miércoles, 7 de diciembre de 2016

No nos cansamos de volver a nacer

Hermosa respuesta que, por medio de Isaías, el Señor nos da:
"Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
A lo que Jesús, después de muchos tiempo, nos vuelve a repetir:
"Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Siempre y cada día el Señor tiene una respuesta para nuestra vida, si es que queremos verla o escucharla, porque, quizás, cada día, implica, en nuestras vidas, un cansancio, un agobio; y, al terminar cada día nos sintamos sin ganas de volver a empezar. Pero el Señor siempre nos trae una gota de esperanza y llena con esa gota el vacío que se va produciendo en el alma de tanto entregar, de tanto dar.
No siempre creemos que recibimos lo que damos, no siempre se nos "reintegra" el amor que ofrecemos, y la vida que entregamos; pero al llegar la noche si nos ponemos en manos del Señor de la Vida será Él quien nos "reintegre" "una buena medida, apretada, colmada, rebosante" que no sólo llenará nuestro corazón, sino que nos alentará para ser entregando cada día todo lo que Él nos da.
Así el cansancio y el agobio de cada día en Sus Manos de transforma en gozo, alegría, fortaleza, plenitud, pues no hay nadie que pueda "devolver" a nuestras almas más que nuestro Padre del Cielo, pues a Él nadie le gana en gratitud porque "cuanto hicisteis por uno de estos mis pequeños hijos por Mí lo hicisteis".
Y así cada día al despertar renovaremos nuestros sueños porque son Sus sueños los que quieren desplegar alas en nuestras almas, son sus sueños los que nos ayudan a querer levantar vuelo y llegar hasta las más altas cumbres de la entrega, de la perfección; son Sus sueños los que nos permiten vivir y contemplar sus maravillas, esas maravillas que hizo por nosotros, que nos entregó a nosotros y que, día a día, alimentan y alientan nuestros sueños de grandeza, de esperanza y de gratitud ante un Padre que nos "ama tanto que nos dio a su Hijo Único para que nos diera Vida y vida en abundancia".
Y es ese Hijo, ese pequeño Niño que va a nacer Quien abre Sus Manos para recoger todos nuestros pesares y agobios, para que nunca nos cansemos de Amar, para que, aún cuando nos duela el amor, seamos capaces de seguir entregándolo así como Él se nos dio desde Belén a la Cruz. Es ese Niño que va a nacer Quien ya desde el pobre lecho de Belén comenzó a darse, a vivir una entrega total a los Hombres, a tí y a mí, para que nuestra pequeña vida se engrandezca y se fortalezca con Su Vida, para que nuestra pobreza terrenal se transforme, por su Vida y su Gracia, en vida de hijo de Dios.
NO, no hay nada más hermoso que dejar cada noche nuestras vidas en sus manos, para que cada día, al amanecer, volvamos a nacer, junto a Él, para que cada día vuelva a ser Navidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.