martes, 22 de mayo de 2018

Adúlteros con el mundo

Finalizamos el domingo de Pentecostés el Tiempo Pascual, las lecturas no nos recordarán la resurrección de Jesús, sino que, a partir de ahora, volvemos a lo que se llama el Tiempo Ordinario durante el año. Un Tiempo que a pesar del nombre es el momento más propicio para descubrir nuestro caminar hacia Dios, para poder discernir cuál es nuestro Camino de Santidad, pues en lo ordinario, en lo de todos los días es cuando se demuestra mi fuerza de voluntad y mi entrega al servicio del Evangelio, y, sobre todo, mi decisión de crecer en santidad.
Para comenzar este Camino de santidad San Pablo nos pone en alerta de los peligros que hay en el mundo, pero que, sobre todo, hay en nuestro corazón, porque aunque no somos del mundo estamos en el mundo y los valores del mundo y cómo se vive en el mundo se nos pega muy rápidamente. Por eso leamos de nuevo la carta de San Pablo:
"¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada; lucháis y os hacéis la guerra y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer a vuestras pasiones.
¡Adúlteros! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios".
Creemos que somos muy cristianos, muchas veces, porque ejercemos el derecho de juzgar, de criticar, pero lo hacemos con criterios muy mundanos, se nos van pegando las disputas callejeras del mundo y por eso se producen entre nosotros las divisiones y los conflictos. Incluso internamente creemos que lo que estamos haciendo está bien, y sin embargo vamos sembrando la cizaña de la desonfianza, del error, de la envidia.
Sin querer o queriendo estamos ambicionando lugares y puestos de poder en donde sea sólo yo el dueño de todo y pueda tener dominio sobre los demás o sobre las cosas, sin darme cuenta que ésa es la misma discusión que venían teniendo los discípulos cuando Jesús le hablaba de lo más importante de su vida. Como dice San Pablo el adulterio que vivimos con los valores mundanos nos hace olvidar lo importante de nuestra misión en el mundo, nos hace olvidar lo que el Señor nos está diciendo y nos impide así ser Fieles a la Voluntad de Dios.
«¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
«El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

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