Tiempo de Adviento. Tiempo de Espera, de Esperanza.
Tiempo de madurar nuestra entrega, como María, que no sólo esperó sino que se entregó para que la Promesa se hiciera realidad.
Vivimos en un tiempo en donde todo parece corrompido por la maldad, el egoísmo, el pecado, los delitos; un tiempo donde mires para el lado que mires sólo puedes ver y escuchar que todo está perdido, que todo está podrido, que ya no hay en quien confiar.
Pero hoy Dios nos dice "¡Velad!". Velar no sólo porque el tiempo final está cerca, sino porque también nosotros, como María hemos sido llamados a ser portadores de Esperanza, portadores de Vida Nueva, portadores de una Buena Noticia.
La Esperanza de la Navidad es esperanza cierta de que Dios ha cumplido su Promesa y que llegada "la plenitud de los tiempos" Él nos envió un Salvador, nacido, por obra y gracia del Espíritu Santo de mujer. De una mujer que, como nosotros, también esperaba, esperaba que se hiciera realidad la promesa del Salvador. Y en esa espera Ella tomó partido, se hizo la Esclava del Señor para que la Promesa comenzara a hacerse realidad.
A nosotros, los que hoy esperamos un cambio en nuestra sociedad se nos pide una respuesta. Una respuesta como la de María para que la Palabra se haga vida en nosotros, y esa Palabra y esa Vida transformen mi vida, y mi vida sea el inicio de un cambio en el lugar donde vivo.
Por eso: ¿qué es lo que espero? ¿Qué espero que cambie? Estoy dispuesto a ser parte del cambio o simplemente me contento con criticar y no me juego con cambiar?
María, como todo el Pueblo de Israel, esperaba la llegada del Mesías. María, como todo el Pueblo de Dios anhelaba la salvación y por eso Ella misma abre su corazón a la Palabra, para que la Palabra tomara su carne y se hiciera Hombre, para que como Hombre nos indicara el Camino en la Verdad para encontrar una nueva Vida.
Nosotros, hijos de María, hemos sido llamados y elegidos para ser constructores de un Hombre Nuevo, para que Fieles a la Vida que María nos entregó en Belén, llevemos a todos los hombres la esperanza de que es posible un cambio en nuestra sociedad, de que es posible que encontremos nuevos rumbos que den frutos de Paz, de Justicia, de Verdad porque en nosotros la Palabra se hizo vida y nos transformó.
Ha sido la Palabra quien nos ha dado un sentido a nuestra vida y ya no sólo nos conformamos con señalar el pecado, ya no sólo nos dejamos agobiar por el pecado, la corrupción, la injusticia, sino que entregamos nuestra vida para que nazca en mí un Hombre Nuevo que sea sembrador de armonía, de paz, de justicia, de fraternidad, de solidaridad, de alegría, de gozo, porque como María soy portador de la Vida Nueva que espero, que esperamos, y que ha nacido en mi corazón.
domingo, 30 de noviembre de 2014
sábado, 29 de noviembre de 2014
No embotes tu corazón y mente
El Evangelio de hoy es muy cortito pero nos dice las cosas muy claras:
-«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneos en pie ante el Hijo del hombre.»
Claro que al ser el último sábado del tiempo ordinario nos presenta ya como inminente la llegada del Señor, el tiempo final. Pero, a pesar de ser tan apocalíptico nos sirve para cada día, porque cada día es el día final, pues no habrá otro día como este día, y no podré volver atrás el calendario para que este día vuelva a suceder, por lo tanto, al comenzar este día tengo que pensar que no tendré otra oportunidad para vivir este día.
Por eso el estar atento y vigilante, no dejarnos agobiar, ni embotar nuestra mente y corazón, es algo para tener muy en cuenta, dado que hoy por hoy, cualquier cosa que no esté dentro de nuestro programa o gustos, nos embota o agobia enseguida. O, en otras casos, también está muy a la moda embotarnos con la bebida. Es algo muy corriente, sobre todo en adolescentes y jóvenes, el dedicarse a la bebida, quizás como un juego, como un querer ser mayores, pero van perdiéndose lo mejor de la diversión, lo mejor de la vida.
Pero también hay otras cosas que no nos dejan pensar con claridad, pues hoy nos embotamos con mucho trabajo, con muchas actividades. Ocupamos tanto nuestra cabeza y nuestro corazón que no somos capaces de pensar, de razonar, vamos como una máquina haciendo cosas y más cosas, para que el día pase pronto y no me doy cuenta de lo que está pasando a mi alrededor.
¿Por qué? Puede haber varias causas. Una es que por estar tan preocupados por el tener, por el acumular para el futuro, por el tener una casa bien limpia y brillosa, por pensar que si no hago nada soy un vago/a... me lleno la vida de actividad, de trabajo, de fregar aquí y allá... Sin pensar que sólo tengo un día para ser Feliz, para disfrutar de los que tengo a mi lado, para buscar la Voluntad de Dios.
