"Cuando se agita la criba, quedan los desechos; así, cuando la persona habla, se descubren sus defectos.
El horno prueba las vasijas del alfarero, y la persona es probada en su conversación.
El fruto revela el cultivo del árbol, así la palabra revela el corazón de la persona.
No elogies a nadie antes de oírlo hablar, porque ahí es donde se prueba una persona".
Leyendo el Eclesiástico, decia anoche, que este libro que fue escrito hace más de 2000 años aún hoy tiene relevancia en nuestras vidas, porque los consejos que nos da Dios por medio de esta palabra escrita, son tan actuales como la vida misma.
Claro que no los tenemos que leer, sobre todo, en función de los demás, sino que, también, tienen que ser un espejo donde se refleja nuestra vida, o, mejor dicho, donde tenemos que contrastar nuestra vida. Porque, muchas veces pensamos, que esta Palabra la utilizamos para analizar la vida de los demás, para saber cómo son nuestros amigos, cómo proceden o qué dicen ellos, eso nos puede ayudar. Pero la Palabra de Dios, cuando la leemos, es para mirarnos a nosotros mismos, dentro de nuestro corazón. Sí, porque nosotros también formamos parte de esta humanidad que lleva en su corazón el pecado original, y que si no reflexiona y piensa lo que dice o cómo lo dice, que si no sabe rellenar su corazón con bodad y sabiduría, también puede dar frutos malos y puede salir maldad de su corazón.
Escuchamos (o decimos) a veces, "yo lo digo pero no quiero hacerte daño", o "lo dije sin darme cuenta y no quise decir eso...". Por eso mismo dice una frase popular (que no es palabra de Dios, pero podría serlo): "antes de poner tu lengua en movimiento pon tu cerebro en funcionamiento", porque todo lo que sale de tu boca siempre es por algo, y si antes no lo piensas siempre puedes hace daño a alguien.
Por eso es que nos dice Jesús:
"¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano".
Y esto no lo dice porque no quiere que ayudemos a nuestros hermanos a corregir sus errores, sino que no corrijamos a nuestros hermanos desde nuestro egoísmo o soberbia o vanidad de pensar que somos los mejores. Sino sabiendo que la corrección fraterna es algo que va y viene, porque corregir es fácil, pero que me corrijan no es tan divertido. Pero, cuando corregimos que sea porque amamos al otro, porque lo hacemos con amor y no con espíritu de venganza, de rencor o sólo porque no me gusta cómo actúas, sino porque creo que Dios te pide mejorar en esto y en aquello.
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