viernes, 1 de mayo de 2015

Un día grande para meditar

Un día con muchas cosas para meditar, para reflexionar, no sólo de las lecturas que tienen una riqueza extraordinaria, sino de lo que celebramos hoy: la Fiesta de San José, obrero; el día internacional del trabajo; en España el día de la madre; y también comienza el mes de María. Todo en un sólo día. ¿Qué pensar y qué parte nos toca en todo esto? Cada uno, como Dios siempre tiene algo para todos, recibirá su parte.
Pero me quedo en la figura de San José que es quien hoy reúne todas las condiciones para este día. Sí, porque desde el silencio de su vida ha sido un modelo de fidelidad a la Voluntad de Dios, aceptando lo que Dios le pedía y asumiendo en su Vida un rol protagónico, desde el silencio, en la Historia de la Salvación.
Su vida de fe dignificó su trabajo, o, mejor dicho, su trabajo fue dignificado por su vida de fe, desde y con el que sostuvo al Hijo de Dios y le enseñó el valor del esfuerzo, del ganarse el pan con el sudor de su frente, el valor del estar agradecido a Dios por lo que podían ofrecerle desde su pequeño y gran lugar, pues desde su trabajo no sólo dignificaba su vida sino que fortalecía su vida y su familia.
Por su aceptación de la Voluntad de Dios San José aceptó a María como esposa, y vivió junto a Ella un Camino en la Verdad y el Amor, sabiendo y ofreciendo, con Ella y como Ella, su vida al Servicio del Amor a Dios. Junto a María dieron todo lo que tenían para que el Hijo de Dios "creciera en estatura y gracia", dándole no sólo el pan de cada día, sino el Pan de la Vida, el amor hacia su propia religión y su pueblo, el Amor y la Obediencia a Dios, su Padre.
San José como esposo no sólo se dignificó a sí mismo sino que, al aceptar a María como su esposa, la dignificó a Ella como mujer, como esposa y como madre, brindándole todo su amor, un amor que supo aceptar las oscuridades de la fe, y los dolores del camino. Un amor que fue fiel hasta que la muerte los separó.
Y San José, junto a María, supieron crecer, a la par de Su Hijo, en la oración, en la entrega generosa de su vida como ofrenda agradable a Dios, pues en todo momento "conservaban las cosas en sus corazones", pues no todo lo que vivieron lo comprendían, y, por eso, la oración fiel y constante los sostuvo en la Gracia que recibieron al aceptar ser los padres del Hijo de Dios.

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