todo es vanidad sin la caridad
De los tratados de San Máximo Confesor sobre la caridad
La caridad es aquella buena disposición del ánimo que nada antepone al conocimiento de Dios. Nadie que esté subyugado por las cosas terrenas podrá nunca alcanzar esta virtud del amor a Dios.
El que ama a Dios antepone su conocimiento a todas las cosas por él creadas, y todo su deseo y amor tienden continuamente hacia él.
Como sea que todo lo que existe ha sido creado por Dios y para Dios, y Dios es inmensamente superior a sus criaturas, el que dejando de lado a Dios, incomparablemente mejor, se adhiere a las cosas inferiores demuestra con ello que tiene en menos a Dios que a las cosas por él creadas.
El que me ama - dice el Señor- guardará mis mandamientos. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros. Por tanto, el que no ama al prójimo no guarda su mandamiento. Y el que no guarda su mandamiento no puede amar a Dios.
Dichoso el hombre que es capaz de amar a todos los hombres por igual.
El que ama a Dios ama también inevitablemente al prójimo; y el que tiene este amor verdadero no puede guardar para sí su dinero, sino que lo reparte según Dios a todos los necesitados.
El que da limosna no hace, a imitación de Dios, discriminación alguna, en lo que atañe a las necesidades corporales, entre buenos y malos, justos e injustos, sino que reparte a todos por igual, a proporción de las necesidades de cada uno, aunque su buena voluntad le inclina a preferir a los que se esfuerzan en practicar la virtud, más bien que a los malos.
La caridad no se demuestra solamente con la limosna, sino, sobre todo, con el hecho de comunicar a los demás las enseñanzas divinas y prodigarles cuidados corporales.
El que, renunciando sinceramente y de corazón a las cosas de este mundo, se entrega sin fingimiento a la práctica de la caridad con el prójimo pronto se ve liberado de toda pasión y vicio, y se hace partícipe del amor y del conocimiento divinos.
El que ha llegado a alcanzar en sí la caridad divina no se cansa ni decae en el seguimiento del Señor, su Dios, según dice el profeta Jeremías, sino que soporta con fortaleza de ánimo todas las fatigas, oprobios e injusticias, sin desear mal a nadie.
No digáis - advierte el profeta Jeremías-: «Somos templo del Señor». Tú no digas tampoco: «La sola y escueta fe en nuestro Señor Jesucristo puede darme la salvación». Ello no es posible si no te esfuerzas en adquirir también la caridad para con Cristo, por medio de tus obras. Por lo que respecta a la fe sola, dice la Escritura: También los demonios creen y tiemblan.
El fruto de la caridad consiste en la beneficencia sincera y de corazón para con el prójimo, en la liberalidad y la paciencia; y también en el recto uso de las cosas.
sábado, 15 de agosto de 2026
Sobre la Asunción de la Virgen María
De la constitución apostólica Munificentíssimus Deus del Papa Pío XII
Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo.
Y, así, san Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma, con elocuencia vehemente:
«Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios».
Según el punto de vista de san Germán de Constantinopla, el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:
«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta».
viernes, 14 de agosto de 2026
El mejor camino
De las cartas de San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir
Me llena de gozo, querido hermano, el celo que te anima en la propagación de la gloria de Dios. En la actualidad se da una gravísima epidemia de indiferencia, que afecta, aunque de modo diverso, no solo a los laicos, sino también a los religiosos. Con todo, Dios es digno de una gloria infinita. Siendo nosotros pobres criaturas limitadas y, por tanto, incapaces de rendirle la gloria que él merece, esforcémonos, al menos, por contribuir, en cuanto podamos, a rendirle la mayor gloria posible.
La gloria de Dios consiste en la salvación de las almas, que Cristo ha redimido con el alto precio de su muerte en la cruz. La salvación y la santificación más perfecta del mayor número de almas debe ser el ideal más sublime de nuestra vida apostólica.
