sábado, 24 de diciembre de 2016

Preparando la Navidad

Dijo Zacarías cuando nació Juan y se le soltó la lengua y la boca:
"Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz".
Después de mucho tiempo mudo por haber desconfiado del Ángel, el día del anuncio de que Isabel sería madre, Zacarías cantó un cántico hermoso al Señor, dando gracias por todo lo que había recibido y por cumplir sus promesas. El final de ese cántico es lo que más quiero remarcar hoy. Pero sobre todo sus últimas palabras: "para guiar nuestros pasos por el camino de la paz".
Porque al despertar me acordé de todo lo que muchos han vivido a lo largo de este año: dolores, tristezas, despedidas, días oscuros, y tantos dolores que para muchos no han traído luz, sino que en muchos corazones hay oscuridad, y por eso también la tristeza opaca lo que muchos hoy, y en estos días, vivirán de la alegría de las fiestas.
La Navidad, en realidad, sí es una Fiesta, pero la hemos transformado en una fiesta de comidas y de Papás Noeles, perdiendo, quizás, el verdadero sentido de la Navidad: la alegría de los Cielos y la Tierra de que el Hijo de Dios se haya hecho Hombre para salvarnos, para venir a traer la Paz a la tierra. Porque eso es lo que los ángeles cantaron junto a los pastores en Belén:
"¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por El!"
Sí, Él nos ama aunque no pueda muchas veces librarnos del dolor. Ni siquiera a su propio Hijo, ni a su Madre los libró del dolor, de la Cruz, sino que en Ellos nos enseñó que ese no es el fin, sino que el fin está más allá de todo eso, Ellos nos enseñaron a encontrarle un sentido a la Cruz poniendo nuestro horizonte en la eternidad del Amor, en la eternidad de la Paz, en la eternidad de la Luz, pues Aquél que era eterno se hizo hombre, para darle al hombre su eternidad.
Navidad tendría que ser un día de mayor recogimiento, de mayor encuentro con el Señor que viene. Un encuentro de alegría y gozo, para que esa alegría y ese gozo llene los corazones de aquellos que no lo tienen; una alegría y un gozo que no sea sólo de un momento de algarabía y comida, sino de profunda oración y de encuentro con Aquél que nace y se nos da en la Eucaristía. Porque si sólo celebramos la Navidad con una comida y un brindis, así como eso se va de nuestro cuerpo también la Navidad se va de nuestra alma.
Sí, hoy es un día de dar Gracias a Dios por el Amor que nos tiene, por ese Niño que nace por Amor a nosotros, por esa Madre que entregada a la Voluntad de Dios abre su corazón y su alma para ser tabernáculo de Aquel que ha existido por los siglos y que por los siglos seguirá existiendo y dándonos vida. Un día para dar Gracias porque nos ha dado un motivo para para agradecer y un sentido para encontrar la paz.

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