sábado, 11 de abril de 2015

Obedecer a Dios

"Los llamaron y les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pedro y Juan replicaron:
-«¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído.»
A veces es muy duro tener que obedecer a Dios y no a los hombres, no se entiende la Palabra de Dios cuando está fuera del alcance de los deseos de los hombres, fuera de lo que va viviendo el mundo. Pero cuando nos decidimos por querer vivir el cristianismo tenemos que estar atentos a lo que nos dice Dios y no a lo que nos dice el mundo.
Queremos, eso sí, que Dios obre milagros y que esté siempre a nuestro alcance para lo que lo necesitemos, pero no queremos que La Palabra de Dios guíe nuestras vidas. Por eso cuando alguien nos hace ver que tal o cual cosa no es de Dios, no es propio de un cristiano nos hacemos los ofendidos, creemos que no estamos cercanos a la gente, a lo que vive el mundo hoy y, por eso, como los sumos sacerdotes de aquella época intentamos obligar a que no se hable Palabra de Dios.
Varias veces he dicho, y seguiré insistiendo (hasta que me demuestren lo contrario) que si el caminar del mundo fuera bueno se caminaría mejor, y se podrían evitar tantos males que hay hoy. Pero estamos caminando en tinieblas, sin valores permanentes, sin dignidad, sin respeto y sin tantas otras cosas que, creyendo que se hace honor a lo esencial del hombre, cada día el hombre (varón y mujer) están peor.
Pedro y Juan, lo mismo que Jesús, nunca obligaron a nadie a creer, sólo predicaron lo que ellos creían que es Palabra de Dios. Quien la quiera escuchar que la escuche. Quien la quiera vivir que la viva. Y quien la viva que tenga la libertad para vivirla y predicarla. No es obligación creer, pero quien dice creer y, quienes nos llamamos, cristianos tenemos que se claros y coherentes, porque debemos obedecer a Dios antes que a los hombres, a los que están fuera de nosotros que nos quieren hacer callar, y al hombre que está dentro nuestro que, más de una vez, nos invita a no vivir lo que debemos sino a hacer cómplice de las tinieblas del mundo.
"Estáis en el mundo pero no sois del mundo" por eso vivimos en una constante lucha en nuestro interior, como dice San Pablo, en donde nuestro espíritu combate con nuestra carne y nuestra carne contra nuestro espíritu, por eso el Señor nos invitaba en el Huerto de los Olivos a estar atentos y vigilantes, porque "el espíritu está pronto pero la carne es débil".

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