"Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
-«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»
Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:
-«Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»
Cada día en el altar se vuelven a hacer realidad estas palabras y este día. Es Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, quien en la persona de un pobre y terrenal sacerdote se hace presente ante nuestros ojos y, sobre todo, para nuestra fe. Es nuestro Misterio de la FE, que cada día Jesús celebre con nosotros la Último Cena y se nos de nuevamente como Pan de Vida y Bebida de Salvación. Cada día Él se hace Pan Eucarístico para alimentar y fortalecer nuestros deseos de fidelidad a la Voluntad de Dios, pues nadie más que Él sabe lo costoso que es para el hombre la fidelidad a la Palabra de Dios, pues él, como dice el escritor de la carta a los Hebreos:
"Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo a obedecer"
Por eso, sabiendo lo que nos costaría a nosotros seguir sus pasos, andar su Camino, vivir su Vida, quiso que, cada día, pudiéramos acercarnos al Banquete Celestial para no sólo escucharlo sino recibir Su Vida en nuestra vida.
Y así, unida nuestra vida a Su Vida, poder morir con Él para resucitar con Él, así dice Pío XII:
"Les exige asimismo que asuman en cierto modo la condición de víctimas, que se nieguen a sí mismos, conforme a las normas del Evangelio, que espontánea y libremente practiquen la penitencia, arrepintiéndose y expiando pecados.
Exige finalmente que todos, unidos a Cristo, muramos místicamente en la Cruz, de modo que podamos hacer nuestra aquella sentencia de San Pablo: 'estoy crucificado con Cristo' 'vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí'.
Es una experiencia personal el sentir el misterio de la fe en nuestras vidas, por que es muy fuerte experimentar o saber que Dios nos ha elegido, a estos pobres hombres, para hacer que en nuestra persona Su Hijo se haga presente, que por mis labios broten Sus Palabras y por mis Manos baje su Bendición para que se vuelva a repetir el inmenso misterio de Su Amor: darnos Su Vida en el Pan Eucarístico. No hay gozo mayor que saber que El Sumo y Eterno Sacerdote se hace presente en nuestras vidas para darse como Alimento de Vida y Salvación.
Cada día que lo necesitemos Él está ahí, Vivo y Presente en el Sagrario, pero sobre todo está Vivo y Presente en el Altar en el momento del más hermoso de los Banquetes de la tierra, el Banquete Celestial,
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