"En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen".
Cuando escuchamos esta frase de Jesús seguramente, la reacción es pensar en alguien, alguien que tengo en mente y que me gustaría decirle a la cara ¡fíjate lo que dice Jesús, es lo que tú eres! Por que, claro, es fácil juzgar y condenar.
Pero... ¿no lo dirá también por mí? ¿Yo no seré también un poco así? ¿Cuántas cosas he dicho y cuántas cosas no he realizado? ¿Hago todo lo que digo o hago lo que condeno?
No nos horroricemos por lo que otros hacen y salgamos con el látigo ejecutor de nuestra lengua a hablar de lo mal que viven otros, sino que intentemos se Luz con nuestras vidas para que los "que vean nuestras buenas obras glorifiquen a Dios" y encuentren el Camino hacia la Vida Verdadera.
La carga de vivir una vida en santidad no es liviana, no; pero es la mejor carga que nos pueden haber dado, es lo mejor que nos pueden vivir, porque la vida en santidad es una vida en el amor, es una vida de amor, y el amor no es una carga, sino que es el gozo para el alma.
Los mandamientos y los consejos evangélicos no los escribimos los curas, los obispos y los papas, los recibimos con Palabra de Dios y creemos que así lo es, aunque sea algo que, muchas veces, no llegamos a vivir plenamente. Pero así como sabemos que es difícil vivirlos, también sabemos y creemos que es nuestro Camino para alcanzar la Salvación que esperamos, y para conseguirlo, también sabemos, que tenemos los medios suficientes y necesarios para lograrlos. Sí, porque Jesús así como nos puso Ideal tan alto: la santidad de vida, también nos dio los bienes espirituales necesarios para acompañarnos en el Camino hacia la Vida en Santidad: los sacramentos, medios extraordinarios por los cuales el Señor nos concede Gracia sobre Gracia para que la santidad sea posible en nuestras vidas.
Cuando alimentamos nuestra vida con la Gracia nuestro corazón se llena y rebosa del Amor de Dios, por eso el corazón lleno de Dios no es un corazón que condena y aplasta al pecador, sino que lo ayuda a vivir fuera del pecado, es el corazón que sabe perdonar y que sabe dar bien por mal, no se goza con la maldad, sino que se alegra con el bien.
Por eso antes de que de nuestros labios salgan palabras que condenen u ofendan, pongamos frente a nuestras bocas un espejo para ver si realmente esas palabras hieren y lastiman, o si por el contrario ayudan y salvan. Por que el espejo me devuelve lo que digo y lo que veo, y si lo que digo me daña a mí, no lo digas; pero si te gustaría que te lo dijeran a tí, entonces sí, dilo porque seguramente ayudará a tu hermano.
Por que también Jesús nos dijo: "no hagas a los demás lo que no te gusta que hagan contigo", porque muchas veces te gusta decirle "la verdad" a tus hermanos, pero cuando te la dicen a tí te pones como fiera enloquecida porque te han dicho algo que no te gusta.
Por eso, usa siempre el espejo de la verdad que es el Amor, para que tus labios no dañen ni sean espada de dolor, sino que sean para alabar, ayudar, acompañar y transmitir palabras de bendición y amor.
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