Y todo ello me lleva, muchas veces a sentir vacía mi vida, a descubrir que nada de lo que hago tiene sentido, porque lo hago ya por rutina, y ahora no me puedo escapar de esta rutina, porque sin ella parece que no soy nadie.
Por eso ¡para! Tómate un respiro, levanta la mira y pide la Luz para ver que tu vida tiene mucho sentido, que en tu vida hay muchas cosas, valores, personas; que tienes que buscar el sentido en La Palabra y pedir la fuerza del Espíritu para que tu vida no sea una rutina desenfrenada sin sentido, sino que todo lo que hagas sea para tu perfección en santidad, para realizar tu vida y disfrutar de lo que hagas.
Por eso no embotes tu corazón y tu mente, deja que el aire nuevo del Espíritu te despejen y puedas ver con claridad qué es lo que El Padre te está pidiendo para que puedas alcanzar la plenitud y la felicidad del día a día.
-«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneos en pie ante el Hijo del hombre.»
Claro que al ser el último sábado del tiempo ordinario nos presenta ya como inminente la llegada del Señor, el tiempo final. Pero, a pesar de ser tan apocalíptico nos sirve para cada día, porque cada día es el día final, pues no habrá otro día como este día, y no podré volver atrás el calendario para que este día vuelva a suceder, por lo tanto, al comenzar este día tengo que pensar que no tendré otra oportunidad para vivir este día.
Por eso el estar atento y vigilante, no dejarnos agobiar, ni embotar nuestra mente y corazón, es algo para tener muy en cuenta, dado que hoy por hoy, cualquier cosa que no esté dentro de nuestro programa o gustos, nos embota o agobia enseguida. O, en otras casos, también está muy a la moda embotarnos con la bebida. Es algo muy corriente, sobre todo en adolescentes y jóvenes, el dedicarse a la bebida, quizás como un juego, como un querer ser mayores, pero van perdiéndose lo mejor de la diversión, lo mejor de la vida.
Pero también hay otras cosas que no nos dejan pensar con claridad, pues hoy nos embotamos con mucho trabajo, con muchas actividades. Ocupamos tanto nuestra cabeza y nuestro corazón que no somos capaces de pensar, de razonar, vamos como una máquina haciendo cosas y más cosas, para que el día pase pronto y no me doy cuenta de lo que está pasando a mi alrededor.
¿Por qué? Puede haber varias causas. Una es que por estar tan preocupados por el tener, por el acumular para el futuro, por el tener una casa bien limpia y brillosa, por pensar que si no hago nada soy un vago/a... me lleno la vida de actividad, de trabajo, de fregar aquí y allá... Sin pensar que sólo tengo un día para ser Feliz, para disfrutar de los que tengo a mi lado, para buscar la Voluntad de Dios.
Y todo ello me lleva, muchas veces a sentir vacía mi vida, a descubrir que nada de lo que hago tiene sentido, porque lo hago ya por rutina, y ahora no me puedo escapar de esta rutina, porque sin ella parece que no soy nadie.
Por eso ¡para! Tómate un respiro, levanta la mira y pide la Luz para ver que tu vida tiene mucho sentido, que en tu vida hay muchas cosas, valores, personas; que tienes que buscar el sentido en La Palabra y pedir la fuerza del Espíritu para que tu vida no sea una rutina desenfrenada sin sentido, sino que todo lo que hagas sea para tu perfección en santidad, para realizar tu vida y disfrutar de lo que hagas.
Por eso no embotes tu corazón y tu mente, deja que el aire nuevo del Espíritu te despejen y puedas ver con claridad qué es lo que El Padre te está pidiendo para que puedas alcanzar la plenitud y la felicidad del día a día.
viernes, 28 de noviembre de 2014
No somos del mundo
Por haberte perdido, por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.
En la segunda carta de San Pedro hay algo que parece que está escrito para estos tiempos:
"Esta es ya, queridos hermanos, la segunda que os escribo. En las dos os refresco la memoria, para que vuestra mente sincera recuerde los dichos de los santos profetas de antaño y el mandamiento del Señor y Salvador, comunicado por vuestro apóstoles. Sobre todo, tened presente que en los últimos días vendrán hombres que se burlarán de todo y que procederán como les dictan sus deseos".
Hace 2000 años que San Pedro escribió esto, y parece que estuviera viendo nuestra realidad de hoy. Porque es así, no sólo lo que ocurre, sino que la Palabra de Dios no tiene tiempo, siempre viene a responder a nuestra vida. Quizás a algunos no les diga nada el mismo párrafo que a mí, pero es bueno leerlo para saber que hay algo de eso en nuestra realidad.
Hoy por hoy, son muchos los que se ríen de nuestra fe, los que intentan que dejemos de creer y que renunciemos a nuestro Dios y a nuestros valores cristianos. Pero también somos muchos los que no valoramos lo que tenemos, lo que nos han transmitido nuestros padres, los valores de nuestra cultura cristiana, o, mejor dicho, los valores de una vida cristiana.
Por eso, San Cipriano, hace también un montón de años, nos decía:
"¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este al diablo supera el deseo de reinar con Cristo? Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama?"
