Por eso es la alabanza de Jesús al Padre sobre a quién le es revelado el misterio de la fe:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla".
Se podría decir que los sencillos nos conformamos con poco? No, no es por eso, sino porque los sencillos de corazón no buscan grandes elucubraciones o grandes discursos con palabras difíciles (que sólo entienden los grandes doctores) sino que deseamos pequeños gestos y palabras que nos lleguen al corazón y no a la cabeza.
Cuando el corazón está necesitado de respuestas, las respuestas llegan rápidamente y de forma muy sencilla. Cuando las respuestas que buscamos son solamente intelectuales nunca llegan a satisfacer nuestros deseos de palabras, y por eso no descubrimos nunca el valor del misterio, el valor de las pequeñas cosas que nos hablan de Dios.
Así, los apóstoles se quedan asombrados de los milagros que podían hacer, y sin embargo no se asombraban de que ellos lo hacían sino que lo hacían en el nombre de Jesús:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
La sencillez del corazón no permite la soberbia de decir "yo lo hice", sino "tú lo hiciste por mí". El humilde puede llegar a reconocer la grandeza del poder del Señor que actuó por medio de su persona, pero el soberbio siempre es él quién actúa y no descubre el valor del instrumento, el valor del estar disponible para el Señor. Y sirve para ello la aclaración que Jesús les hace:
"Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.» Por que nada hacemos por nosotros, sino por Él que nos llamó y nos envió, todo es Por Él, Para Él y Con Él, y no es que Él necesite de nuestra alabanza y de nuestra acción de Gracias, sino que nosotros necesitamos descubrir que nuestra vida Sin Él queda vacía, yerta, porque si sólo confiamos en el poder que nosotros tenemos vamos muertos, porque sin Él sabemos que nada somos y nada podemos.
Es así que cada día al ponernos en Sus Manos pedimos la Gracia de la fortaleza para que cada día podamos crecer como niños frente a Dios y sin perder la sencillez del corazón, agradecer cada gesto de amor y fidelidad del Padre hacia nosotros, sus pequeños hijos.
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