Me llama la atención y me gustan dos frases que parecen sin fuerza en el evangelio, pero que son las que más han de forjar nuestra vida como cristianos.
Primero Jesús le dice a los fariseos que Moisés tuvo que modificar la Ley de Dios por la terquedad de ellos, pero que al principio no era así lo que Dios quería. Y la misma situación se está donde hoy en día, queremos que la Palabra de Dios se modifique de acuerdo a nuestras circunstancias o gustos, y no nos damos cuenta que Jesús ya lo dijo: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darles cumplimiento".
¿Por qué Jesús insiste tanto en no modificar la Ley de Dios? Por que conoce al Padre, y por eso sabe que el Padre conoce mejor que nadie a quienes Él ha creado, porque no nos ha dado la Ley porque sea un viejo cascarrabias y quiere que suframos bajo el influjo de su autoridad, sino que entiende que necesitamos límites para alcanzar la plenitud que anhelamos, que siguiendo ese Camino alcanzamos la Vida.
Por eso Amor es que le pidió a Su Único Hijo que recorriera, antes que nosotros, ese mismo Camino haciéndose Él mismo Camino, para que comprendamos cuál es la Vida que el Padre quiere para nosotros.
Y ¿cuál es la segunda cosa que me parece importante? El final del Evangelio al hablar con los discípulos, haciendo un poco de referencia a esta situación que ha vivido con los fariseos, hombre cultos y conocedores de la Ley y de la historia:
"Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y ahí está el núcleo de nuestra vida: es difícil comprender intelectualmente el por qué Dios nos pide tal o cual cosa, pero sabemos que como Padre Él quiere lo mejor para nosotros. Muchas veces, en estos tiempos que vivimos, vemos como los padres intentan dar razones intelectuales a sus pequeños hijos para que acepten tal o cual cosa, pero los pequeños no entienden los razonamientos de los grandes, y menos si solamente lo que buscan es hacer o no hacer lo que tienen ganas.
A nosotros nos pasa lo mismo, pero al revés, nos creemos, como los fariseos, muy inteligentes y seguros de nosotros mismos, por eso nos permitimos cuestionar las leyes más elementales como el derecho natural o la Ley de Dios. Y a la vez vemos cómo nos vamos destruyendo a nosotros mismos por hacer siempre lo que nos da la gana y no poner límites a nuestras vidas.
Por eso el aceptar como niños la Palabra de Dios no es vivir sin libertad, sino llevar a plenitud la libertad que Dios me concedió, porque cuando más perfecciono mi ser hijo de Dios, más libre soy. Sino mirémosla a María, Ella fue la Esclava del Señor y la llamamos Bienaventurada por generaciones por que dejó que el Señor hiciera con Ella grandes cosas.
No seamos testarudos, confiemos más en nuestro Padre Celestial y aceptemos el Camino que nos conduce a la Vida.
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