"Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia». Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos».
Estas exhortaciones paulinas me han hecho acordar de algunos vicios que nos suceden a los hombres de profesión, por ejemplo, alguna vez me han hablado del complejo de dios que se da en los médicos, creyéndose, algunos, que son ellos quienes dan la vida y la muerte. Algo parecido nos pasa a los sacerdotes con el completo del Salvador, creyendo que somos los únicos que salvamos a las personas. Y, por supuesto, que a muchos cristianos les pasa con el complejo de querer ser más papistas que el Papa. Y así nos sucede a todos cuando no nos damos cuenta que nuestra sabiduría no sirve para nada, y, sobre todo, que Dios hay uno sólo y el Salvador es Cristo, los demás somos instrumentos en sus manos.
"Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios".
Por eso, cuando ocupamos el lugar de Dios, o cuando dejamos de lado a Dios y vamos por nuestra propia cuenta, es cuando destruimos todo lo que podría ser bueno, todo lo que podría llevarnos a Dios y a la salvación, lo corrompemos gracias a nuestro egoísmo, soberbia y vanidad.
Y ¿cuál es el camino? Nos lo muestra en el Evangelio.
"Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Aunque creamos que sabemos hemos de dejar al Maestro que nos indique qué es lo que tenemos que hacer, pues es Él quien tiene el poder de hacer milagros, nosotros no lo tenemos, el único poder que tenemos es el de disponer nuestro corazón para ser buenos instrumentos, o el poder de pecar y estropear la Obra de Dios. Sólo en la humildad de reconocer nuestra pequeñez como instrumentos en Sus Manos podremos seguir construyendo el Reino en la tierra.
jueves, 3 de septiembre de 2026
Necios o sabios...
miércoles, 2 de septiembre de 2026
No ser humanos
Continúa san Pablo, en la carta a los corintios, haciendo la distinción entre lo humano y lo espiritual:
"Hermanos, no pude hablaros como espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Por eso, en vez de alimento sólido, os di a beber leche, pues todavía no estabais para más. Aunque tampoco lo estáis ahora, pues seguís siendo carnales. En efecto, mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, ¿no es que seguís siendo carnales y que os comportáis al modo humano?".
Es cierto que todos los que formamos una comunidad cristiana somos humanos, no hay ángeles, ni superhéroes, ni extraterrestres, ni zombies, ni nada de eso que no sea humano. Y, uno podría decir: ¡claro que tenemos que actuar como humanos! Pues no, no tenemos que actuar como humanos, sino como cristianos, y ahí está diferencia que tenemos que descubrir en nuestras vidas. ¿estamos actuando como cristianos o como humanos?
No es que los humanos no sepan actuar, no es que los que no hayan recibido el bautismo no sean buenas personas, en absoluto, sino que, por la Gracia Bautismal, los cristianos tenemos o tendríamos que vivir a la manera de Cristo y no a la manera humana. Tendríamos que superar los egoísmos, las envidias, las contiendas, las disputas, y tantas cosas que surgen de modo instintivo en el hombre, y que, si lo viviéramos desde el el Espíritu y el mandamiento de Jesús sería diferente porque estaríamos por encima de todo eso, y si llegáramos a descubrirlo en nuestras vidas, rápidamente, buscaríamos el modo de erradicarlo y convertirnos para continuar el camino de santidad.
Y, ahí está el meollo de la cuestión: ser santos. No es una opción que nos da el Señor, sino que es a lo que debemos aspirar pues el Espíritu nos ha santificado el día de nuestro bautismo y nos ha dado todo lo necesario para alcanzarla, pero lo que falta es lo que tenemos que poner nosotros de disponibilidad para vivir la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el cielo.
martes, 1 de septiembre de 2026
Nos vamos alejando
"Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu. Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu".
Muchas veces nos encontramos con personas que no son creyentes, que no creen en Dios o no creen en Cristo o no creen en la Iglesia, pero igual se ponen a juzgar nuestras vidas, nuestros credos, nuestra fe. ¿Por qué lo hacen? Porque no entienden y nunca van a entender la cosas del Espíritu porque no tienen el Espíritu de Dios, y por eso, lo único que les sale hacer es ponerse a criticar lo que no conocen o lo que creen conocer. Pero como dice Pablo no llegarán nunca a conocer lo que viene del Espíritu porque no viven en el Espíritu.
Y lo mismo nos puede pasar a nosotros, los que decimos que vivimos en el Espíritu, si no alimentamos nuestro espíritu con las cosas de Dios. Por eso mismo vemos muchos cristianos que se quejan de esto o de aquello, que no les gustan los consejos del Evangelio, que no quieren vivir la Voluntad de Dios. ¿Por qué? Porque se han alejado del Espíritu de Dios y juzgan todo desde lo natural, desde el gusto personal, desde los instintos naturales porque han perdido la relación con Dios, y no han sabido madurar en el espíritu de Dios.
Permanecer en Dios, Amar a Dios es vivir según Dios, y eso no se puede hacer si no nos alimentamos de Dios, si no recibimos la Gracia de los Sacramentos, especialmente la Reconciliación y la Eucaristía que son los que sostienen nuestra vida en el Espíritu. Así, poco a poco vamos perdiendo de vista las cosas de Dios, vamos alejándonos de su Espíritu y todo lo juzgamos con mentalidad terrenal y no aceptamos la Voluntad de Dios, volviéndonos tan terrenales que ya no somos testigos del Amor de Dios, no somos testigos de la alegría de vivir el Evangelio.