Cuál sea el mejor camino para rendir a Dios la mayor gloria posible y llevar a la santidad más perfecta el mayor número de almas, Dios mismo lo conoce mejor que nosotros, porque él es omnisciente e infinitamente sabio. Él, y solo él, Dios omnisciente, sabe lo que debemos hacer en cada momento para rendirle la mayor gloria posible. Y ¿cómo nos manifiesta Dios su propia voluntad? Por medio de sus representantes en la tierra.
La obediencia, y solo la santa obediencia, nos manifiesta con certeza la voluntad de Dios. Los superiores pueden equivocarse, pero nosotros obedeciendo no nos equivocamos nunca. Se da una excepción: cuando el superior manda algo que, con toda claridad y sin ninguna duda, es pecado, aunque este sea insignificante; porque, en este caso, el superior no sería el representante de Dios.
Dios, y solamente Dios infinito, infalible, santísimo y clemente, es nuestro Señor, nuestro Creador y Padre, principio y fin, sabiduría, poder y amor: todo. Todo lo que no sea él vale en tanto en cuanto se refiere a él, creador de todo, redentor de todos los hombres y fin último de toda la creación. Es él quien, por medio de sus representantes aquí en la tierra, nos revela su admirable voluntad, nos atrae hacia sí, y quiere, por medio nuestro, atraer el mayor número posible de almas y unirlas a sí del modo más íntimo y personal.
jueves, 13 de agosto de 2026
Lo difícil del Evangelio
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
"No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros".
¿Por qué he repetido tantas frases de Jesús? Porque, muchas veces, nos olvidamos de cómo debemos vivir, de cómo debemos intentar vivir nuestro ser cristianos. Es decir, cómo debemos vivir nuestra relación fraternal con los demás, porque no siempre actuamos con amor fraternal, sino que, muchas veces, somos jueces y verdugos de nuestros hermanos, y no siempre lo hacemos con verdad. Y, muchas menos veces pedimos perdón por lo que hemos dicho o hecho, y, otras tantas, no somos capaces de perdonar a los que nos ofenden.
"Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden".
Y ¿cómo vivir y por qué vivir de ese modo? ¿Por qué hay que perdonar hasta 70 veces 7? ¿Por qué he de pedir perdón por lo que he dicho o hecho? Por un nuevo mandamiento que nos dio el Señor:
"Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros".
Y, en este mandamiento fallamos muchos cristianos y nunca nos lo ponemos en nuestro examen de conciencia ¿he amado como el Señor me amó? ¿He perdonado tanto como el Señor me perdonó? ¿Si el Señor me juzgara como yo juzgo qué pasaría conmigo?
miércoles, 12 de agosto de 2026
Alegrarse en el Señor.
De los sermones de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia
El justo se alegra con el Señor, espera en él, y se felicitan los rectos de corazón. Esto es lo que hemos cantado con la boca y el corazón. Tales son las palabras que dirige a Dios la mente y la lengua del cristiano: El justo se alegra, no con el mundo, sino con el Señor. Amanece la luz para el justo - dice otro salmo-, y la alegría para los rectos de corazón. Te preguntarás el porqué de esta alegría. En un salmo oyes: El justo se alegra con el Señor, y en otro: Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.
¿Qué se nos quiere inculcar? ¿Qué se nos da? ¿Qué se nos manda? ¿Qué se nos otorga? Que nos alegremos con el Señor. ¿Quién puede alegrarse con algo que no ve? ¿O es que acaso vemos al Señor? Esto es aún sólo una promesa. Porque, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Guiados por la fe, no por la clara visión. ¿Cuándo llegaremos a la clara visión? Cuando se cumpla lo que dice Juan: Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión.
Ahora amamos en esperanza. Por esto, dice el salmo que el justo se alegra con el Señor. Y añade, en seguida, porque no posee aún la clara visión : y espera en él.
Sin embargo, poseemos ya desde ahora las primicias del Espíritu, que son como un acercamiento a aquel a quien amamos, como una previa gustación, aunque tenue, de lo que más tarde hemos de comer y beber ávidamente.
¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo, y se te acercará; ámalo, y habitará en ti. El Señor está cerca. Nada os preocupe. ¿Quieres saber en qué medida está en ti, si amas? Dios es amor.
Me dirás: «¿Qué es el amor?» El amor es el hecho mismo de amar. Ahora bien, ¿qué es lo que amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que de él has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el pecado, ya que el pecado es lo único que no has recibido de él. Fuera de pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de él.
martes, 11 de agosto de 2026
Dejarnos llevar a la meta
«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos".
La infancia espiritual que nos propone Jesús es el camino más difícil y duro en la vida espiritual, pero es el que nos lleva a la mejor comprensión de lo que es ser hijo de Dios, y, así vivir en la completa y dulce confianza en la Providencia.
Dejarse conducir por la Mano del Señor es la forma más fácil de alcanzar la santidad, porque sabemos que no sabemos cómo llegar, pero sabemos que Él sabe cómo conducirnos y cuál es la meta que el Padre ha pensado para nuestra vida. Por eso, el que alcanza la infancia espiritual, es decir vivir en total confianza y abandono y disponibilidad a la Voluntad del Padre, es quien ha descubierto y comenzado a vivir el mejor de los tesoros de la vida cristiana.
Pero, claro, como decía al principio es el camino más arduo y difícil, y para ello se necesita haber madurado en el espíritu y tener, por ello mismo, fortaleza espiritual para aceptar que, a pesar de cumplir años, no sabemos vivir como hijos. Sí, a medida que cumplimos años, desde que dejamos de ser niños, lo que buscamos es nuestra independencia de los padres, el poder vivir libres sin tener a nadie que nos diga qué hacer o qué no hacer, pues los límites limitan nuestra libertad y eso, a ojos del mundo, nos quita personalidad.
Sin embargo el Señor nos muestra la infancia espiritual como el camino que nos da la mayor plenitud de nuestro ser pues cuando nos dejamos conducir, como lo hizo María, alcanzamos la meta de nuestra vida porque quien nos lleva de la mano es Aquél que nos tejió en el seno de nuestras madres y nos pensó desde antes de la fundación del mundo. Y por eso, cuando aceptamos esa realidad hemos de "luchar" constantemente contra nuestro ser humano para que el Espíritu nos ayuda a vaciarnos de nosotros mismos y, con su ayuda, estar siempre disponibles a "hacer lo que Él nos pida", y así, llenos de Gracias, vivir en plenitud la Vida que Jesús nos ha regalado con su muerte y resurrección.
lunes, 10 de agosto de 2026
Con alegría
"Hermanos:
El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.
Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”.
A veces creemos que el Evangelio nos obliga a vivir de determinada manera, que es todo un obligación ¡haz esto! ¡no hagas aquello! Y en realidad siempre es una invitación, una sugerencia, pues la palabra que sale de los labios de Jesús o de la mano de los escritores sagrados es una inspiración de Dios que quiere indicarnos el camino correcto. Pero, como ya en el Antiguo Testamento nos lo decía: "Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia".
Y lo mismo lo decía Jesús: "quien quiera venir detrás de mí..." No hay obligación de ser cristiano o ser de tal o cual religión, es una opción que cada uno hace. El tema está en que para hacer dicha elección tienes que saber a qué te comprometes, o qué consecuencias tiene ser de tal o cual religión. Así, conscientemente podrás decir a mí nadie me obliga a vivir de tal manera, yo he elegido este camino. Y por eso mismo Jesús nunca dejó de decirnos las consecuencias o responsabilidades que tenía el elegir Su Camino:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».
Y todo esto, como dice san Pablo, no hacerlo por obligación o a disgusto, sino que, como es opción personal y de vida, hacerlo con alegría porque sé que es el Camino que he elegido para tener vida y Vida en abundancia.
domingo, 9 de agosto de 2026
Encuentro en silencio
Hay tres breves reflexiones para este domingo en las lecturas.
