domingo, 13 de mayo de 2018

La Madre y el Hijo nos dicen lo mismo

Hoy se unen dos días que son importantes para nuestra fe: el día de la Ascensión de Jesús a los Cielos, que es fiesta litúrgica, y también recordamos el día en que la Virgen se apareció en Fátima.
La Ascensión de Jesús es una fiesta litúrgica que, con el tiempo, ha ido perdiendo brillo, pues pasa desapercibida dentro de los domingos del ciclo pascual, pero es una de las Fiestas que nos hablan de un misterio de la Fe que es importante para nuestra vida. Porque la Ascención del Señor nos abre la puerta de la Esperanza para nuestra vida.
Porque nosotros que hemos sido constituídos miembros del Cuerpo Místico de Cristo, si permanecemos junto a Él, tendremos la certeza de que con Él, que es nuestra Cabeza, podremos gozar, no sólo de su Vida en la tierra, sino de su Gloria en el Cielo. Pues donde va la cabeza le sigue el Cuerpo, y así nosotros permaneciendo unidos a Él podremos alcanzar, también su Gloria.
Pero ese es un punto interesante en nuestra vida: permanecer. Un permanecer que nos cuesta, creo, que cada día más, pues las tentaciones y los placeres del mundo nos llevan a situarnos en lugares diferentes en el Camino de la Santidad, pues el mundo nos invita a forjar nuestros propios caminos fuera de la Voluntad de Dios.
Los que hemos comenzado a creer también ponemos nuestra esperanza en la Madre, por eso las apariciones Marianas, nos llevan relacionarnos con María como Madre, y por eso María sigue intentando que entandamos aquella frase que Ella nos dijo en las Bodas de Caná: "haced todo lo que Él os diga". Y si revisamos todas las apariciiones marianas y leemos todo lo que María ha ido diciendo a lo largo de la historia, vamos a descubrir que, como Madre, siempre nos sigue recordando lo mismo: "Id a Dios", "volved al Padre", "convertíos, orad, vivid es unión a Cristo"... y así sucesivamente, pues María nunca nos va a decir algo contrario a lo que su Hijo nos revelará en su Evangelio, porque tanto María como Jesús siempre tuvieron un sólo ideal en sus vidas: hacer la Voluntad de Dios.
Así, al unir hoy las dos Fiestas podemos descubrir que nuestra vida en Cristo, para alcanzar el Cielo esperado, tiene un sólo Camino: hacer la Voluntad del Padre, vivir como Jesús y María vivieron y nos dieron ejemplo con sus vidas. Así, no sólo alcanceremos el Cielo tan esperado sino que podremos ir construyendo ese mismo Cielo aquí en la Tierra, pues es lo que juntos, cada día rezamos: "venga a nosotros Tu Reino, hágase Tú Voluntad aquí en la Tierra como en el Cielo".

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