miércoles, 28 de octubre de 2015

Somos Familia de Dios

Le dice San Pablo a los Efesios:
"Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios".
Y yo pensaba que más de uno lo tendríamos que recordar, porque pareciera que no todos se acuerdan que, desde el bautismo, todos somos Familia de Dios, Iglesia. A pesar de los cambios y de lo que se predica cada día hay muchos que hablan de la Iglesia como si no fueran parte de ella.
Sí es cierto que cuando pensamos en Iglesia pensamos en el Papa, los Obispos y los curas, pero, en realidad todos somos parte de la misma Familia. Como cuando pensamos en nuestra familia, a nuestra familia no la edifican sólo nuestros padres, los hijos somos parte y vivimos en ella.
Pero además de la responsabilidad de ser parte de una Familia, también tenemos que contemplar el gozo de pertenecer a Ella, porque cuando sólo pensamos en lo que nos nos gusta de nuestra familia es cuando hacemos el intento de no llegar nunca a casa, pero cuando nos sentimos partes, nos sentimos a gusto, hacemos todo lo posible por llegar a ella. Y hacer que la Familia sea una Familia alegre, acogedora, vital es responsabilidad de todos, que, quizás cueste más porque algunos de los miembros tiene un carácter insoportable, porque el otro no se que, pero pasa en todas las mejores familias, y quizás los otros estén esperando que yo de el primer paso para hacer algo hermoso por los demás.
Y mirad que para Jesús no fue fácil elegir a los apóstoles de entre los discípulos, sino que dice el evangelio que pasó toda la noche en oración. ¿Por qué? Por que no sólo era elegir a algunos de entre un montón, sino que al elegirlos tenía que darles, también, su espíritu porque ellos serán Él cuando Él no estuviera.
Nosotros, cada uno de nosotros, también somos esos apóstoles, cada uno desde su propio estado y misión, pero todos manifestamos a Cristo al mundo, llevamos la Buena Noticia de la Salvación a todos hombres, somos los constructores de un Nuevo Edificio que está fundado en la Piedra que es Cristo, y por eso no debemos temer las tormentas del mundo, sino que debemos temer a nuestra infidelidad.
Es Jesús quien nos llama a ser protagonistas de la Familia de Dios, en la que todos pueden venir a cobijarse, como las aves del Cielo, y donde todos pueden sentirse acompañados y amparados para encontrar el Camino que los conduzca hacia la Salvación, porque al acompañarte a tí me estoy ayudando a mí a alcanzar lo que espero.

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