martes, 31 de mayo de 2016

La disponibilidad de María

"En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá..."
Una de las características del ser mariano nos la presenta este Evangelio al hablar de María: "se puso en camino y fue aprisa", es decir la pronta disponibilidad de María. Esta disponibilidad de María se manifestó primeramente en el Sí que le dio al Ángel, y lo concretó en esta pronto respuesta ante la necesidad de un hermano. Al enterarse que su prima, ya anciana, estaba embarazada salió aprisa a su casa para ayudarla. No tuvo necesidad que le dijeran que vaya, no tuvo necesidad de recibir un whatsapp o un email, sino que al enterarse que podría tener necesidad Ella misma salió aprisa a ayudarla.
Cuando el corazón está libre de su propio yo ("he aquí la esclava del Señor, ¡hágase en mí según tu palabra1") siempre se puede ver más allá de las cosas, y estar atento a lo que ocurre fuera de mí. Por eso María pudo estar siempre atenta a las necesidades de los demás, lo cual lo vemos, también, en las Bodas de Caná. Sólo María se dio cuenta que "no tenían vino" y medió ante su Hijo para solucionar esa necesidad.
Así, cuando miremos a María, cuando hablemos con Ella pidámosle esa prontitud, esa disponibilidad, la fortaleza de espíritu para poder dejar de mirarnos tanto a nosotros mismos y comenzar a pensar en los demás, para poder hacer efectivo el amor que nos pide vivir Jesús.
Por que el resultado de esta disponibilidad no sólo está en la ayuda al otro, sino que también redunda en beneficio propio, pues el alma que se entrega al otro, que se vacía de sí misma para darse es colmada del Amor de Dios. Un Amor que se hace más intenso cuanto más intensa es nuestra entrega, por amor, a los demás.
Un Amor que hace que nuestro corazón exulte de gozo por que ha sido llamado y elegido para servir, para amar, para Vivir la vida de Dios. Y así tenemos un corazón que cante junto a María su bella oración:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación".

lunes, 30 de mayo de 2016

Escapar de la corrupción del mundo

Hermoso es el consejo que nos da San Pedro en su carta, pues así como nos pide que conservemos el Don que nos ha sido dado por Dios, nos dice:
"escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, en vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor".
Claro que primero tenemos que reconocer que el mundo nos está corrompiendo de un modo que no nos damos cuenta, por eso nos cuesta tanto aceptar que nuestras costumbres y nuestra fe van perdiendo fuerza en nuestras vidas. Nos vamos acostumbrando a las costumbres y al modo de vivir del mundo que se nos van adhiriendo sus modos, sus formas, sus "religiones" y, poco a poco, queremos modificar la vida que nos pide vivir Jesús.
¿Por qué nos pide Pedro añadir primeramente la Fe a la virtud? Porque les está hablando a personas que han hecho una elección en su vida: han elegido el Camino del cristianismo, es decir un Camino de Fe, un camino de fe concreto pues es el Camino que nos mostró Jesús y al que Él nos invitó a recorrer. Y claro, podemos ser personas muy virtuosas, llenas de dones pero si no aceptamos Su Palabra y sus consejos desde la fe, no podremos recorrer ese camino: seremos muy virtuosos pero no alcanzaremos la santidad.
Y lo mismo para con la última afirmación: "a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor". Como escribe San Juan en su carta: "aquél que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve es un mentiroso", pues no puede haber verdadera piedad cuando no amo a mis hermanos como Jesús nos amó a nosotros, pues ese es el mandamiento central de nuestra vida cristiana. Y fijaos que San Pedro hace una distinción entre cariño fraterno y amor, pues el cariño es un comienzo, pero el amor es lo que nos lleva a dar la vida por los amigos y, como Jesús, por los enemigos.
Como en todos los casos podemos pensar que son difíciles los pasos que nos presenta San Pedro en su carta, pero no son Dones extraños a nosotros, pues son Dones que el Señor nos ha regalado, pero que nosotros tenemos que poner en práctica. Hoy no podemos bajar aplicaciones de internet que hagan lo que nosotros no hacemos, o que nos hagan más fácil la aplicación de estos Dones. Cada uno de estos dones los vamos actualizando con nuestra vida, con el ejercicio diario de la Fe y del Amor, de la Virtud y la Piedad, por medio de la oración, la reflexión de la Palabra y estando bien alimentados con el Pan de la Vida, que nos fortalecen para que "lo que es difícil para lo hombre" lo podamos llevar a cabo porque "no es difícil para Dios".

