martes, 27 de octubre de 2015

La creación espera nuestra conversión

"Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.
Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo".
¿Por qué la creación quedó sujeta a la corrupción con el pecado del hombre? Por que, como dice el génesis, el hombre era el culmen de la creación, en él todo se concentra y es él a quien dios ha puesto al frente de la creación para plenificarla. Cuando el hombre cae, cae todo con él; cuando el hombre se redime todo se redime con él.
San Pablo, ya tenía en cuenta toda esta relación hombre-creación y por eso exhortaba a los romanos a volver al Camino de la redención, para que todo vuelva a su cauce normal, a su camino de perfección.
Hoy en día claro que somos conscientes que la creación entera se está destruyendo, incluso la última encíclica del Papa habla de la creación y de cómo debemos cuidarla. Pero el mejor camino de cuidar la creación es que nos demos cuenta que, primero somos nosotros quienes tienen que encontrar el Camino para salvarnos, porque, como decía Hobbes, recordando a Plauto: "el hombre es un lobo para el hombre", porque vive egoístamente y sólo pienso en sí mismo, aunque, alguna vez tenga un chispazo de "amor por la naturaleza".
Así asegura Pablo a los romanos: "Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios", hasta que no encontremos el Camino de dejar de "devorarnos" unos a otras, y de vivir aquello que ya en el Principio Dios nos pidió, la creación no volverá a su belleza original.
Nuestro esfuerzo cotidiano estará en descubrir qué cambios debo realizar en mi vida, cómo encontrar el camino de conversión que me lleve a alcanzar mi redención, para que el mundo crea que Dios nos ha salvado y que el único camino de salvación es volver la mirada a Dios, volver al origen de nuestra vida que está en Dios. Volver a descubrir que sólo viviendo "en la tierra como en el Cielo" podremos hacer de la creación un paraíso, pero si seguimos acentuando las diferencias, el pecado, el egoísmo y nos seguimos devorando unos a otros, no podremos ver la plena manifestación de los hijos de Dios, y la creación entera llegará a su pronto final.

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