- «Israelitas, ¿por qué os extrañáis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a éste con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos".
A veces nos extrañamos que algunos cristianos puedan entregar su vida totalmente. A veces nos extrañamos que algunos cristianos puedan llevar sus cruces con calma, con fortaleza, sin desesperarse. A veces nos extrañamos que haya cristianos que puedan ir, en el siglo XXI, a la muerte sin resistirse, confiando en Dios. Nos extrañamos que haya cristianos que quieran vivir y que vivan con fuerza y fidelidad su fe en la vida cotidiana, en su matrimonio, en su soltería, en sus trabajos.
Claro, hoy nos resulta extraño que haya gente que realmente crea en el Evangelio y en la fuerza del Espíritu Santo, pues nos hemos acostumbrado a que todo es una máscara, a que todo es para aparentar, y, sin embargo para aquellos que viven, que intentan vivir radicalmente su fe, todo es diferente. No es que todo sea más fácil, no, sino que todo vivido desde Dios tiene más Luz, más claridad, porque como dice Pedro del paralítico:
"Como éste que veis aquí y que conocéis ha creído en su nombre, su nombre le ha dado vigor; su fe le ha restituido completamente la salud, a vista de todos vosotros".
No somos los que creemos y los que vivimos quienes tenemos la fortaleza y la Luz, sino que es Dios en quien creemos y confiamos quien nos da la fortaleza y la Luz para vivir, quien fortalece nuestra vida con su Espíritu, quien fortalece nuestro Amor con Su Vida, quien robustece nuestra Esperanza con su Resurrección. Porque sabemos que "sin Él nada podemos hacer", que Sin Él nuestra vida es vacía, que Sin Él no podríamos tener la fuerza de seguir llevando la Cruz de cada día, que sin Él no podríamos vivir en Fidelidad a la Vida que Él mismo nos ha dado.
Es Él quien nos da la Vida y fortalece nuestra vida para que, también nosotros, como Pedro y los apóstoles, podamos mostrar al mundo la Fuerza de la Fe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.