«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos".
La infancia espiritual que nos propone Jesús es el camino más difícil y duro en la vida espiritual, pero es el que nos lleva a la mejor comprensión de lo que es ser hijo de Dios, y, así vivir en la completa y dulce confianza en la Providencia.
Dejarse conducir por la Mano del Señor es la forma más fácil de alcanzar la santidad, porque sabemos que no sabemos cómo llegar, pero sabemos que Él sabe cómo conducirnos y cuál es la meta que el Padre ha pensado para nuestra vida. Por eso, el que alcanza la infancia espiritual, es decir vivir en total confianza y abandono y disponibilidad a la Voluntad del Padre, es quien ha descubierto y comenzado a vivir el mejor de los tesoros de la vida cristiana.
Pero, claro, como decía al principio es el camino más arduo y difícil, y para ello se necesita haber madurado en el espíritu y tener, por ello mismo, fortaleza espiritual para aceptar que, a pesar de cumplir años, no sabemos vivir como hijos. Sí, a medida que cumplimos años, desde que dejamos de ser niños, lo que buscamos es nuestra independencia de los padres, el poder vivir libres sin tener a nadie que nos diga qué hacer o qué no hacer, pues los límites limitan nuestra libertad y eso, a ojos del mundo, nos quita personalidad.
Sin embargo el Señor nos muestra la infancia espiritual como el camino que nos da la mayor plenitud de nuestro ser pues cuando nos dejamos conducir, como lo hizo María, alcanzamos la meta de nuestra vida porque quien nos lleva de la mano es Aquél que nos tejió en el seno de nuestras madres y nos pensó desde antes de la fundación del mundo. Y por eso, cuando aceptamos esa realidad hemos de "luchar" constantemente contra nuestro ser humano para que el Espíritu nos ayuda a vaciarnos de nosotros mismos y, con su ayuda, estar siempre disponibles a "hacer lo que Él nos pida", y así, llenos de Gracias, vivir en plenitud la Vida que Jesús nos ha regalado con su muerte y resurrección.
martes, 11 de agosto de 2026
Dejarnos llevar a la meta
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