Elías nos muestra cómo identificar a Dios en nuestras vidas: quitarnos el ruido ensordecedor de la rutina diaria y disponernos de corazón a encontrar el silencio necesario para escuchar a Dios. No podemos mantener una relación profunda y constante con el Padre si no logramos el silencio interior, que no es sólo el exterior, sino el que es mas difícil es el interior. Sí, porque siempre hay cosas que vienen a la cabeza cuando intento concentrarme, y, sobre todo, dejar de lado los cuestionamientos internos sobre nuestro hacer y no hacer, sino dejar que el en el silencio el Padre, con el Espíritu, me ayuden a discernir su Voluntad.
Y es en ese encuentro silencioso donde podemos llegar a sentir y percibir, como decían los apóstoles en el monte de la Transfiguración, ¡qué bien que estoy aquí! Porque estoy en la presencia del Señor. Una Presencia que se hace tan real en nuestras vidas que queremos que todos puedan vivirla. Por eso, san Pablo quisiera que todos sus hermanos pudieran encontrarse con Cristo, porque él lo encontró y comenzó a vivir una vida nueva, llena del Amor de Dios, no sin cruces, pero fortalecido por el Amor. Y ese deseo es el que Pablo quiere difundir y comunicar: el hermoso Don de la Fe en Cristo Jesús.
Un Don que, muchas veces, nos lleva a querer vivir lo mismo, porque gustar el amor que hay en Cristo es gustar la Vida en Cristo, y esa Vida es la que, muchas veces, nos hace querer caminar sobre las aguas del mundo, sobre las aguas de nuestra vida, y, a pesar de que algunas veces nos sentimos ahogar en las mismas aguas, sabemos que si tendemos la mano el Señor nos ayuda a sobreponernos, a levantarnos, a volver a ponernos en pie y seguir caminando sobre un mar revuelto como es la rutina del mundo.
Así desde el encuentro silenciosos con el Padre, podremos gustar de la fuerza de su amor, para poder seguir recorriendo, a pesar del mundo, el camino de la santidad al que fuimos llamados.
sábado, 8 de agosto de 2026
Sobre santo Domingo
Sobre la vida de Santo Domingo de Guzmán.
La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor de su espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido para la gloria divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo lograban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.
En todas partes, se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.
Con frecuencia, pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.
Con frecuencia, exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.
Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida, conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: «Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles».
viernes, 7 de agosto de 2026
Que Jesús habite en nuestros corazones
Una carta de San Cayetano, presbítero
Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti de poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y, si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades.
Ten por cierto que nosotros somos peregrinos y viajeros en este mundo: nuestra patria es el cielo; el que se engríe se desvía del camino y corre hacia la muerte. Mientras vivimos en este mundo, debemos ganarnos la vida eterna, cosa que no podemos hacer por nosotros solos, ya que la perdimos por el pecado, pero Jesucristo nos la recuperó. Por esto, debemos siempre darle gracias, amarlo, obedecerlo y hacer todo cuanto nos sea posible por estar siempre unidos a él.
El se nos ha dado en alimento: desdichado el que ignora un don tan grande; se nos ha concedido el poseer a Cristo, Hijo de la Virgen María, y a veces no nos cuidamos de ello; ¡ay de aquel que no se preocupa por recibirlo! Hija mía, el bien que deseo para mí lo pido también para ti; mas para conseguirlo no hay otro camino que rogar con frecuencia a la Virgen María, para que te visite con su excelso Hijo; más aún, que te atrevas a pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma en el santísimo sacramento del altar. Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti, de más buena gana aún, para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, en la que hay muchos enemigos que nos acechan, pero que se mantienen a distancia si nos ven protegidos con semejante ayuda.
Hija mía, no recibas a Jesucristo con el fin de utilizarlo según tus criterios, sino que quiero que tú te entregues a él, y que él te reciba, y así él, tu Dios salvador, haga de ti y en ti lo que a él le plazca. Éste es mi deseo, y a esto te exhorto y, en cuanto me es dado, a ello te presiono.
jueves, 6 de agosto de 2026
Qué bien estamos aquí!