Es cierto que no hemos hecho una pública afirmación de nuestra devoción a Satanás, pero, como decía alguien alguna vez: "¡apártate de mí Satanás! pero no demasiado por si me arrepiento". "El que no está conmigo está en contra de mí, el que no recoge conmigo desparrama", nos decía Jesús.
Hay una gran diferencia en no renunciar a Cristo, pero no hacer su Voluntad, porque en definitiva no renunciamos a nuestra fe cristiana, pero no vivimos como cristianos. Por eso seguimos viviendo en la incoherencia, en una suerte de no-ser, lo cual supone una contradicción interna que no termina de darme la paz que necesito, ni la alegría que anhelo, ni la fortaleza que deseo, pues mis corazón está entre dos mundo: ser cristiano pero no querer hacer la Voluntad de Dios.
Hoy Dios necesita de varones y mujeres que estén seguros de sí mismos, que sepan qué es lo que quieren y que estén dispuestos a darlo todo para renovar el mundo, para lo cual habrá que disponerse a escuchar, porque escuchando sabemos qué es lo que debemos hacer y cómo vivir. Y una vez que sabemos que debemos hacer, elevar nuestra oración para recibir la Gracia que viene de lo alto, para poder llevar a cabo mi transformación, mi conversión, porque al mundo lo renovaré si renuevo mi corazón de acuerdo al Querer de Dios.
"Padre no te pido que los saques del mundo, están en el mundo pero no son del mundo, sino que los preserves del maligno", rezaba Jesús en la Última Cena, no dejemos que sus Palabras queden en el olvido de nuestro corazón.
Porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como la hiedra sobre un árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión.
En la segunda carta de San Pedro hay algo que parece que está escrito para estos tiempos:
"Esta es ya, queridos hermanos, la segunda que os escribo. En las dos os refresco la memoria, para que vuestra mente sincera recuerde los dichos de los santos profetas de antaño y el mandamiento del Señor y Salvador, comunicado por vuestro apóstoles. Sobre todo, tened presente que en los últimos días vendrán hombres que se burlarán de todo y que procederán como les dictan sus deseos".
Hace 2000 años que San Pedro escribió esto, y parece que estuviera viendo nuestra realidad de hoy. Porque es así, no sólo lo que ocurre, sino que la Palabra de Dios no tiene tiempo, siempre viene a responder a nuestra vida. Quizás a algunos no les diga nada el mismo párrafo que a mí, pero es bueno leerlo para saber que hay algo de eso en nuestra realidad.
Hoy por hoy, son muchos los que se ríen de nuestra fe, los que intentan que dejemos de creer y que renunciemos a nuestro Dios y a nuestros valores cristianos. Pero también somos muchos los que no valoramos lo que tenemos, lo que nos han transmitido nuestros padres, los valores de nuestra cultura cristiana, o, mejor dicho, los valores de una vida cristiana.
Por eso, San Cipriano, hace también un montón de años, nos decía:
"¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este al diablo supera el deseo de reinar con Cristo? Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama?"
Es cierto que no hemos hecho una pública afirmación de nuestra devoción a Satanás, pero, como decía alguien alguna vez: "¡apártate de mí Satanás! pero no demasiado por si me arrepiento". "El que no está conmigo está en contra de mí, el que no recoge conmigo desparrama", nos decía Jesús.
Hay una gran diferencia en no renunciar a Cristo, pero no hacer su Voluntad, porque en definitiva no renunciamos a nuestra fe cristiana, pero no vivimos como cristianos. Por eso seguimos viviendo en la incoherencia, en una suerte de no-ser, lo cual supone una contradicción interna que no termina de darme la paz que necesito, ni la alegría que anhelo, ni la fortaleza que deseo, pues mis corazón está entre dos mundo: ser cristiano pero no querer hacer la Voluntad de Dios.
Hoy Dios necesita de varones y mujeres que estén seguros de sí mismos, que sepan qué es lo que quieren y que estén dispuestos a darlo todo para renovar el mundo, para lo cual habrá que disponerse a escuchar, porque escuchando sabemos qué es lo que debemos hacer y cómo vivir. Y una vez que sabemos que debemos hacer, elevar nuestra oración para recibir la Gracia que viene de lo alto, para poder llevar a cabo mi transformación, mi conversión, porque al mundo lo renovaré si renuevo mi corazón de acuerdo al Querer de Dios.
"Padre no te pido que los saques del mundo, están en el mundo pero no son del mundo, sino que los preserves del maligno", rezaba Jesús en la Última Cena, no dejemos que sus Palabras queden en el olvido de nuestro corazón.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Tened ánimo, levantad la cabeza
Mientras el astro de la luz despunta
supliquemos a Dios que nos ampare,
y que en nuestras acciones de este día
nos preserve de riesgos y de males.
A veces uno tiene la sensación que Jesús, en el evangelio, nos está gastando una broma, o hasta podríamos decirle ¡pero hombre, si eso no se puede pedir! ¿Cómo es que se te ocurren esas cosas?
