Una vez que pudieron recuperar el pueblo, lo primero que hicieron los judíos, fue consagrar el altar para las ofrendas, para el holocausto, ese altar que había sido profanado por los invasores, y a partir de ese momento volver a tener el lugar en el cual ofrecer sus ofrendas al Señor, su Dios.
Jesús con esa actitud fuerte y enérgica, aunque no había sido destruido el Templo, pero para él lo estaban profanando con tantas tiendas de cambistas y vendedores de todo, quitándole al Templo el sentido de ser Casa de Oración.
Por que no hace falta que en el Templo se hagan tremendas cosas en contra de Dios, sino que Jesús nos enseña que lo profanamos con no darle el valor que tiene para nuestra religiosidad, para nuestra vida de oración: "Mi casa es Casa de Oración". Y no sólo lo es para los cristianos o católicos, sino que todas las religiones tienen un Templo en donde encontrarse de un modo particular con Dios, con su Dios.
Muchas veces escuchamos: "no necesito ir a la Iglesia para estar con Dios", y es cierto, no es necesario ir a la Iglesia para encontrarnos con Dios, porque Dios está en todas partes, sobre todo en lo profundo del corazón. Pero también sabemos que es el lugar más indicado y en el que, para nosotros, está Jesús Vivo y Verdadera en la Eucaristía. Aunque, cuando la gente dice "no preciso ir al Templo" se refiere de modo, casi exclusivo, al hecho de no querer ir a Misa.
Y es entendible cuando no hemos madurado una vida de fe seria, o una relación madura con nuestro Dios y Señor, sólo nos llamamos cristianos o católicos porque nos llamamos, pero no hemos madurado una relación con nuestro Dios y Señor. ¿Por qué digo no hemos madurado? Por que para poder entender y aceptar el misterio de la Eucaristía es necesario un crecimiento en la fe, una maduración personal en el Amor a Dios. Por que para creer en la presencia real de Jesús en la Eucaristía tengo que dejar de lado los prejuicios que tenemos sobre los curas, y sobre los que van a Misa.
Pero, sobre todo, tengo que dar un salto al vacío en la fe para poder creer que realmente en la Eucaristía me encuentro con Jesús, en su Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad, por que si no lo único que veo es una ceremonia como tantas, y nada que me llene el alma. Sin embargo cuando mi relación es una relación con Jesús, como Dios y Señor de mi vida, necesito ir a Su Encuentro, porque recibiéndolo recibo Su Vida para poder seguir siendo Fiel a la Vida que Él mismo me dio.
Así, el Templo no sólo es un lugar sino que se transforma en el Lugar del Encuentro con mi Dios y Señor, en el Lugar del Encuentro con el Amado que viene a mí para llenar mi vida con Su Amor. Ya no será más el Templo un simple lugar, sino que será mi lugar preferido para crecer en Amor, Esperanza y Fe.
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