jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo: milagro de Amor

Hoy comenzamos el Triduo Pascual. Jueves Santo, la Institución de Eucaristía y el Sacerdocio ministerial.
Tres cosas maravillosas pasan esta noche o, mejor dicho, pasaron una noche como esta y nosotros lo volvemos a vivir en cada Jueves Santo: la actitud de servicio de Jesús, quien por amor lava los pies a los apóstoles, no en señal de purificación sino en señal de estar a su servicio, en señal de amor al hombre por quien Él, siendo Dios, se hizo hombre para que nosotros lo podamos imitar todos los días.
Un hermoso milagro que conlleva un segundo milagro: la Eucaristía y el sacerdocio ministerial. El milagro más grande del Amor de Dios: dejarnos su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en un pequeño trozo de Pan, la Eucaristía. Nuestro alimento diario y cotidiano para poder fortalecer nuestro deseo de santidad y, por supuesto, de fidelidad al Amor que nos ha amado, al Amor que nos ha dado la Vida, al Amor que nos ha llamado a Amar. Pues para amar como Él nos amó necesitamos de Él que se hace Pan para alimentar y fortalecer nuestra pobre humanidad, afianzar nuestra Fe y consolidar la esperanza de que podemos, con Él, alcanzar la meta que el Padre ha puesto en nuestra vida.
Y el último milagro de esta noche es la confianza que el Señor ha puesto en sus apóstoles y en los que ha ido llamando a lo largo de los tiempos: los sacerdotes, simples hombres que no tenemos nada para entregar más que nuestro Sí al Señor, para que Él, con Su Gracia, haga con nosotros lo que Él quiera. Él así como ha querido quedarse en un trozo de Pan, ha querido darnos a los sacerdotes el Don de hacer que ese pan sea Su Cuerpo, y que ese vino sea Su Sangre; que Su Amor se derrame sobre sus hijos por la Gracia del Perdón; que Palabra se anuncie a todas las costas lejanas por medio de nuestra voz; que Su Vida se haga vida para los hombres gracias a la celebración de cada Misa, y en cada Misa se entregue a todos los que quieran seguirlo.
Tres maravillas que nacieron del Corazón amoroso de nuestro Dios y Señor, que se nos entregan para que nosotros sintiendo el llamado de Dios podamos hacerlas vida en nuestras vidas, para que nosotros sintiendo el llamado del Señor, podamos vivirla cada día y de ese modo, poder llegar a dar testimonio del Amor que se hace Vida y servicio de Amor a los hombres, para que ellos encuentren el Camino que los lleva a la Vida.

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