Porque leamos bien el final del evangelio de hoy:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
Después de anunciar las mayores catástrofes, de decirnos que nos van a perseguir, que nos van a entregar nuestros familiares y amigos, y que todo se va a acabar, Él insiste ¡levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación! Y, en realidad, es lo que mejor nos pueden decir cuando estamos agobiados y rodeados por la oscuridad.
Porque pensemos que nos digan lo contrario, cuando estamos agobiados y abatidos: y... qué le vamos a hacer, así tenía que ser, otra cosa no puedes hacer; y... a otros le vienen otras cosas peores...; o tantas otras frases que muchas veces sacamos de la chistera popular que no ayudan a que encontremos un rayo de esperanza para nuestra vida.
En cambio, Jesús, nos llama a la esperanza ante la tribulación pues sabe que la solución no está en nuestras manos, que frente a la maldad del Príncipe de este mundo y sus secuaces, nosotros solos no podemos. Pero sí podemos usar la "sagacidad de la serpiente y la mansedumbre de la paloma" para aceptar que la salvación vendrá de la Mano del Señor, pero que ante el ataque del mal tenemos que estar con la cabeza levantada y la frente bien erguida, saber que Él viene en nuestra ayuda y fortalece nuestra alma para mantenernos firmes y seguros en lo que creemos y hemos vivido junto a Él.
Dice San Juan Crisostomo: "pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. "Como serpientes". Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo, tu dinero, tu cuerpo y aún la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces".
Si ante la tribulación y la desdicha perdemos la fe y la esperanza, seguro que nos quedaremos sin fuerzas y sin sentido para seguir adelante. Pero si somos capaces de ver más allá de lo que nos agobia y descubrimos, gracias a la luz de la fe, y la palabra de nuestros hermanos, que hay un sentido por el cual luchar y seguir caminando, vamos a poder vivir esas palabras de Jesús, y no serán una broma en nuestra vida, sino que serán la fuerza de la esperanza que nos anima a seguir perseverando en el Camino de la fe: "cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
supliquemos a Dios que nos ampare,
y que en nuestras acciones de este día
nos preserve de riesgos y de males.
A veces uno tiene la sensación que Jesús, en el evangelio, nos está gastando una broma, o hasta podríamos decirle ¡pero hombre, si eso no se puede pedir! ¿Cómo es que se te ocurren esas cosas?
Porque leamos bien el final del evangelio de hoy:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
Después de anunciar las mayores catástrofes, de decirnos que nos van a perseguir, que nos van a entregar nuestros familiares y amigos, y que todo se va a acabar, Él insiste ¡levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación! Y, en realidad, es lo que mejor nos pueden decir cuando estamos agobiados y rodeados por la oscuridad.
Porque pensemos que nos digan lo contrario, cuando estamos agobiados y abatidos: y... qué le vamos a hacer, así tenía que ser, otra cosa no puedes hacer; y... a otros le vienen otras cosas peores...; o tantas otras frases que muchas veces sacamos de la chistera popular que no ayudan a que encontremos un rayo de esperanza para nuestra vida.
En cambio, Jesús, nos llama a la esperanza ante la tribulación pues sabe que la solución no está en nuestras manos, que frente a la maldad del Príncipe de este mundo y sus secuaces, nosotros solos no podemos. Pero sí podemos usar la "sagacidad de la serpiente y la mansedumbre de la paloma" para aceptar que la salvación vendrá de la Mano del Señor, pero que ante el ataque del mal tenemos que estar con la cabeza levantada y la frente bien erguida, saber que Él viene en nuestra ayuda y fortalece nuestra alma para mantenernos firmes y seguros en lo que creemos y hemos vivido junto a Él.
Dice San Juan Crisostomo: "pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. "Como serpientes". Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo, tu dinero, tu cuerpo y aún la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces".
Si ante la tribulación y la desdicha perdemos la fe y la esperanza, seguro que nos quedaremos sin fuerzas y sin sentido para seguir adelante. Pero si somos capaces de ver más allá de lo que nos agobia y descubrimos, gracias a la luz de la fe, y la palabra de nuestros hermanos, que hay un sentido por el cual luchar y seguir caminando, vamos a poder vivir esas palabras de Jesús, y no serán una broma en nuestra vida, sino que serán la fuerza de la esperanza que nos anima a seguir perseverando en el Camino de la fe: "cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Muchos somos Fieles
si tú vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.
Hoy, en el evangelio, luego de tantas y tantas profecías de las persecuciones, Jesús nos dice:
"con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Vivimos un etapa de la historia en la que la oscuridad y el pecado viene sobre nosotros. No es la etapa del fin mundo, quizás no. Pero no tenemos que mirar el futuro con el temor del fin, sino que tenemos que mirarlo con la esperanza del Día Nuevo.
Hoy por hoy, somos carne de leones porque por el pecado de unos cuantos se nos condena a todos, y por unos cuantos todos estamos en la mira de aquellos que quieren derribar y destruir nuestra familia que es la Iglesia.
