Hoy, en el Oficio de Lecturas hay una lectura de Diogneto (siglo II) que, aunque parece algo muy lejano, es una hermosa definición de los cristianos:
"Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres".
A esto se refería Jesús cuando nos decía, en la Última Cena: "estáis en el mundo pero no sois del mundo...", "sin Mí no podéis hacer nada". Nuestra vida que, desde el bautismo, es una vida cristiana, sobre todo desde el día que esa realidad se hizo consciente en nosotros, no es diferente a los demás, pero tenemos una misión particular: "vosotros sois la luz del mundo", "vosotros sois la sal de la tierra", "sois como la levadura en la masa".
Cuando el Señor nos eligió y nosotros respondimos a Su llamado (cada uno en su propio estilo de vida) aceptamos vivir una vida que no es la vida del mundo, sino la Vida de Cristo, aceptamos vivir según la Voluntad de Dios. Quizás, y más que quizás, ninguno nos planteamos qué significaba ser cristiano, qué implicaciones tendría en nuestra vida abrazar una vida de fe, una vida de acuerdo a la Voluntad de Dios, de acuerdo a su Ley dentro de este Cuerpo que es la Iglesia.
Porque al fundar Jesús este nuevo Pueblo de Dios, que es la iglesia, nos dio una singularidad, un particular estilo de vida que Diogneto expresa muy bien, pero que para poder llevarlo a la práctica necesitamos poder estar de acuerdo con lo que Dios nos pide vivir desde Su Evangelio. Por que la Palabra de Dios es nuestra Ley primera, y es la que debemos tener como el fundamento de nuestra fe, una Ley que ningún hombre sobre la tierra puede modificar "no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle plenitud", dijo Jesús.
Por eso esta definición de Diogneto es un canto a la esperanza, es la motivación primera de todos nuestros esfuerzos por alcanzar la santidad, por vivir en santidad, por estar en el combate diario "de la carne contra el espíritu y del espíritu contra la carne", para hacer no lo quiero sino lo que debo. Nuestra plenitud y nuestra Paz son frutos del constante deseo de ser Fieles a la Vida que el Padre nos dio por medio de su Hijo Jesucristo que murió y resucitó para nuestra salvación y la del mundo entero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.