domingo, 29 de mayo de 2016

La Fiesta del Señor

Hoy celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y no la celebramos porque Jesús necesite que le rindamos culto, sino porque nosotros necesitamos hacer Viva su Presencia entre nosotros, y en, especial, testimoniar con nuestra vida aquello que creemos, aquello que queremos vivir a pesar de nuestros defectos y pecados.
Y ¿qué es lo que queremos vivir? Queremos vivir alimentados de la Eucaristía, porque tenemos "sed del Dios Vivo, del Dios que ha hecho tanto por mí". Queremos vivir alimentados por la Eucaristía porque sabemos que sin Su Vida nuestra vida no tiene fuerzas, nuestro espíritu decae y se debilita por las luchas constantes que sufrimos en nuestro corazón. Queremos vivir alimentados por la Eucaristía porque necesitamos renovar, día tras día, las fuerzas para seguir levantándonos de nuestras caídas, enderezarnos después de nuestros tropiezos, y reconciliarnos después de nuestros errores y pecados.
Queremos vivir alimentados de la Eucaristía porque sabemos lo débiles que somos humanamente para poder alcanzar la santidad que el Padre quiere en nosotros, y que nosotros anhelamos vivir. Queremos vivir alimentados de la Eucaristía porque Él nos mandó a alimentar a nuestros hermanos que tienen hambre de esperanza, de gozo, de alegría, de consuelo, de fraternidad, de paz, de verdad, de justicia y solamente alimentados y fortalecidos podemos dar de comer a tanta gente.
No pienses que porque me he alimentado una vez con el Cuerpo de Cristo ya he alcanzado la meta y no tengo más defectos y pecados. ¡NO! Si busco constantemente al Señor en la Eucaristía y necesito Su Palabra es porque aún me queda mucho Camino para recorrer, y si no lo tuviera a Él entre mis manos y en mi corazón, mi vida aún sería peor, pues no tendría fuerzas para sobreponerme de mis caídas, ni fuerzas para pedir perdón cuando me equivoco o hiero a mis hermanos.
Aún me siento muy enfermo en mi interior y por eso recurro al médico de mi alma para que me siga sanando, porque necesito de ayuda para alcanzar la Salvación de mi vida, y así poder, un día, por Su Misericordia y Su Gracia, compartir con Él su Reino.
Así es, no celebramos el Corpus Christi porque seamos los mejores y los más perfectos, sino porque necesitamos estar con Él, demostrar nuestro amor incondicional por Él, y demostrarnos que no tenemos ni miedos ni vergüenza de que el mundo sepa que, en nuestra debilidad, somos seres necesitados de su Vida y su Amor, y que si Él por amor a nosotros entregó su Vida, nosotros por amor a él entregamos nuestras vidas.
Hoy es el Día del Señor. Pero también cada día es el Día del Señor. Cada día el Señor nos espera desde el silencio del Sagrario para escucharnos, para hablarnos, para fortalecer nuestras vidas. Y, lo más importante, en cada Misa nos espera para darse como Pan Vivo Bajado del Cielo. No dejemos de ir al Banquete Celestial.

sábado, 28 de mayo de 2016

La astucia de Jesús

Al leer el Evangelio de hoy recordé otras palabras de Jesús:
"sed astutos como serpientes y sencillos como palomas", algo que vemos que Jesús mismo pone en práctica frente a las vanas acusaciones de los fariseos, o frente a las "piadosas" preguntas que le hacen los ancianos. Utiliza la astucia no para evadir respuestas sino para salvar la Verdad, pues lo que ellos no quieren es que Él sea la Verdad. Buscan con preguntas o argumentos supuestamente sanos, hacer quedar mal a Jesús o hacer que Jesús "pise el palito de la trampa" y, así, puedan condenarlo por embustero, mentiroso o lo que sea.
A la vez que es astuto en su forma de obrar frente a esta gente, no usa con ellos la violencia o la maldad, sino que se presenta sencillo y humilde, pues la Verdad vence por sí sola, no hace falta ningún tipo de violencia o mala educación para que se haga ver.
Hoy nosotros estamos acostumbrándonos a la violencia verbal, a la violencia psicológica y, por supuesto, a la violencia que brota de las guerras. No es extraño ver en nuestras comunidades, grandes o pequeñas, situaciones de violencia entre los que son parte de una misma comunidad, de una misma familia. Y no porque haya problemas de algún tipo, sino porque no se acepta la verdad, porque no hay respeto hacia el otro. Y vamos generando un actitud de disposición al maltrato que no es propio de los que decimos ser constructores de un Reino de Paz, de un Reino de Amor, de un Reino de Verdad y Justicia.
Sí es cierto que tenemos que defender lo que creemos, tenemos que defender lo que anhelamos y el Camino que hemos aceptado recorrer, pero lo tenemos que defender con nuestra conducta, con nuestras obras, con nuestras palabras que no son las del mundo, sino que son las de Dios. No utilicemos solamente el evangelio de Jesús echando a latigazos a los mercaderes del templo, sino al Jesús que usa de la misericordia, de la astucia para defender la misión que el Padre le ha enviado.
Por todo esto la gente se asombraba de Jesús: porque hablaba con autoridad, como no lo habían visto nunca entre las autoridades judías. Pero eso mismo ponía de los nervios a las autoridades. Cuando vivo en coherencia con lo que creo y mis obras son coherentes con lo que digo, esas acciones le dan autoridad a mi persona. Pero muchos creen que si hablan voceando o gritando, o son prepotentes con sus palabras dicen más verdades que los demás. Y, a veces, nos las creemos.
La Verdad y la autoridad de vida tienen peso por sí solas, no hace falta nada más que ser coherentes con lo que decimos creer. Podríamos usar aquello de Jesús: "Buscad el Reino de Dios y su Justicia, lo demás vendrá por añadidura".