Duele muchas veces escuchar, no sólo de gente extraña, sino de nuestros propios hermanos (en la fe) y amigos hacer acusaciones generales y tirar el fango del pecado sobre la vida de los que intentamos vivir en fidelidad.
Pero, eso en realidad poco importa. Poco importa que sólo se mire el pecado porque el pecado y el escándalo es lo que más vende. Porque no venden ls buenas acciones y las buenas personas que intentan día a día crecer en bondad, en servicio, en trabajo, en fidelidad. Y no hablo sólo de curas y monjas, sino también de políticos, periodistas, profesores, médicos, padres y madres, varones y mujeres, porque en la vida cotidiana nos encontramos con todo tipo de personas y de entre todas hay muchísimas que son buenas.
Por eso, en estos tiempos de tantas condenas injustas hemos de ser perseverantes en nuestros Ideales, hemos de ser perseverantes en alimentar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Debemos estar cada día más fuertes y seguros en lo que creemos, porque, como dice San Pedro en su segunda carta:
"No faltaron falsos profetas en el pueblo judío, y lo mismo entre vosotros habrá falsos maestros que introducirán bajo cuerda sectas perniciosas; por negar al Señor que los rescató, se acarrean una rápida ruina. Muchos los seguirán en su libertinaje, y por ese motivo el camino verdadero se verá difamado. Llevados de la codicia, os explotarán con discursos artificiosos. Pero hace mucho tiempo que su sentencia no huelga, y que su ruina no duerme".
Hoy son muchos los que escuchan y creen en los falsos maestros, dejando de lado la Palabra Verdadera, que no brota de labios humanos, sino que sale de la boca de Dios. Pero si no estamos unidos a Él, si no vivimos con Él, y no nos alimentamos de Él, seguro que nos dejaremos convencer por las falsas profecías, y como es pequeña porción de falsos maestros aceptaremos esa verdad, para dejar paso a la mentira, a la falsedad, a la mediocridad de vivir ocultos tras el dedo acusador sin ser parte de una transformación del hombre gracias a la Verdad.
No os preocupéis, soy consciente del pecado de algunos, pero también soy consciente de la virtud de muchos. Y, generalmente, la virtud y las buenas obras no salen en los medios de comunicación social, que nos quieren hacer ver que el Camino que queremos vivir es una mentira inventada por un grupo de gente que no vive lo que predica.
Hoy, los que queremos vivir en Fidelidad a la Vida que se nos ha dado, tenemos que ser más perseverantes que nunca, y nuestra fuerza está en el Señor, sólo Él es Fiel a Su Palabra y Él es la fuerza y la luz que necesitamos para caminar en este mundo en tinieblas.
Sí, creo en la bondad de la gente, reconozco mi pecado y el pecado del mundo, pero creo que los que aún queremos Ser Fieles podemos, desde el lugar en que Dios nos ha puesto transformar el Mundo, porque creemos que la Promesa del Señor se cumplirá.
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.
Hoy, en el evangelio, luego de tantas y tantas profecías de las persecuciones, Jesús nos dice:
"con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Vivimos un etapa de la historia en la que la oscuridad y el pecado viene sobre nosotros. No es la etapa del fin mundo, quizás no. Pero no tenemos que mirar el futuro con el temor del fin, sino que tenemos que mirarlo con la esperanza del Día Nuevo.
Hoy por hoy, somos carne de leones porque por el pecado de unos cuantos se nos condena a todos, y por unos cuantos todos estamos en la mira de aquellos que quieren derribar y destruir nuestra familia que es la Iglesia.
Duele muchas veces escuchar, no sólo de gente extraña, sino de nuestros propios hermanos (en la fe) y amigos hacer acusaciones generales y tirar el fango del pecado sobre la vida de los que intentamos vivir en fidelidad.
Pero, eso en realidad poco importa. Poco importa que sólo se mire el pecado porque el pecado y el escándalo es lo que más vende. Porque no venden ls buenas acciones y las buenas personas que intentan día a día crecer en bondad, en servicio, en trabajo, en fidelidad. Y no hablo sólo de curas y monjas, sino también de políticos, periodistas, profesores, médicos, padres y madres, varones y mujeres, porque en la vida cotidiana nos encontramos con todo tipo de personas y de entre todas hay muchísimas que son buenas.
Por eso, en estos tiempos de tantas condenas injustas hemos de ser perseverantes en nuestros Ideales, hemos de ser perseverantes en alimentar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Debemos estar cada día más fuertes y seguros en lo que creemos, porque, como dice San Pedro en su segunda carta:
"No faltaron falsos profetas en el pueblo judío, y lo mismo entre vosotros habrá falsos maestros que introducirán bajo cuerda sectas perniciosas; por negar al Señor que los rescató, se acarrean una rápida ruina. Muchos los seguirán en su libertinaje, y por ese motivo el camino verdadero se verá difamado. Llevados de la codicia, os explotarán con discursos artificiosos. Pero hace mucho tiempo que su sentencia no huelga, y que su ruina no duerme".
