"No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo.
Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la e de Abrahán, que es padre de todos nosotros.
Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: “Así será tu descendencia”.
"Todo depende de la fe, todo es gracia", una hermosa frase que nos hace mirar toda nuestra vida con otros ojos, desde otra perspectiva, porque no siempre estamos a esa altura de la vida. No porque no seamos intelectuales de la fe, sino por que no hemos madurado suficientemente nuestra fe. Pero ¿cómo madurar la fe? La fe se madura con el uso mismo de la fe, cuando día a día nos esforzamos por creer, por vivir lo que creemos, por adecuar nuestra vida a la voluntad de Dios, aunque nos cueste entender o ver.
Cuando cada día damos Gracias al Padre por le don de la Fe, y cuando le pedimos perdón por no ser Fieles a la Vida que nos regaló. Cuando cada día descubrimos su Mano en los acontecimientos diarios, y cuando hacemos el esfuerzo de amar a nuestros hermanos como Él nos amó. En todos esos momentos que elevamos nuestra mirada hacia el Cielo para reconocer el Señorío del Señor y respondemos como María ¡aquí estoy para hacer Tu Voluntad! En Ese momento la Gracia llega a mi corazón y hace posible una respuesta de fe, una respuesta que me lleva a madurar cada día más mi entrega, mi fidelidad, mi constancia y, por eso, mi fe.
Así, al ir "usando" cada día mi fe, mi fe va madurando, porque la fe madura en la medida en que se usa, no en la medida en que se guarda, por que nuestras obras hablan de nuestra fe, y nuestras obras maduran nuestra fe. Por que para poder vivir nuestra fe, el Espíritu Santo sopla sobre nosotros sus Dones que llenan nuestro corazón con todo su esplendor y nos permiten en cada momento responder como Dios quiere, porque nos ayudan en cada momento a "tener" lo que necesitamos para esperar contra toda esperanza, y para vivir Su Voluntad.
Por eso, como nos dice Jesús: "cuando blasfemamos contra el Espíritu Santo, ese pecado no se puede perdonar", porque al romper la relación de amor con el Amor, ¿quién puede inflamar nuestro corazón con más Amor? Si para pedir perdón necesito la ayuda del Espíritu del Amor... No podemos vivir sin el Espíritu que nos da Vida, no podemos vivir sin el Espíritu de Amor, porque nuestra Vida es Vida en el Amor, por que la fe es el Amor que se hace vida en cada acto de cada día.
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