"Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra".
¡Felices Pascuas de Resurrección! Es la mejor frase que ha comenzado a sonar desde la medianoche en los corazones de todos los cristianos, porque ¡Cristo ha resucitado! La Promesa ha sido cumplida y la Vida ha sido renovada, por que Él ha vencido a la muerte y al pecado.
Nosotros, los que hemos recibido el baño del agua bautismal hemos muerto y resucitado con Él, por que el agua que brotó de su costado estando en la Cruz es la que nos dio la Gracia de los Sacramentos que nos da nueva Vida, esa Vida que un día Dios insufló en nuestro cuerpo y que Jesús purificó y renovó con su muerte y resurrección.
Anoche en la Vigilia, comenzamos con la bendición del Fuego para encender el Cirio Pascual, un fuego que luego fue repartido entre cada uno de nosotros. Un Fuego Nuevo que no perdió su fuerza al ser repartido, sino que adquirió grandeza y comenzó a iluminar la oscuridad de la noche, haciendo que la noche desapareciera y volviera la luz cálida y viva, una Luz que comenzó a existir en un Portal de Belén y que se hizo potente y vital desde la Tumba del Resucitado.
Esa Luz, ese Fuego es el que nos trae la Resurrección para volver a encender el Fuego del Amor Primero en nuestros corazones, el fuego que nos lleva a entregarnos y a vivir por completo la alegría Pascual, la alegría de la Fe, la alegría del Evangelio y, así como las mujeres que llegaron al sepulcro y recibieron la noticia de la Resurrección, nosotros también, volvamos y anunciemos con fuerza y convicción que ¡Jesús ha resucitado! y no sólo con nuestra voz, sino con el calor y la calidez de nuestras vidas, porque nuestras vidas son el mejor testimonio de la resurrección de Cristo.
No dejemos que el calor, la calidez y la fuerza de este Fuego del Amor se apague en nuestros corazones, porque en cada Eucaristía podemos volver a recibir la Luz Pascual, y esa Luz Pascual es la que ilumina nuestras vidas haciéndonos gustar de los Bienes eternos, otorgándonos, a nosotros pobres mortales, la Gracia de la divinidad, la Gracia de la eternidad, porque la Tierra se unió con el Cielo, y lo humano con lo divino. Dejemos de vivir de la tierra y busquemos los bienes del Cielo, aquellos que nos dan vida y Vida en abundancia.
"Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo".
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