"Hermanos:
El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.
Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”.
A veces creemos que el Evangelio nos obliga a vivir de determinada manera, que es todo un obligación ¡haz esto! ¡no hagas aquello! Y en realidad siempre es una invitación, una sugerencia, pues la palabra que sale de los labios de Jesús o de la mano de los escritores sagrados es una inspiración de Dios que quiere indicarnos el camino correcto. Pero, como ya en el Antiguo Testamento nos lo decía: "Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia".
Y lo mismo lo decía Jesús: "quien quiera venir detrás de mí..." No hay obligación de ser cristiano o ser de tal o cual religión, es una opción que cada uno hace. El tema está en que para hacer dicha elección tienes que saber a qué te comprometes, o qué consecuencias tiene ser de tal o cual religión. Así, conscientemente podrás decir a mí nadie me obliga a vivir de tal manera, yo he elegido este camino. Y por eso mismo Jesús nunca dejó de decirnos las consecuencias o responsabilidades que tenía el elegir Su Camino:
«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».
Y todo esto, como dice san Pablo, no hacerlo por obligación o a disgusto, sino que, como es opción personal y de vida, hacerlo con alegría porque sé que es el Camino que he elegido para tener vida y Vida en abundancia.
lunes, 10 de agosto de 2026
Con alegría
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