viernes, 27 de mayo de 2016

Sensatos y sobrios para orar

Hoy no se con qué lectura quedarme porque las dos dicen demasiadas cosas, y todas son para nuestro crecimiento espiritual. Aunque creo que entre las dos podemos quedarnos en el tema de la oración, pues Pedro y Jesús nos hablan de nuestra oración y de lo que pedimos y cómo lo pedimos en la oración.
Nos dice San Pedro: "así pues, sed sensatos y sobrios para la oración". Y Jesús nos habla de la (podríamos decir) infalibilidad de la oración: "por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido, y lo obtendréis".
Aunque, para mucho, la oración no es tan infalible, pues ha habido momentos en que hemos hecho mucha oración y no hemos obtenido el resultado que queríamos. Hemos realizado novenas, cadenas de oración y no hemos alcanzado las Gracias que queríamos. Por eso, muchos han dejado de creer en la oración porque no consiguen lo que quieren.
Y ¿la oración es para conseguir lo que queremos aunque lo que queramos sea algo bueno? ¿Qué es lo que tenemos que pedir en la oración? ¿No tiene poder Dios para darme todo lo que le pida en la oración?
Son algunas de las preguntas que escuchamos cuando alguien es "defraudado" por el poder de la oración. Y no son preguntas fáciles de responder, sobre todo cuando aún esta latente el dolor de haber sido defraudados.
Y así podemos volver a las palabras de San Pedro: "sed sensatos y sobrios en la oración". ¿Qué es ser sensatos? Pensar con cabeza, podríamos decir, es decir, pensar bien lo que vamos a pedir, que, aunque lo que pidamos sea lo mejor para mí o para otra persona, no siempre es lo que Dios quiere o permite. Así Jesús, en aquél famoso pasaje del "pedid y recibiréis" termina diciendo: "cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiere".
Pero no siempre pedimos el Espíritu Santo en nuestras oraciones. Y ¿por qué pedir el Espíritu Santo y no lo que queremos? Por que es el Espíritu quien nos ayuda a comprender lo que necesitamos en ese momento. Por ejemplo, San Pedro nos sigue diciendo: "Queridos míos, no os extrañéis del fuego que ha prendido en vosotros y sirve para probaros, como si ocurriera algo extraño. Al contrario, estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante".
Y el sufrimiento no lo queremos en nuestras vidas, sin embargo San Pedro nos pide que nos alegremos de sufrir con Cristo. ¿No será esto algo sensato para pedir? Claro, no pidamos sufrir, sino aprender a aceptar el sufrimiento cuando llegue y poder hacerlo con Cristo. Y esa realidad sólo la podemos llegar a vivir si el Espíritu Santo nos ayuda con todos sus Dones.

jueves, 26 de mayo de 2016

Nuestro verdadero alimento espiritual

Nos pide San Pedro hoy:
"Queridos hermanos: Como el niño recién nacido, ansiad la leche espiritual, no adulterada, para que con ella vayáis progresando en la salvación, ya que «habéis gustado lo bueno que es el Señor».
Hoy en día están de moda los libros de autoayuda que intentan dar al hombre una respuesta frente a las dificultades, dolores, y tantas cosas que lo agobian. Hay algunos que, realmente, están muy bien escritos y fundados en una buena psicología; hay otros que no.
Pero ¿por qué hago referencia a esto? Por que no son pocos los cristianos que, en lugar de leer la Sagrada Escritura o libros espirituales, dedican su tiempo a estos libros para buscar respuesta a los por qué de la vida. Se los podría llamar "beber la leche adulterada" y no "la leche espiritual", de la que habla San Pedro.
Así la vida espiritual cristiana se va diluyendo entre semblantes de "autoayuda" que, en algunos casos, nos invitan a ir en contra de la Voluntad de Dios, haciendo que nuestro espíritu sea cada vez más débil frente a la aceptación de su Voluntad.
No es que no podamos leer estos libros. Pero los cristianos tenemos que tener una fuerte maduración en los misterios de nuestra fe, una profunda aceptación de la Palabra de Dios como palabra de Vida para mi día a día. Y así nos vamos haciendo cada día más "modernos" pero menos cristianos.
Y ¿por qué beber más de la verdadera leche espiritual? Por que es la única manera de madurar en nuestra vocación primera:
"Acercándoos a él, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Vosotros sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa".
Es La Palabra de Dios la que nos habla de las cosas de Dios, la que nos ayuda a comprender Su Voluntad y nos da Su Gracia para fortalecer nuestro espíritu y poder aceptar el Camino que Él nos va indicando. La Palabra de Dios es quien nos lleva de la mano para acercarnos al Hijo que nos espera y nos alimenta con el Pan de la Vida para que nuestra vida sea una vida santa y muestre las maravillas de Dios a nuestros hermanos. La Palabra de Dios y el Pan de Vida son nuestros alimentos cotidianos que nos fortalecen para entregarnos día a día como instrumentos en manos de Dios, para poder ser, día a día, testigos creíbles del Amor de Dios.
Y nosotros, los hijos de Dios, somos los portadores de la Buena Noticia de la Salvación que por la Palabra y el Pan de la Vida, llena nuestra vida y nuestro corazón, para que nuestros labios proclamen el gozo de sabernos hijos de Dios, y ayuden a quienes buscan a encontrar el sentido hacia Dios.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Nunca es tarde para Amarlo

Hoy quiero quedarme con una lectura de las confesiones de San Agustín (del Oficio de Lecturas) que, seguramente, hemos escuchado alguna vez que otra:
"¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti".
Es una hermosa expresión de un corazón que buscó hasta que encontró lo que buscaba. Es la sensación del verdadero encuentro con Dios, con el Amado que cuando lo encuentras te das cuenta que en todo lo que había siempre estaba, pero que, enceguecido por otras cosas no nos dábamos cuenta que Él siempre estaba junto a nosotros, y, más aún, en nosotros.
Y, sí, este encuentro sólo se da en el silencio, cuando hacemos silencio de todo lo que nos rodee y de todo lo que nos pre-ocupa, podemos llegar a encontrarnos con Aquél que está dentro nuestro y nos está queriendo enseñar el Camino para encontrarnos y para encontrarlo.
Una vez que realmente te encuentras con Él no puedes dejar de buscar momentos de soledad, de intimidad, pues sabes que sólo Él llena el corazón con el Verdadero Amor, con la Paz, con el Gozo real de un alma que ha descubierto el sentido de su vivir. Y esa alma ya no puede estar sin su alimento Vivo y Verdadero, que es la Vida de su Amado.
En algunos lugares (como aquí) mañana celebramos el Día del Corpus Christi (el día del Señor), el día del Amado, cuando con Él salimos por las calles de nuestras ciudades a demostrar nuestro Amor, a danos a conocer sin que tengamos miedo pues el Amor todo lo puede. En otros lugares se celebrará el sábado o el Domingo, pero tenemos que recordar que todos los días nuestro Dios y Señor nos espera, en su Sagrario para hablar con nosotros; nos espera en el silencio de nuestro corazón para hacernos gustar su Amor. Y, verdaderamente quiere unirse a nosotros en el Pan de la Vida pues ese fue el Verdadero Signo del Amor Infinito de Dios que se nos entregó en Su Hijo Único, quien por amor se quedó en la Eucaristía. No dejemos que Él no sienta nuestra cercanía, porque necesitamos estar junto a Él para alimentar nuestro amor y darlo como Él nos lo entregó.