Una homilía de Anastasio Sinaíta, obispo
El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos en el monte Tabor. En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les ha anunciado acerca del reino, y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del reino de los cielos. Era como si les dijese: «El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que vuestra fe se debilite, y, por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar al Hijo del hombre con la gloria del Padre».
Y el evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable para nosotros, que ahora se ha cumplido en la montaña, ya que ahora nos reúne la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo. Por esto, para que podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto, desde la cumbre de la montaña.
Debemos apresurarnos a ir hacia allí -así me atrevo a decirlo- como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.
Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, ¡qué bien se está aquí!
Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí!, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.
miércoles, 5 de agosto de 2026
Nos ayuda
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija".
Hoy en día lo tratarían de discriminador a Jesús y lo lapidarían no por blasfemo (pues eso es lo normal hoy en día) sino por haber llamado "perrito" a la cananea, algo que es impensable que alguien pudiera decirlo. Pero dejando de lado ese asunto miremos cuál ha sido la intención del Señor, pues no sólo utiliza ese método con la cananea sino en otros momentos también.
¿Qué método? El de hacer que se manifieste la fe la persona, pues es lo único que cuenta: la grandeza de la fe. También lo dice acerca del centurión romano: en verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe.
Es cierto que la fe no tiene medidas, pero se comprueba en la medida en que lo expresamos, pero sobre todo en lo que vivimos. En estos casos los dos personajes han hecho una profesión de fe que era excepcional y le sirvió al Señor para hacernos ver que la fe es la que nos ayuda a afrontar las situaciones difíciles de la vida, no sólo porque puede hacer obrar milagros a nuestro Dios, sino porque nos ayuda a ver la vida con otros ojos y a llevar con fortaleza lo que nos toque vivir.
Todo esto porque Jesús no obró todos los milagros que podría haber hecho, pues ese no era el sentido de su venida al mundo, sino que por medio de los milagros "cautivó" a muchos para poder escucharlo y brindarles, así, el conocimiento necesario acerca del Padre, del Reino y mostrarnos un Camino para encontrar un sentido a nuestras vidas.
Así la fe es la luz que nos ayuda a encontrar el sentido a lo que vivimos, es la fuerza que nos ayuda a levantarnos de nuestras caídas y postraciones, es la esperanza que nos ayuda a seguir caminando sabiendo que Él nos asiste en la oscuridad de la vida.
martes, 4 de agosto de 2026
Ciegos por hablar
«Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
Respondiendo Jesús a las críticas de los fariseos por no hacer los actos de purificación de las manos antes de comer, él les dio esa respuesta. Pero es una respuesta que nos sirve para nosotros también, no por los actos de purificación porque eso ya no son actos de purificación sino que son buenos modales de higiene personal. Pero, también, son buenos modales de higiene moral y espiritual.
Es decir ¿tenemos en cuenta todo lo que sale de nuestros labios? ¿Tenemos en cuenta todo lo que hablamos o decimos acerca de otras personas? Esas palabras son las que hablan de nuestra impureza personal y por eso hemos de evitarlas: "si no puedas hablar bien de alguien, mejor no hables". Si no puedes evitar que otros hablen mal, evita a los otros. Claves para mantener limpia nuestra alma y nuestra vida.
Y así con muchas cosas, porque, sabemos, que el pecado está dentro nuestro y el pecado nos lleva, muchas veces, y siempre, a evitar el bien y a desear el mal. Por eso hay que tener ciertas actitudes que nos ayuden a evitar el pecado de palabra.
Porque creyendo que hacemos el bien hablando mal de otros, o comentando lo mal que otros se portan, nos comportamos como ciegos porque no vemos el daño que podemos llegar a causar, no sólo a la otra persona, sino a otras personas que se harán eco de nuestras palabras. Por eso le decía Jesús a los apóstoles:
"Dejadlos, son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».