Hoy son muchos los que escuchan y creen en los falsos maestros, dejando de lado la Palabra Verdadera, que no brota de labios humanos, sino que sale de la boca de Dios. Pero si no estamos unidos a Él, si no vivimos con Él, y no nos alimentamos de Él, seguro que nos dejaremos convencer por las falsas profecías, y como es pequeña porción de falsos maestros aceptaremos esa verdad, para dejar paso a la mentira, a la falsedad, a la mediocridad de vivir ocultos tras el dedo acusador sin ser parte de una transformación del hombre gracias a la Verdad.
No os preocupéis, soy consciente del pecado de algunos, pero también soy consciente de la virtud de muchos. Y, generalmente, la virtud y las buenas obras no salen en los medios de comunicación social, que nos quieren hacer ver que el Camino que queremos vivir es una mentira inventada por un grupo de gente que no vive lo que predica.
Hoy, los que queremos vivir en Fidelidad a la Vida que se nos ha dado, tenemos que ser más perseverantes que nunca, y nuestra fuerza está en el Señor, sólo Él es Fiel a Su Palabra y Él es la fuerza y la luz que necesitamos para caminar en este mundo en tinieblas.
Sí, creo en la bondad de la gente, reconozco mi pecado y el pecado del mundo, pero creo que los que aún queremos Ser Fieles podemos, desde el lugar en que Dios nos ha puesto transformar el Mundo, porque creemos que la Promesa del Señor se cumplirá.
martes, 25 de noviembre de 2014
Somos luz, iluminemos
En el oficio de lecturas de hoy San Agustín nos dice:
"Nosotros, los cristianos, en comparación con los infieles, somos ya luz, como dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. Y en otro lugar dice: La noche está avanzando, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad".
Hoy las tinieblas nos invaden por todos lados, como en día de neblina, caminamos con miedo porque no vemos con claridad el lugar por donde pisamos. Pero no debería ser así, porque la luz esta en nosotros, y nosotros somos luz, por la gracia de Dios, por el Espíritu Santo que habita en nuestros corazones. ¿Debemos entonces seguir en tinieblas? ¿Debemos seguir ocultos por temor al que dirán?
Los infieles, los que no creen , los que viven en contra de Dios y los que detestan nuestra vida de cristianos tienen mas fuerzas en sus palabras que nosotros mismos, y sus palabras muchas veces nos convencen. Pero, lo la,entable es que seguimos diciendo y llamándonos cristianos. Y así las tinieblas del error siguen siendo cada día más espesas.
Muchos nos dirán que no somos perfectos, pues es verdad no lo somos. Por eso creemos que Dios es perfecto y que Espíritu nos guía por el camino que nos conduce a la perfección.
Muchos nos gritaran nuestros pecados e infidelidad, y eso ya lo conocemos porque pecadores nos concibieron en el seno de nuestras madres, pero el Espíritu Santo nos santificó y nos ofrece cada dia la fortaleza para convertirnos y santificarnos.
Sabemos de nuestra pobreza y pequeñez, de nuestra debilidad y pecado, no hace falta que nadie nos lo descubra. Pero seguimos confiando, no en nuestra sabiduría sino en la Sabiduría de Dios, seguimos creyendo no en nuestra fortaleza sino en el Poder de Dios. Luchamos cada día por alcanzar la santidad que nos permita mostrar que la verdad no es nuestra sino que El es la Verdad, que Cristo es el Camino que nos lleva a transformar el hombre viejo en Hombre Nuevo, para que haga nuevo el mundo en que vivimos.
Somos conscientes de nuestra humanidad, pero también somos conscientes de que solo en Dios esta nuestra vida, que solo Dios es la fuerza que nos sostiene en nuestras caídas, y es la Mano que nos levanta de nuestros tropiezos. Por eso, al levantarnos de cada caída la Luz vuelve a brillar, la fortaleza vuelve a surgir, y así volvemos a creer. A confiar, a vivir en la Gracia, porque es a través de nuestra debilidad que se manifiesta el poder de Nuestro Dios y Señor.
Somos luz para el mundo, no porque sea nuestra, sino porque Jesus nos eligió para iluminar, no dejemos que otras medias verdades opaquen la Luz del Espíritu que hay en nuestro corazón.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Nuestro martirio diario
En el oficio de lecturas de hoy se nos ofrece una carta de unos de los mártires, san Pablo Le-Bao-Thinh que le envió a lo seminaristas desde la cárcel, rescato este párrafo:
"Yo, Pablo, encadenado por el nombre de Cristo, quiero narrarles las tribulaciones en las que me veo sumergido cada día, de tal modo, que ustedes, por amor a Dios, le ofrezcan conmigo ardientes alabanzas, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es realmente la imagen del infierno eterno: a toda clase de crueles suplicios, como son las esposas, las cadenas de hierro y las ligaduras, se añaden el odio, las venganzas, las calumnias, las palabras obscenas, las disputas, los actos perversos, los juramentos injustos, las maldiciones y por último las angustias y la tristeza. Pero Dios que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno encendido, siempre me está presente, y me ha librado de estas tribulaciones y las ha convertido en dulzura, porque es eterna su misericordia.