martes, 24 de mayo de 2016

Seremos santos

Éste es el llamado que nos hace el Señor, no sólo para algunos, sino para todos los que hemos recibido el Espíritu Santo en nuestro bautismo y, en el momento de tomar conciencia de nosotros mismos, hemos decidido seguirlo como cristianos:
"Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia. Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santo».
San Pedro nos muestra claramente cuál es el camino y cuál es el método para alcanzar el fin que nos presenta el Evangelio: la santidad de vida. Y me gusta cómo nos lo dice: "ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios". Es decir, no dejar que nuestra inteligencia humana o nuestro pensar humano y mundano nos diga otra cosa o nos inspire otro camino, por eso, la sobriedad en el pensar nos ayuda a dejar actuar al Espíritu Santo que iluminará nuestra inteligencia y nos dará las armas justas y necesarias para poder, no entender, sino aceptar el Camino que el Señor nos pide recorrer.
Con la Luz del Espíritu podremos "ver" mejor lo que todo nuestro aspira, porque son los deseos del corazón, y Su Fortaleza, nos ayudará a repasar nuestras aspiraciones humanas para poder descubrir que el Camino del Señor es nuestro mejor Camino. Que, aunque el Camino se nos presente duro y dificultoso, que aunque el mundo nos diga lo contrario a lo que nos inspira el Señor, podamos disponernos a decir: "Hágase Tu Voluntad".
Quizás, como el mismo Pedro en el Evangelio (de hoy) nos pasará que le preguntemos al Señor:
"En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: -«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» Que es como decirle ¿y a nosotros qué nos va a tocar? Porque hasta ese momento ellos pensaban que Él sería Rey, en este mundo. Y así Jesús le responde:
"Jesús dijo: -«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más – casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones – y en la edad futura, vida eterna".
Y no es que nuestras riquezas se multipliquen al 100% sino que, cuando hemos entregado nuestra vida al Señor, como dice San Pablo: su gracia nos basta. En la vida de aquellos que han descubierto el Amor del Señor y han seguido su Camino, como esposos, padres o madres, consagrados o sacerdotes, en suma, como cristianos en camino de santidad, no hay nada más valioso que la cercanía con Jesús, pues la Paz que Él da cuando el corazón del hombre se abre a Su Gracia no hay nada que la pueda reemplazar.
Así, cuando hemos cambiado nuestros planes por la Vida en Dios todo lo hemos recibido y, con las palabras de San Pablo, "todo nos parece un desperdicio comparado con la vida en Cristo".

lunes, 23 de mayo de 2016

Nos miró, nos amó y nos llamó

"Jesús se le quedó mirándolo, lo amó y le dijo: -«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme»
Podríamos hablar o pensar lo más fácil de esta frase de Jesús: lo está llamando a consagrar su vida como sacerdote o religioso, pues la frase que siempre usamos para una pastoral vocacional. Y, es cierto, seguirlo a Jesús de esa manera es lo que nos lleva a pensar.
Pero hoy me quedé mirando otras palabras: "Jesús se le quedó mirándolo, lo amó y le dijo". Nos mira, nos ama, y nos dice... No es un llamado a la ligera, sino que es un llamado sabiendo quién es cada uno, pero no sólo sabe quiénes somos, sino que al mirarnos nos está amando, y sabemos cómo Dios nos ama: con un amor infinito. No nos dice las cosas por sólo rutina o por que se le ocurre, sino ¿qué cosas le decimos a quienes más amamos? ¿Qué cosas le pedimos a quienes amamos? ¿Qué queremos compartir con quién amamos?
Lo mejor que tenemos, lo mejor que hemos vivido, lo mejor... siempre lo mejor es lo que queremos para nuestro ser amado. Y eso es lo que quiere Jesús para nosotros: lo mejor, sólo lo mejor para nuestra vida. Y ¿por qué dejarlo todo y seguirlo es lo mejor para nuestra vida? Porque Él mismo lo experimentó: Él dejó todo por nosotros "siendo Dios se hizo hombre" por nosotros para nuestra salvación; "se anonadó a sí mismo tomando la condición de hombre"; "siendo rico se hizo pobre".
Él ha experimentado en su propia carne el gozo de renunciar a sí mismo para vivir una completa y perfecta obediencia al Padre, por Amor. Así, viviéndolo Él primero nos da muestra no sólo el Camino para vivirlo nosotros, sino que nos da muestras de que se puede vivir lo que Él mismo y el Padre nos piden, porque no lo hacen sin tener en cuenta nuestra realidad, sino que lo hacen porque nos aman.
Por eso es cierto que esta frase es vocacional, pues es un llamado de amor de Jesús a todos los que deseamos seguirlo, o, mejor dicho es un llamado de amor de Jesús para todos lo que hemos sido amados por Él, pues Él quiere compartir con cada uno de nosotros lo mejor que Él ha vivido: su Vocación de Ser Hijo de Dios.
Si descubrimos, primeramente, nuestra vocación a Ser Hijo, podremos así comenzar el Camino de la vocación a la santidad en el estilo de vida que Dios quiere para cada uno de nosotros.
A veces creemos que la vocación a la santidad o el propio estilo de vida que Dios quiere que vivamos no será posible vivirlo yo, pero por eso mismo Jesús le dice a los apóstoles:
"Jesús se les quedó mirando y les dijo: -«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».
Como Hijos de Dios y Hermanos de Cristo no dudemos de su llamado, pues es un llamado de amor, pues antes de llamarnos nos conoce y conociéndonos sabe lo que podemos dar y ofrecer, pero, sobre todo, sabe que Él tiene la Gracia y el Espíritu para entregar a quienes deciden renunciar a todo y comenzar a recorrer el Camino de la Santidad.