Somos ciegos cuando no estamos viendo, o no queremos ver, el daño que le estamos haciendo a ciertas personas con nuestras actitudes, palabras, obras y omisiones, porque nos creemos más listos o más buenos o más santos o con más verdad que los demás, sin embargo por todo eso, también, caemos el hoyo del pecado.
lunes, 3 de agosto de 2026
Sálvanos!
"Pedro le contestó: - «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre el agua».
Él le dijo: - «Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: - «Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: - «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
Hermosa escena no sólo de la vida de Pedro sino, también, de nuestra propia vida de fe.
Seguramente, casi todos, hemos tenido esa arrogancia de pedirle a Jesús que hagamos algo que podría ser extraordinario para nuestras vidas porque sólo Él, como Dios, podría hacerlo. Pero, sin darnos cuenta, igualmente le hemos hecho el pedido de algo extraordinario, y, quizás, Él nos dio algo más de lo que habíamos pedido y, a la vez, nos pidió Él algo que no teníamos en cuenta: "toma tu cruz de cada día y sígueme", y fue ahí cuando vimos que no podíamos cumplir con lo que Dios nos estaba pidiendo.
Quizás algunos se hundieron en la desesperanza de no poder hacer o no querer hacer lo que Jesús les pedía y perdieron (o creyeron perder) la fe que tenían sobre todo porque ese no era el Dios en quien confiaban.
Otros aceptaron el desafío de seguir a Jesús, pero, en el camino se sintieron sin fuerzas para llegar al final de la meta y sucumbieron al ruido del mundo, a las tentaciones y al miedo de no poder ser lo que ellos pensaban que tenían que ser. Y dejaron el camino.
Y, como Pedro, muchos decidieron reconocer que solos no podían con el ruido del mundo, con las tentaciones, con todo lo que significaba seguir a Jesús con todas sus consecuencias, y, por eso, sin miedo y con confianza dijeron: ¡Señor, ayúdame! y fue esa confianza en Su Poder lo que hizo que llegaran a la meta, que pudieran llevar la cruz de cada día sobre sus hombres y consiguieran, día a día, recorrer el Camino del Señor.
Por eso, a pesar de nuestra arrogancia de querer ser como Jesús, no podremos llegar a vivirlo si no descubrimos que solos nos hundiremos en el miedo que producen ciertas cosas, pero si nos sabemos débiles y pequeños podremos tender la mano hacia la única Mano que capaz de levantarnos de nuestros pozos y oscuridades.
domingo, 2 de agosto de 2026
Sobre el bautismo
Discurso de San Gregorio de Nisa, obispo y confesor
Mirad, el buen dispensador de todas las cosas, que renueva los años y gobierna los tiempos, ha hecho nacer el día santo en que solemos invitar a los huéspedes a la adopción de hijos, a los necesitados a la participación de la gracia, y a la purificación de los pecados a quienes se hallan manchados por la sordidez de los pecados. Ésta es aquella antigua predicación que tuvo lugar poco antes de que el Salvador hiciera su aparición: Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Y aunque yo no soy ni Juan ni David, sin embargo la bajeza del siervo no desvirtúa la ley del Señor. Pues si nosotros obedecemos las disposiciones emanadas de los que promulgan las leyes, no lo hacemos por reverencia hacia ellos sino que nos sometemos a lo establecido por temor al poder del legislador.
Viene la amnistía real condonando la pena a dos tipos de penados: la liberación a los encarcelados y la cancelación de la deuda a los deudores. Por eso, también yo puedo ofrecer una adecuada medicina a estas dos categorías de personas, y confiadamente prometo que, si se empeñan, recibirán la ayuda.