En medio de estos tormentos, que suelen quebrantar a los demás, por la gracia de Dios, yo estoy colmado de gozo y alegría, porque no estoy solo sino con Cristo".
Ser cristiano no es fácil, y lo es menos sin contar con la Gracia de Dios. No todos tendremos que pasar por un martirio cruento como el de ellos, pero sí todos hemos de vivir el Amor a Dios como ellos, y ese, quizás, sea nuestro martirio diario.
Sí, nuestro martirio diario de tener que dejar de lado nuestros deseos, pero también nuestras desesperanzas, nuestros suspiros de desconformidad por lo que nos toca vivir, nuestros resoplidos por no tener tal o cual cosa, por tener que aceptar tal o cual dolor. Somos, generalmente, muy quejosos a la ahora de tener que aceptar alguna contrariedad, por eso los mártires nos enseñan que todo puede ser vivido con gozo si Dios está con nosotros.
Claro está que nosotros tenemos que estar con Dios. Porque muchas veces le decimos al Señor: ¿Por qué me abandonaste?, cuando en realidad no hemos ido nosotros a su encuentro.
Y esa me parece la más grande de las tonterías que cometemos: creer que podemos, los cristianos, vivir sin Dios. Que un ateo o un agnóstico crea que puede vivir sin Dios es lógico. Pero quienes hemos conocido su Amor y hemos saboreado la dulzura de su Gracia en nuestras vidas ¿cómo podemos aceptar alejarnos de Dios?
Y no digo que reneguemos de Dios, pero sí que no nos acerquemos a Él. Nos damos cuenta que no podemos amar, que no podemos tener esperanza, que nos cuesta perdonar, que no podemos ofrecerle al Señor nuestra alabanza, nuestro sacrificio... Pero ¡no! no vamos a Él. Creemos que con nuestro deseos y con nuestros falsos y tontos argumentos vamos a conseguir la Gracia suficiente y necesaria para combatir los malos deseos y malos sentimientos, para tener fuerza para subir el Camino de la santidad.
No dejemos que las tinieblas y la maldad se adueñen del mundo que ha sido puesto en nuestras manos para alcanzarle la Luz y la Paz, no dejemos que tontos argumentos nos impidan llevar el Reino de Dios al mundo. Vayamos al Señor, busquemos al Señor, escuchemos al Señor, alimentémonos con el Señor.
"Yo, Pablo, encadenado por el nombre de Cristo, quiero narrarles las tribulaciones en las que me veo sumergido cada día, de tal modo, que ustedes, por amor a Dios, le ofrezcan conmigo ardientes alabanzas, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es realmente la imagen del infierno eterno: a toda clase de crueles suplicios, como son las esposas, las cadenas de hierro y las ligaduras, se añaden el odio, las venganzas, las calumnias, las palabras obscenas, las disputas, los actos perversos, los juramentos injustos, las maldiciones y por último las angustias y la tristeza. Pero Dios que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno encendido, siempre me está presente, y me ha librado de estas tribulaciones y las ha convertido en dulzura, porque es eterna su misericordia.
En medio de estos tormentos, que suelen quebrantar a los demás, por la gracia de Dios, yo estoy colmado de gozo y alegría, porque no estoy solo sino con Cristo".
Ser cristiano no es fácil, y lo es menos sin contar con la Gracia de Dios. No todos tendremos que pasar por un martirio cruento como el de ellos, pero sí todos hemos de vivir el Amor a Dios como ellos, y ese, quizás, sea nuestro martirio diario.
Sí, nuestro martirio diario de tener que dejar de lado nuestros deseos, pero también nuestras desesperanzas, nuestros suspiros de desconformidad por lo que nos toca vivir, nuestros resoplidos por no tener tal o cual cosa, por tener que aceptar tal o cual dolor. Somos, generalmente, muy quejosos a la ahora de tener que aceptar alguna contrariedad, por eso los mártires nos enseñan que todo puede ser vivido con gozo si Dios está con nosotros.
Claro está que nosotros tenemos que estar con Dios. Porque muchas veces le decimos al Señor: ¿Por qué me abandonaste?, cuando en realidad no hemos ido nosotros a su encuentro.
Y esa me parece la más grande de las tonterías que cometemos: creer que podemos, los cristianos, vivir sin Dios. Que un ateo o un agnóstico crea que puede vivir sin Dios es lógico. Pero quienes hemos conocido su Amor y hemos saboreado la dulzura de su Gracia en nuestras vidas ¿cómo podemos aceptar alejarnos de Dios?
Y no digo que reneguemos de Dios, pero sí que no nos acerquemos a Él. Nos damos cuenta que no podemos amar, que no podemos tener esperanza, que nos cuesta perdonar, que no podemos ofrecerle al Señor nuestra alabanza, nuestro sacrificio... Pero ¡no! no vamos a Él. Creemos que con nuestro deseos y con nuestros falsos y tontos argumentos vamos a conseguir la Gracia suficiente y necesaria para combatir los malos deseos y malos sentimientos, para tener fuerza para subir el Camino de la santidad.
