domingo, 30 de agosto de 2015

Convertir nuestra hipocresía en vida

"El les contestó:
- «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»
El diccionario dice que hipocresía es: fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. Era para aquellos hombres del tiempo de Jesús una gran ofensa tratarlos de hipócritas, por que en definitiva les estaba diciendo que no eran realmente religiosos, sino que fingían serlo.
Si ahora viniera a nuestros pueblos y ciudades, o entrara en nuestros templos y nos conociera, y tuviera la posibilidad de decirnos algo ¿nos diría lo mismo? ¿con las mismas palabras?
Yo creo que serían pocos los que se salvarían de esas palabras de Jesús. Por que también nosotros como aquellos de hace más de 2000 años nos hemos vuelto un poco hipócritas.
Claro que la realidad es que, generalmente, no somos hipócritas por decisión propio, sino que siempre tenemos argumentos que nos ayudan a no culparnos a nosotros, sino a la historia, a la realidad, al cambio social. Y, es cierto, la hipocresía es un defecto que se fue instalando de a poco en nuestra cultura, y, sobre todo en nuestra religión. ¿Por qué? Por que se fue haciendo rutina y tradición. Por tradición se bautiza, por cumplir una formalidad se casan, por hacer una fiesta se toma la Primera Comunión. Y se fueron vaciando de contenido todos los sacramentos de nuestra fe, y mucho más los consejos evangélicos que han quedado fuera de época, para algunos.
En definitiva sí, nos hemos vuelto hipócritas.
Por eso es bueno que Jesús nos de una bofetada con nuestra realidad para que descubramos que debemos buscar caminos de conversión. Que debemos mirarnos más en profundo y descubrir que ya nuestra fe o la vivencia de la fe no es respuesta para mi vida, ni para la vida de aquellos que buscan respuestas.
Y es por eso que el Señor nos pide constantemente que revisemos nuestra vivencia de la fe, porque lo que Él nos ha ofrecido es un tesoro maravilloso y enorme, porque es Su Vida, para que nosotros tengamos vida y vida en abundancia, pero si sólo lo hacemos por apariencia ¿qué sentido tiene que Él se haya entregado a la muerte por nosotros?
Por eso escribía Santiago en su carta:
"Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos".
No es sólo escuchar, sino dejar que la Palabra se haga vida en nosotros, descubrir que la Palabra es la fuente de nuestra vida, y es la Voz del Padre que suena en mis oídos. Y es la Palabra de Dios que llevada a la vida es capaz de salvarnos.
No dejemos que Su Palabra caiga como en saco roto, nos entre por un oído y salga por el otro, sino que llegue al corazón para que la podamos hacer vida cada día.

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