El escritor de los hechos de los apóstoles narra cómo era la predicación de San Pablo, hoy nos cuenta cómo animaba a los discípulos:
"animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios".
A todos nos gusta que nos animen a vivir el evangelio, a vivir nuestra fe, pero no que nos digan que "hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios", porque esa parte de nuestra vida no nos atrae mucho.
Eso sí, nos agrada que hoy Jesús nos diga que:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde".
Porque lo que todos anhelamos es vivir en paz, tener paz en nuestro día a día. Pero vemos que también Jesús pone un pero en esta frase "no os la doy yo como la da el mundo". Entonces ¿cuál es la paz que nos da Jesús?
La paz que brota de la coherencia en la vida, la paz que brota de la Gracia que Él nos da cuando no acobardamos por ser Fieles a la Vida que Él nos pide vivir, la paz que surge en el corazón cuando sabemos que hemos obrado como nos pide el Padre y no como nos muestra el mundo, la paz que brota cuando sabemos que hemos caminado en la Verdad, la paz que se nos da cuando hemos renunciado a nosotros mismos y hemos sido colmados con el Espíritu para vivir Su Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo, la paz que brota cuando a pesar de las dificultades seguimos intentado caminar en santidad, la paz que a pesar de los piedras que ponen en nuestro caminar las podemos sortear gracias a la Gracia del Señor.
No, no es fácil para el cristiano vivir radicalmente su fe en estos tiempos, pero tampoco es imposible si asumimos que es el único Camino para encontrar la Paz que anhelamos. El Camino sabemos que no es fácil por que Jesús lo recorrió primero y nos dejó sus huellas marcadas para que vayamos pisando sobre ellas, pero sabemos que en ese Caminar no estuvo solo, sino que el Padre lo acompañó, lo fortaleció, lo llevó porque Él buscó siempre Su Voluntad, incluso en el momento de mayor dolor renunció a sí mismo y aceptó el Cáliz que el Padre le presentaba.
Cada uno de nosotros tenemos nuestro propio Cáliz para beber, y a cada uno nos cuesta aceptarlo por que nuestra naturaleza humana no quiere ese vino pero sabemos que sólo bebiendo de ese Vino de Redención se nos dará la Gracia necesaria para seguir andando, para seguir en fidelidad a Su Voluntad. Por que también nosotros como Jesús tenemos que llevar a plenitud estas palabras:
"es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.»
Y la Paz del Señor residirá cada día en nuestro corazón para que siempre nos sintamos confirmados y acompañados y fortalecidos por aquél que es nuestra Vida.
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