domingo, 22 de mayo de 2016

Misterios de nuestra Fe

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora"
Al leer esta frase me vinieron a la memoria tantos escritos, documentos, tratados, libros y más libros que se han ido escribiendo a lo largo de la historia y aún no se han podido descubrir los grandes misterios de la Fe. Muchos doctores en teología, mística, filosofía y tantos más han querido descifrar los misterios de Dios pero no han llegado más que a acumular palabras, muchas veces, inentendibles para los que nos somos doctos en la materia.
Y es que los misterios de nuestra Fe seguirán siendo misterios hasta que no "nos encontremos cara a cara" con el Creador, porque ahí lo veremos tal cual es, dice San Pablo. Aunque siempre tendremos la necesidad de saber más, de aprender un poco más.
Pero no serán los libros y los tratados los que nos ayuden a vivir nuestra Fe, sino que será nuestra relación con el Espíritu Santo y las Divinas Personas lo que nos permita profundizar en nuestra Fe. Porque muchas veces vemos, en nuestra tarea pastoral, que no son los más inteligentes o eruditos los que tienen profundidad en su vida espiritual, sino aquellos que se han dejado conducir por el Espíritu en la contemplación del misterio de la Cruz, los que han sabido hacer silencio frente al Misterio y han podido dejarse iluminar por el Espíritu Santo.
"...cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena".
Igualmente, en este mundo no llegaremos a resolver las grandes oscuridades de los Misterios de nuestra Fe, sino que lo que nos interesa es poder aceptarlos, y encontrar el camino para que esos Misterios iluminen y den sentido a mi vida cristiana, a mi entrega en Fidelidad a la Vida que el Padre me ha dado y que el Hijo ha llevado a la plenitud con su muerte y resurrección, una Vida que es santificada día a día por el Espíritu Santo que me ha sido dado.
Nos encontramos, algunas veces, con quienes por no entender han abandonado la Fe, y otras veces, con quienes por no entender se han sumergido, con mayor valentía, en los Brazos del Padre para ser conducidos por Él "por las cañadas oscuras" que nos presenta la vida.
Por eso, nuestro corazón siempre tiene que estar abierto y en relación con el Espíritu Santo para que Su Luz y sus Dones nos ayuden a vivir un relación personal con el Padre y el Hijo, para que el diálogo constante y diario con Ellos, aumente nuestro Amor y nuestra entrega, y así de Sus Manos podamos alcanzar la meta y no perder nuestra Fe.

sábado, 21 de mayo de 2016

Niñez o providencialismo?

Le dijo Jesús a sus discípulos:
"En verdad os digo que que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él".
Se ha confundido, en algunos momentos, la Infancia Espiritual con el providencialismo. ¿Qué es el providencialismo? Creer que no tengo que hacer nada, todo viene de Dios, y por eso, yo me quedo de brazos cruzados esperando que todo me venga de arriba.
En alguna de mis parroquias (por las que anduve) había una Señora que, en una época, comenzó todos los días a pedirme que rece porque tenía tal dolor. Después de unos días le pregunto: "has ido al médico para que te vea ese dolor". Ella me responde: "no, por eso le pido que rece para que se me cure". Eso es providencialismo. Dios le ha dado a los médico el don de intentar curar, con la Gracia de Dios, pero para eso yo tengo que usar de lo que Dios ha puesto en mi camino para poder alcanzar el fin que Él quiera.
Mons. Castagna, nos decía una vez: "hay que ser muy fuerte para ser niño" (refiriéndose a la Infancia Espiritual) Y esa es la verdad. Porque la Infancia Espiritual nos invita a dejarnos conducir por Dios, a creer de tal manera en Dios que mi día a día a es Ser Fiel a Su Voluntad, porque confío en Él, porque me abandono en Él, pero no para no hacer nada, sino para hacer Su Voluntad.
Y ¿por qué necesito ser fuerte para ser niño? Por que cuando somos adultos tenemos que luchar mucho contra nosotros mismos, contra nuestra forma de ser, contra nuestra forma de actuar, contra nuestro YO que ya cree que lo sabe todo, que lo domina todo, que puede con todo, y, por eso, no necesita de un Padre que le vaya diciendo lo que tiene que hacer o lo que no tiene que hacer.
Cuando somos adultos no queremos que nadie dirija nuestras vidas, porque creemos que solos podemos manejar nuestra libertad. Pero, al haber aceptado el camino de ser cristianos, y descubrir que el Señor nos ha elegido para ser santos, entonces la vida varía, se modifica. Y tenemos que aceptar que nuestra vida cristiana es una vida que busca, en su día a día, la Voluntad del Padre.
Y, volvemos a lo mismo: Jesús nos dijo antes de llamarnos: "quien quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su Cruz de cada día y sígame".
Quizás para nosotros, los adultos, la Cruz de cada día es la de renunciar a nuestros criterios adultos para dejarnos modelar en la confianza y el abandono en brazos del Padre, para poder así, intentar, cada día, hacer Su Voluntad y no la nuestra.
Y yo le agregaría a las palabras de Jesús, una palabras que dijo en la Última Cena y que son el fin de todos sus consejos evangélicos: "os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a la plenitud". Si nos dejamos modelar y con la fuerza del Espíritu nos hacemos niños en las Manos del Padre, nuestra alegría llegará a su plenitud.

