jueves, 3 de septiembre de 2026

Necios o sabios...

"Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia». Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos».
Estas exhortaciones paulinas me han hecho acordar de algunos vicios que nos suceden a los hombres de profesión, por ejemplo, alguna vez me han hablado del complejo de dios que se da en los médicos, creyéndose, algunos, que son ellos quienes dan la vida y la muerte. Algo parecido nos pasa a los sacerdotes con el completo del Salvador, creyendo que somos los únicos que salvamos a las personas. Y, por supuesto, que a muchos cristianos les pasa con el complejo de querer ser más papistas que el Papa. Y así nos sucede a todos cuando no nos damos cuenta que nuestra sabiduría no sirve para nada, y, sobre todo, que Dios hay uno sólo y el Salvador es Cristo, los demás somos instrumentos en sus manos.
"Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios".
Por eso, cuando ocupamos el lugar de Dios, o cuando dejamos de lado a Dios y vamos por nuestra propia cuenta, es cuando destruimos todo lo que podría ser bueno, todo lo que podría llevarnos a Dios y a la salvación, lo corrompemos gracias a nuestro egoísmo, soberbia y vanidad.
Y ¿cuál es el camino? Nos lo muestra en el Evangelio.
"Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Aunque creamos que sabemos hemos de dejar al Maestro que nos indique qué es lo que tenemos que hacer, pues es Él quien tiene el poder de hacer milagros, nosotros no lo tenemos, el único poder que tenemos es el de disponer nuestro corazón para ser buenos instrumentos, o el poder de pecar y estropear la Obra de Dios. Sólo en la humildad de reconocer nuestra pequeñez como instrumentos en Sus Manos podremos seguir construyendo el Reino en la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.