María, Madre de Jesús, Madre nuestra, Madre de la Iglesia, un hermoso recuerdo después del gran día de Pentecostés. Esta claro que no podemos separar a María de ninguno de estos títulos pues es verdad que al ser Madre de Jesús, y al entregárnosla Jesús como Madre nuestra, al pie de la Cruz, es Madre de la Iglesia, es Madre de todos.
Al escribir Madre de todos me acordé de una reflexión que nos hacía el P. Efraín, hace muchos años, él nos contaba o nos hacía pensar en el Amor de María, en el Amor de la Madre, porque Ella como Fiel Servidora del Señor no ama sólo a los buenos y santos, sino también a los malos y pecadores. Su Corazón sufre tanto por uno como por los otros, por que no puede hacer diferencias entre Sus Hijos, porque para una Madre todos los hijos son merecedores de su amor, por lo tanto no hace diferencia, o quizás, como Madre sí lo hace porque las Madres se desviven más por los más débiles, sin dejar de amar a los fuertes.
Pero miremos también los dos momentos que nos presenta la liturgia de hoy: María junto a la Cruz y María en oración con los apóstoles. Porque esos dos momentos son los que más encesitamos en nuestras vidas de cristianos: mantenernos unidos en oración para poder estar de pié junto a la Cruz.
María seguramente que nos acompañará en todo momento pero nunca se interpondrá en nuestro camino, sea que seamos Fieles o pecadores, Ella siempre estará cerca para acompañarnos y sostenernos, porque si miramos a Jesús en el Camino de la Cruz, no fue María quien le quitó el peso de la Cruz, Ella sólo se acercó para que Jesús sepa de su amor, de su cercanía, y seguramente con la sola mirada se supieron decir todo lo que sentían, pues para una Madre sólo basta la mirada de su Hijo para comprender lo que siente y lo que necesita.
Por eso, nosotros, necesitamos mucho de la oración de contemplación para que en esa mirada silenciosa podamos dejar que María sepa lo que el Espíritu le cuente de nosotros, porque sólo el Espíritu Santo que vive en nosotros sabe lo que verdaderamente necesitamos, y así, Ellos nos ayuden a comprender lo que tenemos que vivir. Pero ninguno nos obligará a vivir si no queremos, sabiendo que ese no querer será la piedra que siempre me hará debilitar en el camino, pues sólo el Sí a la Voluntad del Padre nos hace fuertes para llegar al final del Camino.
Y también María nos convoca siempre a la oración con el Hijo, pues sabe que sólo el Hijo puede darnos aquello que necesitamos para ser Fieles a la Voluntad de Dios Padre, pues ése es el Camino que Él recorrió y el único Camino para alcanzar la alegría completa, pues así Él mismo nos lo enseñó y recorrió primero.
Por eso, unidos siempre a María, no nos alejaremos de Cristo pues Ella también sabe que Él es el Único Camino que nos conduce a la Vida. Ella siempre nos querrá cerca de Jesús, escuchando Su Palabra y alimentándonos con el Cuerpo de Su Hijo, porque la Madre sabe cuál es el Alimento que nos da Verdadera Vida, y que nos fortalece pues sin Él nada podemos hacer.
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