martes, 18 de agosto de 2026

Las riquezas del hombre

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Ya sabemos que Jesús no habla sólo de la riqueza material, sino también de las riquezas que no nos dejan ser lo que deberíamos ser o vivir lo que tendríamos que vivir. Hay riquezas que no son ni materiales ni espirituales, sino que son ideologías o ideas, filosofías o teologías que van quizás no en contra de la Voluntad de Dios, pero que sí nos alejan de lo que Dios nos ha pedido vivir.
A veces, o muchas veces, nos alejamos no porque no creamos en Dios o en Su Palabra, sino porque hemos puesto el sentido de nuestra vida en otras ideas que no son propiamente evangélicas, sino que provienen del mundo o de otras religiones que, sin ser malas, no están en consonancia con el Evangelio y por eso, porque creemos que no son malas nos adherimos con mayor fuerza a esas ideas, filosofías o estilos de vida que a lo que Jesús nos está pidiendo en el Evangelio.
Son esas riquezas las que nos atan a un estilo de vida que no es el propio de aquellos que habiendo escuchado el llamado del Señor y habiendo respondido que Sí, no viven como Cristo sino que viven a su propio estilo.
Así no son pocos los que creyendo que todo está bien hacen alarde de su propio estilo de vida confundiendo a aquellos que con sinceridad están buscando seguir a Cristo. Los falsos cristianos o falsos profetas de estos tiempos son los que están mostrando un camino de salvación que no es el que Jesús vivió y nos dejó señalado para nuestra Salvación, pues Él mismo dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y en cambio no son pocos los que se han atribuido esas virtudes y han confundido a muchos corazones.
Por eso tenemos que pensar siempre en lo que el Señor decía en la primera lectura del profeta Ezequiel: «Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Dios: Se enalteció tu corazón, y dijiste: “Soy un dios y estoy sentado en el trono de los dioses en el corazón del mar”. Tú que eres hombre y no dios, pusiste tu corazón como el corazón de Dios".
Debemos poner a Dios en nuestro corazón, pero creer que por eso mismo somos los verdaderos dioses.

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