viernes, 20 de mayo de 2016

Por nuestra dureza de corazón

"Jesús les dijo: -«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto".
Si bien Jesús responde a una pregunta puntual de los discípulos, creo que la respuesta sirve para mucho más que para esa pregunta, y más en este siglo XXI que transitamos. Como vemos ya hace más de dos mil años que seguimos siendo duros de corazón, y pretendemos que todo sea según nuestra voluntad y según lo que nos conviene. En muchos casos logramos "torcer" las leyes para poder hacer lo que queremos, pero, en este caso, Jesús nos lo ha dejado bien clarito: lo que Dios ha querido desde el principio era otra cosa y, más adelante ya lo dijo: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darle plenitud".
Hoy no sólo en lo religioso pretendemos modificar las leyes divinas, sino que en la vida diaria, en lo civil, también queremos (y algunos más que otros) quitar del medio de nuestras vidas las leyes que no nos gustan, o, para algunos, que no haya leyes que impidan la libertad del hombre.
Claro está que pretendemos vivir sin leyes pero necesitamos que otros las cumplan, porque no queremos que a nosotros nos pase nada o que los que nos la hagan la paguen. También están aquellos que quieren gozar de los privilegios de una sociedad, de un país o de una religión pero no quieren aceptar los preceptos o leyes que hacen que tal o cual sea como es.
A todo esto Santiago en su carta nos exhorta y nos dice:
"que vuestro sí sea un sí y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena".
A lo que en el Apocalipsis el Señor nos dirá:
"que tu sí sea sí y que tu no sea no, se frío o caliente, pues a los tibios los vomitaré de mi boca".
Ya en aquellos tiempos se nos exigía radicalidad en la vida de acuerdo a la elección que habíamos realizado. Hoy, más que nunca, también se nos pide lo mismo pues si has elegido formar parte de este estilo de vida, entonces vive este estilo de vida y no quieras modificarlo, pues ya no sería el estilo de vida que has elegido, pues ni siquiera el Hijo pudo modificarlas Leyes del Padre.
No quieras tú modificar algo que destruiría aquello que has elegido. En todo caso, como el Hijo clama al Padre para que te ayude a aceptar lo que no puedes asumir, implora por la fortaleza del Espíritu Santo para poder vivir aquello que te cuesta comprender o aceptar, pero no intentes modificar a tu antojo lo que Dios nos ha regalado como Vida Nueva.

jueves, 19 de mayo de 2016

Su Sacerdocio, nuestro sacerdocio

Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, así lo quiso el Padre y así Él lo vivió, porque un Sacerdote es el mediador entre Dios y los Hombres, y Jesús lo fue en extremo pues Él fue fiel a la Palabra del Padre, y Él vivió la Palabra del Padre cuando en el Salmo dice:
"Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. Entonces yo digo: «Aquí estoy – como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad». Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas".
El Sacerdote ofrecía en el Templo sacrificios expiatorios por los pecados del pueblo, pero Jesús no sólo ofreció sacrificios, sino que Él se hizo Sacrificio por nuestros pecados, para que alcanzáramos la Vida Eterna, para darnos una Nueva Vida, libre de las ataduras del pecados para vivir en Fidelidad a la Voluntad del Padre.
Y así por su ofrecimiento en el altar de la Cruz no sólo Él se hace sacrificio, sino que nos invita a todos los que hemos sido ungidos como sacerdotes reales, en el agua bautismal, a entregarnos, día a día, como Hostias Vivas en el Altar de Dios, para la conversión, primero de nosotros mismos, y luego de todos los hombres, para que alcancen y alcancemos la Salvación de nuestras almas.
Así, Jesús, como Sumo y Eterno Sacerdote, diariamente se vuelve a ofrecer al Padre en el Altar de la Eucaristía, pues vuelve a entregarse por nosotros y, por las palabras y las manos del sacerdote ministerial, se hace presente en el Pan y el Vino y se nos da como Alimento Vivo y Eterno, para que nuestras vidas alimentadas por Él puedan ser ofrecidas a Dios.
"Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: -«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: -«Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros».
Cada vez que nos sentamos a la Mesa del Altar, nos sentamos junto a Jesús, presente en la persona del sacerdote, que viene a nuestro encuentro en Su Palabra, en la Acción de Gracias, y a darse como Alimento de Vida, para consagrarnos y santificarnos haciéndonos así Hombres Nuevos, instrumentos en las manos del Padre para la transformación y la salvación del mundo; para que, como sacerdotes, seamos mediadores entre Dios y los Hombres, entre los Hombres y Dios.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Busquemos el alimento que da la alegría interior

