lunes, 5 de octubre de 2015

Ser agradecidos, un valor perdido

En la lectura del Deuteronomio podemos leer esto:
"No sea que, cuando comas hasta hartarte, cuando te edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro, y abundes de todo, te vuelvas engreído y te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto..."
Si, en tiempos de crisis y dolores nos acordamos de Dios, unas veces muy mal por que lo culpamos de todo lo que nos ocurre, por que, claro, las desgracias siempre las provoca Dios y por eso, cuando estamos en situaciones muy malas elevamos nuestros insultos al cielo, porque de ahí es que vienen.
También es cierto que para otros el clamor es una súplica a Dios para que nos libre de lo que estamos sufriendo o por lo que estamos pasando. Y ahí nuestro clamor se vuelve oración, porque no sabemos qué rumbo tomar en tanta oscuridad, y cuando el agua nos llega al cuello suplicamos y nos acordamos de Dios.
Pero, también es cierto, como dice el Deuteronomio, que cuando volvemos a la normalidad y podemos dejar de penar y sufrir, ya no nos acordamos de Quién ha puesto Su Mano sobre nosotros para fortalecernos en la lucha, para acompañarnos en la oscuridad, y, en lugar de dar Gracias por lo recibido decimos:
"Por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas. "
Acuérdate del Señor, tu Dios: que es él quien te da la fuerza para crearte estas riquezas, y así mantiene la promesa que hizo a tus padres, como lo hace hoy.»
Es cierto sí, que esto no nos pasa sólo con Dios, sino que primero nos pasa con los que tenemos a nuestro lado, con la familia, con los amigos, con "los que necesitamos", y luego nos olvidamos de que los tuvimos a nuestro lado. ¿De qué habla esto? De que no siempre somos agradecidos con lo que tenemos, con lo que hemos alcanzado, con lo que se nos da día a día. Y ser agradecidos es una virtud que debemos volver a conquistar. Sí, volver a conquistar porque se va perdiendo con el tiempo, la palabra Gracias es poco utilizada en estos tiempos, porque vivimos en los tiempos en lo que todo son derechos para nosotros, y los demás tienen la obligación de hacer lo que yo digo. Y no somos el centro de la tierra, y la tierra no gira alrededor nuestro, sino que somos parte de una comunidad, de un todo, en el que recibimos más de lo que damos, pero no lo valoramos, no sabemos darle a cada cosa el valor que tiene, y siempre estamos "necesitando" más y más.
Así creemos que lo que Jesús nos dice en el Evangelio de hoy, sería como la frase ideal para este tiempo, pero vemos que tampoco se realiza como lo deseamos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre".
No se realiza como deseamos, porque como dice San Pablo: "no sabemos pedir lo que nos conviene, por eso pedimos y no recibimos". Y es ahí donde tenemos que volver la mirada ¿qué es lo que estamos "necesitando" que no recibimos, pero es que realmente lo necesitamos? Hoy en día hay necesidades que no son tales, y lo que realmente necesitamos no nos damos cuenta que no lo pedimos, por eso es hora de abrir los ojos a una nueva realidad, a una nueva forma de mirar nuestras vidas y descubrir que los Valores que daban brillo a la vida del hombre son los que ahora debemos pedir para poder recobrar la belleza original, y uno de esos valores es la gratitud, ser agradecidos con los de la tierra y con los del Cielo.

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