"El joven le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».
Jesús le contestó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo - y luego ven y sígueme».
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico".
Este diálogo de Jesús con el joven no es un diálogo fuera de tiempo, sino que está siempre en nuestro tiempo, porque es una realidad que nos toca muy de cerca a todos. Tampoco es algo que ocurre sólo en una etapa de la vida sino que se da en todas las etapas si realmente somos sinceros con nosotros mismos.
¿Qué quiero decir con esto? Que, muchas veces, nos quedamos dormidos en nuestra vida espiritual y no nos damos cuenta de lo que nos está faltando, pues nos hemos quedado con los principios morales y espirituales de la catequesis de niños y no hemos profundizado en nuestra vida de fe y conocimiento de la Palabra de Dios. Y no estoy hablando ni de estudios teológicos ni bíblicos, sino solamente de haber reflexionado más la Palabra y haber meditado más sobre lo que Dios nos pide en nuestra vida personal.
Cuando maduramos en nuestra vida espiritual siempre vamos a tener un cierto vacío que se da por el mero crecer en el espíritu, es decir, siempre habrá una necesidad más de lo que Dios me está pidiendo, un deseo profundo de saber qué es lo que Dios quiere para mi vida, y qué es lo que Él quiere que yo viva. Como diría san Pablo "ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mi". Esta situación es la que nos hace preguntarnos como el joven del Evangelio: "qué más tengo que hacer?".
Pero, esa pregunta no siempre la queremos hacer porque sabemos que Dios siempre nos va a responder y, muchas veces, no queremos saber la respuesta. Como le pasó al joven que Dios le dijo "¡sígueme!" y se puso triste porque tenía que dejar todo para seguirlo. Y ahí está la cuestión ¿queremos seguirlo a Cristo? Y es una pregunta que se nos hace en muchos momentos de nuestra vida, pues el seguir a Cristo es vivir como Cristo, ya sea en la vida consagrada, sacerdotal, matrimonial, soltero o viudo, niño, adolescente, joven, adulto, anciano, pues el seguirlo a Cristo es seguir el camino de la santidad viviendo intensamente la Voluntad de Dios "aquí en la tierra como en el Cielo".
Y, por eso, muchas veces, no estamos dispuestos a dejar nuestros gustos y placeres para ser fieles a la Voluntad de Dios, y ahí está nuestra riqueza, y, como dice Jesús "será imposible para un rico entrar en el reino de los cielos".
lunes, 17 de agosto de 2026
Nuestras riquezas
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