martes, 24 de noviembre de 2015

Que nos pille confesados

Hay una frase que se dice, aquí en España, para prepararte a algunas situaciones que pueden ser difíciles: "que te pille confesado". Por las dudas estar preparado para lo peor, y si lo peor sucede que no te encuentre sin haberte confesado para poder alcanzar el cielo.
Las lecturas apocalípticas de estos días me recuerdan esa situación, Jesús no quiere meternos miedo en la vida, sino que quiere que siempre estemos preparados para lo que pueda suceder, y si llega a suceder no tener miedo porque estamos cubiertos por Él.
Desde que Jesús anunció el evangelio y desde que Él habló de estos signos muchas cosas pasaron, muchas guerras pasaron, muchos pueblos se levantaron contra otros pueblos, muchos terremotos y sucesos extraños, pero aún seguimos aquí. Y si ante cada situación describa nos ponemos de los pelos por lo que pueda sucedernos, no tendríamos vida. Las cosas van a suceder, y quizás sucedan más cerca nuestro, pero no temas, si estás preparado y sujeto a Su Mana, nada puede pasarte.
Por eso Jesús mismo nos decía: "no temáis a quienes pueden matar el cuerpo, sino más bien temed al que puede matar el cuerpo y tirar el alma a la gehena, que es es el fuego que no se acaba".
Sí, tenemos sobre nuestras cabezas aviones que van a bombardear a algún lugar, terroristas que pasan de un país a otro buscando a quién matar, y la muerte misma buscando siempre a quien llevarse. Son los síntomas de un mundo que ha perdido su centro, de un hombre que se cree Dios y que no sabe cómo volver a la paz. Son los síntomas de la decadencia del hombre, porque él mismo está devorando a sus hermanos, queriendo mostrar cada uno (como dice la canción) "quién la tiene más grande", quién tiene más poder.
Y, ante esto me acuerdo de aquél momento en que los apóstoles venían a Jesús a contarle que no habían podido expulsar un demonio de una persona. Jesús le decía hay algunos que son muy difíciles, que sólo se puede hacer con muchas oración y ayunos. Y eso es lo que hoy se nos está pidiendo a los que creemos y confiamos en nuestro Padre Celestial: oración y ayuno por la salvación del mundo, por la Paz del mundo.
Cuando el temor se apodera del corazón del hombre se deja el espacio libre para que pueden entrar malos pensamientos y malas actitudes. Nosotros tenemos confianza y creemos en Su Providencia, por eso nos unimos en una sola oración, y ofrecemos nuestro sacrificio por la salvación del hombre y la Paz del mundo.
Y sobre todo, en este tiempo que vamos a comenzar, el año de la misericordia, buscar el confesionario para que la Gracia de la Reconciliación permita que nuestra oración sea más fuerte y nuestra vida refleje la Luz de la vida de Dios, en una palabra: "que nos pille confesados".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.