Recién leía en el Eclesiástico:
"Si a un hombre le concede Dios bienes y riquezas y la capacidad de comer de ellas, de llevarse su porción y disfrutar de sus trabajos, eso sí que es don de Dios. No pensará mucho en los años de su vida si Dios le concede alegría interior".
Y San Jerónimo haciendo referencia a estos pasajes dice:
"El preferible entender estas afirmaciones como referidas al hombre eclesiástico, el cual, instruido en las Escrituras santas, se fatiga para la boca, y el estómago no se llena, porque siempre desea aprender más. Y en esto sí que el sabio aventaja al necio; porque, sintiéndose pobre (aquél pobre que es proclamado dichoso en el Evangelio), trata de comprender aquello que pertenece a la vida, anda por el camino angosto y estrecho que lleva a la vida, es pobre en obras malas y sabe dónde habita Cristo, que es la vida".
Nos fatigamos mucho todos los días conquistando cosas que no llenan el alma y no nos dan la alegría que buscamos, que es la alegría interior. Así, cada día, volvemos a comenzar la búsqueda sin saber que lo que buscamos no está en las cosas que compramos, sino en los valores que conservamos y logramos conseguir en nuestra vida espiritual.
En la relación constante y cotidiana con Dios, Nuestro Señor, descubrimos el Camino hacia la alegría interior, hacia aquello que buscamos sin saberlo pero que siempre lo hemos tenido delante, y dentro de nuestro corazón: la paz y la alegría gozosa que nos da el sabernos hijos, pues esa alegría es la que ilumina todo lo que vivimos haciendo que, aunque haya espinas y tormentas, siempre confiamos en la rosa que florece y en el sol que despunta en un nuevo día.
Las cosas que compramos con dinero siempre desaparecen, de una u otra forma no son las que nos dan una alegría constante y segura, pues al momento de comprarlas y de usarlas ya se desgasta el entusiasmo y otra vez hemos de buscar algo más que nos motive o nos llene de alegría, que sólo es pasajera.
Así dice San Jerónimo:
"Y, después de todo esto, nunca se sacia el alma del que come: ya porque vuelve a desear lo que ha comido (y tanto el sabio como el necio no pueden vivir sin comer), ya porque el alma ningún provecho saca de este alimento corporal, y la comida es igualmente necesaria para el sabio que para el necio".

martes, 17 de mayo de 2016

El difícil camino de la niñez espiritual

Nos dice el apóstol Santiago:
"Queridos hermanos: ¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada; lucháis y os hacéis la guerra y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer a vuestras pasiones".
En nuestro creernos adultos y mayores nos olvidamos que el pecado original reside en nosotros, que no siempre buscaos la voluntad de Dios, sino que el pecado nos hace buscar nuestra propia voluntad. Por que claro, ¿quién me va a decir a mí lo que quiero y lo que puedo hacer si ya tengo edad suficiente para saber lo que quiero? Y es cierto, cada uno, dentro de sus capacidades sabe qué es lo que quiere, pero, aquí viene la diferencia: hemos optado por ser cristianos, hijos de Dios, y eso marca la diferencia en nuestro pensar y obrar.
Por que al aceptar ser cristianos hemos aceptado la vocación a la santidad y, a la santidad llegamos porque el Padre nos conduce y nos lleva, nos sostiene y nos fortalece con su Espíritu, siempre y cuando seamos Fieles a Su Voluntad y no a la nuestra. Es por eso que San Pablo habla siempre de "una lucha entre la carne y el espíritu", entre lo que yo quiero y lo que yo debo, entre lo que tengo ganas y lo que Dios me pide.
Ante esta realidad hoy Jesús nos presenta el camino más difícil para nosotros, los adultos: la infancia espiritual, el reconocernos pequeños ante Dios, para que podamos aceptar con humildad y confianza lo que el Padre nos pide vivir, por que sabemos que lo que Él nos muestra como Camino es el mejor camino para nosotros, es el Camino que nos conduce a la Vida, es el Camino en el cual Él, nuestro Padre, nos lleva "sobre alas de águila" hasta el final del recorrido.
"Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: -«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: -«El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».
Es el deseo de todo hombre nacido (varón y mujer) tener poder, poder sobre mí, poder sobre los demás, poder sobre las cosas; y por eso surgen las enemistades, las discordias, las peleas, las guerras: el apetito de poder. Y frente a ese desorden en el hombre por el pecado original, Jesús nos presenta el punto contrario: si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos.
Y ese es el mejor de los caminos, no creernos grandes simplemente porque cumplimos años, sino hacernos pequeños en brazos del Padre para que Él nos conduzca por el camino de la santidad, y nos de la Gracia de ser Fieles Instrumentos en Sus Manos.

lunes, 16 de mayo de 2016

Ser sabios en lo cotidiano

Con la solemnidad de ayer de Pentecostés finalizamos, litúrgicamente, el Tiempo Pascual, volviendo al Tiempo Ordinario, de la liturgia, es decir al Tiempo en el que comenzamos a vivir lo que hemos celebrado en la Pascual y en sus Fiestas. Aunque, en el transcurso de este Tiempo tengamos también fiestas importantes: Santísima Trinidad, Corpus Christi. Pero la liturgia nos invitará a llevar a la práctica de todos los días (a lo ordinario) la fe pascual.
Para comenzar estos días "ordinarios" el Señor nos invita, por medio de la palabra de Santiago a meditar algo que es importante para nosotros: nuestra sabiduría. ¿Cómo es nuestra sabiduría? ¿Nos creemos sabios? ¿Si nos creemos sabios cuáles son los frutos de nuestra sabiduría?
San Pablo no se gloriaba de ser sabio sino "necio en Cristo", pues su sabiduría es "la sabiduría de la Cruz, escándalo para judíos y necedad para griegos" pero "sabiduría y fortaleza" para los que seguimos a Jesús.
Y el apóstol Santiago nos dice:
"la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz".
En cambio, la sabiduría del mundo:
"Pero si en vuestro corazón tenéis envidia amarga y las rivalidad, no presumáis, mintiendo contra la verdad. Esa no es la sabiduría que baja de lo alto, sino la terrena, animal y diabólica. Pues donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y toda tipo de malas acciones".
Cuando nos creemos más sabios o más inteligentes que los demás, es porque la sabiduría que creemos tener no es la sabiduría de Dios, sino la del mundo, y esa sabiduría nos llena de vanidad y de soberbia, creyendo que somos más que el que está a nuestro lado.
Dejemos que el Espíritu Santo nos ilumine y nos fortalezca para que nuestra sabiduría sea un Don que venga de lo alto, y que, como dice San Pablo nuestra sabiduría venga de la Cruz, y, aunque el mundo nos crea necios, seamos sembradores de paz, pues el verdadero sabio no crea divisiones y guerras, sino que sabe conducir a los hombres por caminos de paz y fraternidad.