Y para que nadie piense que la medicina es demasiado cara, voy a señalar la medicación que ha de aplicarse a los enfermos. Pues a unos les prometo la salud por el agua y el baño, y mediante unas pocas lágrimas, hago desaparecer de los otros la enfermedad. Basta esta simple medicación y el don de Dios para que se produzca un resultado tan maravilloso: ser liberado de las llagas rebeldes, infligidas por la mordedura de la serpiente, sin necesidad de cauterios ni de bisturí. Venid, pues, a curaros los que os sentís enfermos: no descuidéis de hacerlo. Pues cuando una enfermedad es rebelde y crónica, nada puede contra ella ni el arte de curar. Pobres y necesitados, apresuraos: venid a recibir los dones del Rey; ovejas, acudid a ser marcadas con la señal de la cruz, que es salud y remedio contra los males.
Dadme vuestros nombres, para que yo los imprima en libros sensibles y los escriba con tinta, y Dios los grabará en losas imperecederas, escribiéndolos -como antiguamente la ley hebrea- con su propio dedo.
Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Lavaos, apartad de mí vuestros pecados. Estas palabras hace ya mucho tiempo que fueron escritas, pero su valor no se ha desvirtuado, sino que sigue en vigor y crece de día en día. Salid de la cárcel, os lo ruego. Aborreced los tenebrosos antros del vicio. Huid del diablo, guardián cruel de quienes están encadenados, que se alimenta de la desgracia de los pecadores y especula con ella.
Porque, del mismo modo que Dios se alegra con nuestras obras justas, así el autor del pecado se goza con nuestros delitos. Despójate del hombre viejo como de un vestido sucio, signo de infamia y deshonor, confeccionado con la muchedumbre de los pecados y entretejido con el miserable paño de la iniquidad. Recibe a cambio el vestido de la incorrupción, que Cristo te ofrece desempaquetado y extendido; no rechaces el don, para que el donante no se dé por ofendido. Durante mucho tiempo te has revolcado en el fango; corre a mi Jordán: Juan es el que llama, pero es Cristo quien te exhorta. El río de la gracia fluye por doquier: no tiene sus fuentes en Palestina ni desemboca en el vecino mar, sino que, bordeando la redondez de la tierra, entra en el paraíso y, a través de un recorrido inverso al de los cuatro ríos que allí nacen, introduce en el paraíso aguas mucho más preciosas que las que de allí se exportan. Pues tiene como riquísima fuente a Cristo, y, partiendo de él, inunda el mundo entero. Este río es dulce y potable, sin índice alguno de desagradable salobridad. Se convierte en dulce con la venida del Espíritu, como la fuente de Mará por el contacto con el madero.
sábado, 1 de agosto de 2026
Ante la verdad
Tanto en la lectura del profeta Jeremías como en el evangelio hay dos profetas a los que la gente, especialmente algunos, querían darle muerte y no porque dijeran mentiras o falsedades, sino porque hablaban de parte del Señor y decían verdades, pero verdades que a algunos les incomodan y quieren deshacerse de los profetas, y a otros, aunque les incomodan pero igual aceptan la Palabra del Señor.
En el caso de Jeremías encontró quien aceptara las Palabras del Señor por boca del profeta y logró defenderlo de la muerte, pues pudo, seguramente por la Gracia del Señor, abrir su corazón a la verdad y aunque lo que Dios decía al Pueblo era fuerte y doloroso, pero había que obedecerle a Dios antes que a los hombres.
En cambio, en el caso de Juan Bautista, aunque Herodes lo escuchaba con atención y temor, obedecía más a los hombres y no a Dios y por eso lo mandó matar para no quedar mal ante los convidados.
¿Cuál es nuestra actitud ante las verdades que nos dicen de parte de Dios? Muchos decimos que nos gusta decir la verdad, pero cuando nos dicen algo que nos duele ¿lo aceptamos o mandamos callar a quien nos quiere ayudar? Es más fácil decirle al otro lo que está haciendo mal que aceptar de igual modo cuando alguien viene a mí a decirme, quizás, lo mismo que yo le he dicho a alguien.
Por eso nuestro corazón siempre tiene que buscar la fuerza en la humildad, tanto para poder aceptar como para corregir, porque en la humildad se demuestra el amor que tengo hacia el otro, y, sobre todo, sabiendo que todo me puede ayudar en función de mi conversión.