"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa".
"Para que vuestra alegría sea completa..." es el deseo de Jesús para nuestra vida: tener una alegría completa, plena. Pero ¿cuál es esa alegría? Si vemos constantemente que, en muchos días de nuestra vida, no hay tanta alegría; si aún seguimos viendo dolor, tristezas, cruces, muertes injustas, y ¡tantas otras cosas más! y si miramos nuestra vida no vemos cómo podemos alcanzar esa "alegría completa".
Y, a mi me parece, que la alegría de la que Jesús habla es la alegría que tuvo Él y que se manifestó en el último momento de la Cruz: "todo se ha cumplido", porque ese era y fue su deseo siempre: ser Fiel a la Voluntad del Padre, y aunque la Voluntad del Padre se manifestó en la Cruz, también alcanzó por ella la Resurrección, y ahí llegó a la Alegría Completa y plena.
No nos engañemos: la vedadera alegría no está en que no nos suceda nada, en que no nos pase nada, en que siempre estemos tan bien que todos los días podamos dar Gracias a Dios. Sino en que en todo momento, com sol o lluvia, con oscuridad o claridad, en saludo o enfermedad, siempre podamos encontrar la fortaleza de la Fe, para que la Esperanza del Amor nos ayude a dar Gracias siempre y en todo luguar y circunstancia.
"Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando", nos decía también en algún momento Jesús, y "os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud", cuando nos enseñaba que lo más importante es el mandamiento del Amor, pero el Amor como Él lo tuvo por el Padre y por nosotros.
Pues bien para nuestra alegría sea completa nuestra vida tiene que configurarse con la Vida de Jesús, y saber que sólo alcanzaremos esa Alegría viviendo como Él vivió la Voluntad de Dios: "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", y, aunque le costó lágrimas de sangre en el Huerto de los Olivos pero "que no se haga mi voluntad sino la Tuya", y alcanzó la plenitud de la Vida en la Resurrección, y así llegó a la Verdadera Alegría pues el Amor se hizo pleno en su vida.
Pero no sólo alcanzaremos al verdadera alegría en el Cielo, sino que al vivir aquí en la Tierra la Fidelidad a la Voluntad de Dios, podremos ir conociendo la Alegría y el Gozo que nos da saber que, día a día, vamos intentanto y logrando, con la ayuda de la Gracia, crecer en santidad e ir "completando en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo en beneficio de su curerpo que es la Iglesia".
Y, por todo esto, y por más, la Santa Madre Teresa de Calcuta le decía a sus novicias al entrar en la Congregación: "que nunca os falte la sonrisa de vuestros rostros, porque un cristiano siempre tiene que ser alegre", porque la alegría de la Fe es lo que mostramos al mundo que no cree.
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