domingo, 15 de mayo de 2016

Pentecostés en mi vida

Hoy para mí son dos días que me gustan mucho y no puede ir uno sin el otro.
Hoy hace 23 años que fui ordenado sacerdote, en mi ciudad Arrecifes, por manos de mi Padre Obispo Mons. Domingo Salvador Castagna.
Y hoy celebramos el día de Pentecostés: la Venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles.
Estos dos días para mí siempre van juntos por que no puedo concebir mi sacerdocio sin la asistencia del Espíritu Santo. He tenido la Gracia que el P. Efraín suscitara esta "necesidad" en mi vida: la ayuda constante del Espíritu Santo, para poder ir, cada día, creciendo en Fidelidad a la Vida que el Señor mi había dado.
Sin el Espíritu no hubiera podido hacer (si es que lo he hecho) nada bueno en mi vida sacerdotal, ni siquiera haber podido caminar muchos meses o años por este camino de santidad.
Además fue un día de Pentecostés en el que recibí, junto a otros compañeros, la Admisión Canónica a las Sagradas Órdenes, y en esa Misa Mons. Castagna, también, nos exhortaba sobre el camino que comenzábamos a caminar, y que, sin el Espíritu Santo no podríamos recorrerlo, pues no era un camino más, como cualquier otro, sino que era un Camino elegido por Dios para nosotros, con muchas luces y sombras, cruces y resurrecciones, desiertos y valles verdes, pero que si lo recorríamos con el Espíritu del Señor podríamos alcanzar la meta.
Hasta hoy, a pesar y gracias a todo lo vivido, tengo que decir que volvería a elegir este Camino, pues en él me he encontrado conmigo, y cada día no dejo de asombrarme de las maravillas de Dios, pero, sobre todo, de un milagro especial que cada día tiene conmigo: obedecer a mis palabras y convertir el Pan y el Vino en su Cuerpo y su Sangre, hacerse presente en el Altar y transformar mi vida y la vida de aquellos que se acercan a recibirlo. Por que no hay, creo (por lo menos para mí) ningún otro momento que sea tan especial en la vida sacerdotal que el momento de la consagración eucarística, hacer presente a Jesús Vivo en el altar y poder entregarlo a los demás para su salvación, es el más maravilloso de los momentos.
Y todo esto y mucho más gracias al Espíritu Santo que sigue soplando en nuestras vidas a pesar de lo que somos, pues en nuestras vidas en pecado Él sigue sosteniendo la Obra de Dios, y aunque no seamos Fieles, Él sigue siendo Fiel a la Obra comenzada por Dios.
Hoy sí es un día de Acción de Gracias a Dios por haberme elegido, a pesar de mí, y regalarme este inmenso Don del Sacerdocio, y, en fidelidad a Su Promesa, seguir enviando su Espíritu para que Él pueda (a pesar de mis debilidades) actuar en mi vida para los demás.
Por eso, no dejéis de abrir vuestros corazones al Espíritu Santo porque es quien nos sostiene, fortalece y vivifica, es la Promesa del Hijo que se hace realidad cada vez que decimos: ¡Ven Espíritu Santo y llena nuestra vida con tu Luz!

sábado, 14 de mayo de 2016

El camino de la perfecta alegría

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado".
Se podría decir que siempre volvemos al mismo punto: al Amor de Dios y a guardar los mandamientos, una relación indisoluble (tendría que ser) en la vida de un cristiano: "si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor". No ha otra alternativa. Y no son sólo los 10 Mandamientos, sino también el Nuevo Mandamiento: "este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado", que es el que sintetiza los 10 anteriores.
Esto fue dicho hace 2000 años, pero no por eso ha cambiado de valor, ni ha cambiado de dirección, pues la Palabra de Dios (para los que creen) es viva y eterna, y, como dijo el mismo Jesús: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle plenitud", y la plenitud es la Ley del Amor como Él lo vivió.
Claro que cuando hablamos de leyes o de cumplir las leyes, creemos que ya nos han dejado sin libertad, más en estos tiempos en dónde la libertad es lo primero que tiene sentido, aunque nos esclavicemos a un millón de otras cosas, pero... es el pensamiento que hoy tenemos. Por eso Jesús quiso que viéramos todo desde el Amor, porque es el Amor el motor supremo que nos mueve al encuentro con el Padre y el Hijo, quienes nos dan al Espíritu para que nos anime a vivir "guardando sus mandamientos", para, como dice Jesús: "que nuestra alegría llegue a plenitud".
No quiere Dios Padre, ni el Hijo, ninguna otra cosa para nosotros que la plenitud de nuestra alegría y, por ende, de nuestra vida. Y así nos muestra el mejor Camino para alcanzarlo, "Yo soy el Camino", Él se hizo Camino por nosotros para que viéramos en Su Vida que la el amor y la obediencia no quitan la libertad, sino que la plenifican y que la muerte no quita vida, sino que la da en abundancia. Por eso El Camino se hace Vida, Vida Nueva Resucitada que trae la alegría plena y perfecta al Hombre que sabe reconocerla y aceptarla.
Jesús nos eligió no para quitarnos vida, no para quitarnos libertad, sino para darnos una Vida Nueva vivida en la plenitud de la libertad de los hijos de Dios, pues aceptando la elección y el llamado aceptamos recorrer el Camino que nos conduce a la Vida Nueva de los Hijos de Dios.