domingo, 16 de agosto de 2015

Tener Vida en Cristo

"En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
- «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí:
- «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
No es que sigamos pensando como los judíos de aquella época en ¿cómo puede darnos a comer su carne?, porque para ellos era difícil comprender que podían comer la carne de ese hombre que estaba frente a ellos. En realidad no podían comer su carne, porque Él estaba vivo frente a ellos, era algo ilógico e impensable, por eso se les hacía difícil comprender esas palabras y el sentido de lo que Él estaba diciendo.
Pero de eso ya pasaron más de 2000 años, pero aún seguimos, los cristianos sin entender que sólo tendremos vida si nos alimentamos con Su Vida, que sólo podremos ser Fieles a la Vida si comemos Su Carne y Bebemos Su Sangre. No hay otra manera para el cristiano de tener vida en santidad si no nos alimentamos de la Vida de Cristo.
Por eso la Sabiduría nos dice hoy: «Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia." Sí, en el orden de lo espiritual y sobrenatural, y en orden a la santidad somos inexpertos, somos imprudentes: no tenemos experiencia de lo que debemos hacer y de cómo vivir, por eso necesitamos de la sabiduría que nos ilumine y nos haga comprender, para que con el Don de la Prudencia podamos tomar las decisiones más oportunas y justas en el día a día.
Porque, en el día a día, muchas veces no somos ni sabios ni prudentes para tomar nuestras decisiones, es decir, para que nuestras decisiones sean coherentes con la vida en santidad que, como cristianos, tenemos que vivir. Así San Pablo nos ilumina y nos dice:
"Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos.
Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere.
No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu.
Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor".
Quizás algunos digan: "yo no tomo vino ni me emborracho", no de vino, sino de otras tantas cosas que con las que tapas y ocultas la verdad de que no estás en Dios, de que lo que estás viviendo no la Fidelidad a la Vida en Santidad, sino que estás dejando de lado todo aquello que una vez viviste o intentaste vivir.
Sí, hoy nos aturdimos de muchas cosas: ruidos, música, trabajo, exigencias, y más cosas para no tener silencio que nos lleve a pensar que nuestra vida está sin el sentido que necesita, que nuestra vida está vacía de Dios, de todo aquello que un día soñé, conocí, busqué, viví.
Y así, Jesús hoy nos vuelve a decir:
«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día".
Quizás hoy tenga que ser el último día de mi vida incoherente, de mi vida vacía, y si me acerco a Él, si recibo su Carne y bebo Su Sangre encuentre de nuevo el Camino de la Vida, vuelva a gustar el sentido de la Fidelidad a la Vida en santidad que Él me regaló con su muerte y resurrección.

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