¿Os habéis fijado que las tres oraciones más importantes son las más fáciles? El Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria, son cortas y fáciles para recordar, pero cuando las unimos al Santo Rosario, se nos hacen las oraciones más pesadas y aburridas que nos quitan las ganas de rezar, salvo que sea por una exigencia.
Lo pensaba esto porque hoy es el día de Nuestra Señora del Rosario, y pensaba ¿por qué a Nuestra Madre se le ocurrió la oración del Rosario como la oración más poderosa que tenemos los cristianos si es un rezo simple y aburrido?
Y en esto se me venía a la mente aquél pasaje del egipcio aquél que va a ver al Profeta porque le habían dicho que curaba y quería ser curado de la lepra, y como el Profeta le dijo que se bañara 7 veces en el río él se enfadó porque también en su país había un río. Y la sirvienta judía que tenía le dijo: ¿y si te hubiera pedido algo más difícil no lo habrías realizado? ¿Entonces por qué no haces esto que es más fácil? Y lo hizo y quedó curado, y alabó al Dios del Profeta.
Lo mismo nos pasa a nosotros.
Claro que lo que uno muchas veces ve es que el Rosario no es una oración que disfrutamos rezando, sino que nos la queremos quitar de encima y cumplir con el rezo y por eso vamos casi corriendo con los Ave María y Padre Nuestros. No tenemos claro que la oración es un diálogo, aunque sea la repetición de palabras que las sabemos de memoria, pero lo que dicen las palabras es lo que hace que una oración tenga fuerza, y sobre todo si digo las palabras con amor y sentido de diálogo y petición. Pero si las oraciones las repito como si las repitieran los loros en una jaula, no tiene sentido de oración.
María, cuando nos ha dado el Santo Rosario como oración constante, creo (por que no me lo ha dicho en ningún momento, y espero que no me hable) es para poder hacer que nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón se relajen, descansen en un diálogo sencillo pero lleno de sentido, contenido y amor, en donde Ella, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se unen para escuchar nuestro corazón.
Porque en el Santo Rosario meditamos la Vida de Jesús, todo lo que Él vivió e hizo por nosotros, y en todo esos años cómo lo acompañó Su Madre y Nuestra Madre. Grandes y Hermosos misterios de Amor. Pero también dialogamos con el Padre como nos lo enseñó el Hijo, y hablamos con la Madre con palabras que fueron dichas María por el Ángel y por Isabel, y con las peticiones que nosotros mismos elevamos al Cielo. Y glorificamos a toda la Trinidad para recordar que somos parte de esa Familia Divina que busca constantemente acompañarme y hacer que me sienta parte de Sus Vida.
Sí, el Rosario es una oración aburrida y cansadora si lo que hago es sólo repetir palabras sueltas y voy corriendo detrás de cada una, pero si a cada palabra le doy el sentido de pertenencia, y la lleno del amor del hijo que necesita a Su Familia, de oración cansadora pasará ser un diálogo de Amor familiar.
María, Nuestra Madre, tuvo en cuenta, también, nuestra pequeñez y por eso nos ha pedido algo fácil para hacer todos los días, pero que nos une intensamente a Su Corazón, a Su Hijo, al Padre y nos santifica con el Espíritu Santo. No hagamos del Rosario una carrera para ver quien termina más rápido, sino que hagamos de él un diálogo de Amor con nuestra Familia Celestial.
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