"Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria".
¿Por qué perseguir y dar muerte a quien predica algo que considero que no es verdad? ¿Por qué matar a alguien por creer que en alguien que digo que no existe? ¿Por qué querer ser parte de una organización que tiene reglas que no quiero cumplir?
Realmente hay muchas incoherencias en los hombres, pero sus persecuciones, insultos, vejaciones y tantos otros ataques nos van diciendo que lo que intentamos vivir con toda nuestra alma es el Camino que marca la diferencia, que hacer ver las oscuridades e ilumina las tinieblas de las cuales no se quiere salir.
Los cristianos de las primeras comunidades tenían el fuego del Espíritu que les hacía seguir predicando, aún en la persecución, seguir cantando aún cuando estaban en el circo en medio de los leones, seguían dando testimonio con su vida y con su muerte.
Hoy esas persecuciones continúan y, aunque sean pequeños flashes informativos (pues parece ser que la matanza de los cristianos no es algo digno de informar) nos damos cuenta que aún siguen dando testimonio, y sus muertes nos llevan a nosotros a preguntarnos si seremos capaces, llegados el momento, de entregar nuestra vida por nuestra fe.
¿Cómo pueden esas personas que seguramente son padres, madres, hijos, hermanos dejar que los maten simplemente por no renunciar a la fe cristiana? ¿Cómo tienen la fuerza para ir a la matanza y no pensar en sus familias, en el dolor de su gente, en lo que van a dejar de vivir?
Es la fuerza del fe. Es el sentido de creer con todo el corazón, con toda la mente, con todo el ser y vivir aquello que realmente es el sentido y la esencia de mi vida. Pero es una vida alimentada con la Vida, es una vida entrega a la Vida, es una vida fortalecida con el Pan de la Vida, porque no se puede ir a la muerte sin estar aferrado a la Vida.
Y nosotros, de este lado del mundo, miramos esa realidad y nos golpeamos el pecho por el dolor, y nos escandalizamos por sus muertes. Pero como en los noticieros pasamos rápidamente a otra noticia y, quizás, nos olvidemos de sus vidas, hasta que llegue otro flash informativo. ¿Cuál es nuestra respuesta ante la matanza de tantos cristianos? ¿Cuál es el testimonio que dan a nuestras vidas y que nos llevan a pensar si nosotros estamos dando un verdadero testimonio? ¿Cuál es la respuesta que damos a las futuras generaciones?
Hoy más que nunca la vida de tantos mártires nos debe hacer pensar en nuestra vida concreta, en nuestra vida de fe, en qué cosas valoramos de nuestro cristianismo, qué cosas hemos dejado de lado por creer a medias, cuántas Gracias hemos dejado de recibir por no vivir en Fidelidad a la Vida que se nos ha dado. Hoy, más que nunca, nuestra vida tiene que ser un testimonio claro y real de lo que creemos, debemos mostrar que la fe que queremos vivir tiene sentido, que da sentido a nuestra vida, que nuestra vida es una vida cristiana de la mañana a la noche, y de la noche a la mañana, pues "ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mí".
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.