Siempre habrá cosas, gestos, manera de ser o pensar que no nos agrade de algunas personas, o de muchas, pero eso no nos da el derecho para quitarles el derecho de la buena fama que tienen. Podemos llegar a mal juzgar a alguien si nos dejamos llevar por lo que dicen de tal o de cual, simplemente por que no me gusta cómo actúa, o porque creo que actúa mal.
Así le pasaba a la gente del tiempo de Jesús, como no le gustaba lo que decía sobre la vida religiosa de los judíos, entonces tenían que quitarle la fama que tenía, y no eligieron mejor argumento que decir que "actuaba con el poder de Belzebú (el Demonio)". Pero sabemos que Jesús no se queda callado nunca, y por eso fue su respuesta tan rotunda, porque también los rabinos o algunos de entre el pueblo expulsaba demonios.
Y ahí nos enfrenta Jesús contra dos grandes situaciones:
la primera me parece que es muy interesante para analizar y es que habla de las divisiones que se producen en las comunidades (grandes o pequeñas, civiles o religiosas, familiares o de amigos) por el simple hecho de que hablamos de más, decimos cosas de los demás que no son ciertas, levantamos un comentario por la simple razón de que alguien lo dijo y entonces lo damos por verdadero. Y así hacemos daño a alguien y comienza un proceso de división entre la comunidad, dañamos el amor fraterno porque nos hacemos los valientes al decir tal o cual cosa sin saber de dónde viene o si es cierta.
Esto nos lleva a pensar que, aunque creamos que nosotros no hicimos nada pues claro que lo hicimos: continuamos o iniciamos el reguero de pólvora hasta que explotó todo, no encendimos la echa, pero comenzamos el desastre.
Y lo segundo es esa frase tan fuerte que nos dice el Señor:
"El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama".
¿Por qué tan categórico? Por lo que también Él nos dice de sí mismo: Yo Soy La Verdad. Si Él es la Verdad y yo no vivo en la Verdad pues estoy en contra de Él, si me dejo llevar simplemente por comentarios y no por la Verdad, soy sembrador de mentiras, pues lo que no es la verdad es una mentira, y las mentiras dañan, quizás no en ese momento, pero van extendiendo sus raíces y finalmente ahogan el amor. Y Dios es Amor, y si yo voy sembrando mentiras, voy atentando contra el Amor, estoy en contra de Dios.
Sí, no es fácil vivir en Cristo, ser de Cristo, y estar en Cristo, pero Él es el Camino que nos conduce al Padre, y en ese Camino vamos construyendo algo nuevo y más sólido. Las grandes construcciones que llevan siglos en pie, son las que más han costado realizar; las otras que se levantan en dos días, son las más fáciles de derribar. Nuestra vida cristiana tiene que ser un edificio sólido, y por eso nos cuesta ir edificándolo, pero el esfuerzo será acompañado por la Gracia, y en los momentos de dudas, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine y nos encienda con el fuego de Su Amor, para ser Fieles a la Vida en la Verdad, la Justicia y la Paz.
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