martes, 15 de mayo de 2018

Mis bodas de Plata

¡Ha llegado el día! Hace 25 años que recibií el mayor de los regalos que, creo, un hombre puede recibir: la ordenación sacerdotal. Por lo menos para mí es el mejor regalo que Dios me ha dado, pues no puedo pretender nada más hermoso y más grande de su parte, pues sin tener en cuenta mi debilidad e imperfección el Señor puso sus ojos sobre mí y me llamó a ser sacerdote.
Si miro hacia atrás puedo ver que han pasado volando estos 25 años, parecen que fueron muy pocos años, pero cada día de todos estos años lleva dentro una carga muy grande de Amor del Padre y de amor de todos ustedes y de muchos más que no aparecen en este muro virtual. Y sin yo merecerlo de cada uno hay un trocito en mi vida sacerdotal, pues no es sólo lo que Dios me da lo que me va formando, sino lo que ustedes me han dado de sus vidas lo que va completando la mía.
Porque en este diálogo maravilloso que Dios nos permite vivir a los sacerdotes se da un gran intercambio de Gracias y de dones, pues cuando recibimos de Dios sus Gracias para dároslas a vosotros siempre Él nos deja una parte en nuestros corazones para que no perdamos la Fuerza para poder trasnmitir con la vida su propia Vida, y es su Vida la que nos alienta y alimenta para comenzar, cada día, queriendo ser Fieles a esa hermosa Vida que Él nos ha otorgado sin merecerla.
Pero también en este ser instrumentos y servidores de su Gracia en favor de ustedes, son ustedes quienes con sus vidas, nos van regalando, sin saberlo, muchos dones que nos ayudan a crecer en experiencia y en sabiduría, pues todo, como María, lo vamos dejando en nuestro corazón y Dios lo va transformando en sabiduría de vida. Así nuestra vida, aunque tengamos pocos años y no hayamos pasado por tantas situaciones, tiene la experiencia de muchas vidas vividas.
Y hoy Dios me regala (y nos regala) con unos hermosos textos evangélicos que los voy a copiar seguidos para pensar algo sobre ellos.
"Pero a mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios".
"He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado".
Al haber recibido Don tan hermoso y grande ya nuestra vida no es nuestra: es de Dios, pues Él es quien ha obrado en nosotros y seguirá obrando, a pesar de nuestra imperfección y pecado, pues nuestra vida es sólo un instrumento para que su Gracia llegue a sus hijos. Por eso ya no nos pertenecemos, e intentamos, cada día, poder ser pertenencia exclusiva de Dios para que nuestra instumentalidad sea más perfecta.
Él nos ha dado y nos seguirá dando todo lo que nosotros necesitamos para que podamos distribuirlo con humildad y alegría, sabiendo que siempre y a cada paso tendremos que luchar contra el mundo, pues el mundo no lo ha conocido y por eso intenta derrotarlo, y derrotarnos. Pero "todo lo puedo en Aquél que me conforta", nos dice San Pablo.
"Completar la carrera y consumar el ministerio que recibí de Jesús" es mi deseo, desde un principio Mons. Castagna al darnos la Admisión a las Sagradas Órdenes, nos lo advirtió, allá por el 89, y tenía razón, pero siempre está el Señor y el cariño de nuestros hermanos sacerdotes quienes nos ayudan a levantarnos de cada caída y tropiezo, de fortalecernos ante las incomprensiones y debilidades. Por eso confiando en Su Gracia y dando gracias por todo lo vivido, le pido que pueda seguir cada día siendo Fiel a la Vida que me regaló.

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