miércoles, 30 de mayo de 2018

Obediencia a la Verdad en el Amor

"Ya que habéis purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad hasta amaros unos a otros como hermanos, amaos de corazón unos a otros con una entrega total, pues habéis sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible sino de algo incorruptible, mediante la palabra de Dios viva y permanente, porque «Toda carne es hierba y todo su esplendor como flor de hierba: se agosta la hierba y la flor se cae, pero la palabra del Señor permanece para siempre».
Pues esa es la palabra del Evangelio que os anunció".
"Habeis purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad", una hermosa frase que nos regala San Pedro para que la pongamos en nuestro corazón: obediencia a la verdad. ¡Qué difícil! Es lo primero que pensamos cuando vemos o escuchamos una palabra tan dura a nuestros oídos: obediencia y verdad. Aunque siempre es lo que queremos que los demás hagan: que sean obedientes y que vivan en la verdad, pero cuando lo pensamos para nosotros ya es otra cosa, porque sabemos lo que nos cuesta ser obedientes y vivir en la verdad.
Pero se complica esta obediencia a la verdad cuando San Pedro lo une a: "hasta amaros unos a otros como verhamos, amaos de corazón unos a otros con una entrega total". ¿Por qué se complica? Porque cuando pensamos en la verdad en la relación personal, creemos que siempre tenemos que decir todo lo que sentimos en el momento en que se nos viene a la lengua (no a la cabeza) y por eso decimos: "yo siempre digo lo que pienso", y creemos que eso es la verdad verdadera, y no. No siempre lo que pienso es la verdad verdadera. Por eso tengo que pensar primero lo que pienso y después decirlo, y es más, pasarlo por el filtro del amor para saber si lo que pienso le va a hacer bien a mi hermano, o en realidad lo que pienso, aunque sea verdad es algo que lo va a dañar.
¿Porque pensar lo que pienso con el filtro del amor? Porque mis primeros pensamientos están "viciados" del pecado original, y por eso, tengo siempre que re-pensar las cosas y mirarlas desde Dios, pasarlas por el filtro del amor y discernir si es Voluntad de Dios que haga o diga tal o cual cosa. De este modo me aseguro que mi obrar es Voluntad de Dios y en bien de mis hermanos, por amor a Él y a ellos. Es cierto que, muchas vecees, Dios me sugiere que diga o haga cosas que pueden no gustarle a los demás, pero no será porque sean malas en sí, sino porque la corrección fraterna no siempre es algo que agradecemos de corazón, sino que toda corrección siempre nos cuesta aceptarla.
Es por eso que al comenzar el día tengo que entregar mi YO al Señor para que Él lo crucifique y nos permita dejar de pensar en nosotros mismos, abrirnos al Espíritu y comenzar a hacer ese ejercicio de pensar y obrar desde Dios, y no desde nuestro YO, para que "la regeneración" que nos regaló Cristo con su muerte y resurrección permanezca y crezca dando frutos de santidad en el amor y la obediencia a la Verdad.

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