No dejemos que las tinieblas y la maldad se adueñen del mundo que ha sido puesto en nuestras manos para alcanzarle la Luz y la Paz, no dejemos que tontos argumentos nos impidan llevar el Reino de Dios al mundo. Vayamos al Señor, busquemos al Señor, escuchemos al Señor, alimentémonos con el Señor.
domingo, 23 de noviembre de 2014
Sembremos el Reino
Venga a nosotros tu reino..." decimos cada vez que el Padre Nuestro sale por nuestros labios. Pero... ¿cuál es su Reino? ¿Cómo es su Reino? ¿Cómo viene a nosotros?
"Mi Reino no es de este mundo" contesta Jesús, porque Él viene del Padre, como cada uno de nosotros y vuelve al Padre, como volveremos nosotros. Somos de Dios y a Dios volvemos, por eso queremos vivir el Reino que hemos conocido y que se nos ha anunciado, "aquí en la tierra como en el Cielo".
"El Reino de Dios está cerca... está en vosotros".
"Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a fijar en él nuestra morada".
Esos santos de los que habla el autor, son los mismos santos de los que habla San Pablo en sus cartas: los que formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, nosotros, cada uno de nosotros que ha recibido el Espíritu Santo por el agua bautismal somos los santos, en quienes habita el Reino de Dios.
Somos quienes llevamos en nuestros corazones la semilla eterna de un Reino que no es de este mundo, y por eso hemos de sembrarla en nuestras vidas cotidianas para que comiencen a dar frutos abundantes. Pero ¿cómo sembramos el Reino? También lo decimos en el Padre Nuestro: "hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo". La santidad no es la perfección del hombre sino la perfección del hijo de Dios, nuestra vida identificada con la de Cristo, nuestra vida puesta en sus Manos para que, como Él, alimentarnos sólo con la Voluntad del Padre, y en obediencia de amor aceptar Su Palabra y vivir en fidelidad de Amor a Dios.
Así, desterraremos de nosotros el pecado que no permite que nazca y surja el Reino de Dios. Así quitaremos de nosotros los frutos del pecado que son la envidia, el egoísmo, la mentira, la codicia, la vanidad, la soberbia, las discordias, las peleas, y la muerte. Para dar lugar a que el Espíritu que habita en nosotros pueda dar frutos abundantes de amor, alegría, gozo, verdad, unidad, paz, fraternidad, justicia, para que finalmente "el último enemigo, la muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en nosotros: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible, debe revestirse de santidad y de incorrupción, y este nuestro ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre, después de haber reducido a la nada el poder de la muerte, para que así, reinando Dios en nosotros, comencemos ya a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección" (Orígenes).
Tenemos en nosotros, como dice San Pablo, "un tesoro en vasijas de barro", no permitamos que ese tesoro no brille, sino que aceptemos el desafío de vivir en Dios para que su Reino, que está en nosotros, se realice y se propague gracias a nuestra fidelidad y constancia.
"Mi Reino no es de este mundo" contesta Jesús, porque Él viene del Padre, como cada uno de nosotros y vuelve al Padre, como volveremos nosotros. Somos de Dios y a Dios volvemos, por eso queremos vivir el Reino que hemos conocido y que se nos ha anunciado, "aquí en la tierra como en el Cielo".
"El Reino de Dios está cerca... está en vosotros".
"Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a fijar en él nuestra morada".
Esos santos de los que habla el autor, son los mismos santos de los que habla San Pablo en sus cartas: los que formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo, nosotros, cada uno de nosotros que ha recibido el Espíritu Santo por el agua bautismal somos los santos, en quienes habita el Reino de Dios.
Somos quienes llevamos en nuestros corazones la semilla eterna de un Reino que no es de este mundo, y por eso hemos de sembrarla en nuestras vidas cotidianas para que comiencen a dar frutos abundantes. Pero ¿cómo sembramos el Reino? También lo decimos en el Padre Nuestro: "hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo". La santidad no es la perfección del hombre sino la perfección del hijo de Dios, nuestra vida identificada con la de Cristo, nuestra vida puesta en sus Manos para que, como Él, alimentarnos sólo con la Voluntad del Padre, y en obediencia de amor aceptar Su Palabra y vivir en fidelidad de Amor a Dios.
Así, desterraremos de nosotros el pecado que no permite que nazca y surja el Reino de Dios. Así quitaremos de nosotros los frutos del pecado que son la envidia, el egoísmo, la mentira, la codicia, la vanidad, la soberbia, las discordias, las peleas, y la muerte. Para dar lugar a que el Espíritu que habita en nosotros pueda dar frutos abundantes de amor, alegría, gozo, verdad, unidad, paz, fraternidad, justicia, para que finalmente "el último enemigo, la muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en nosotros: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible, debe revestirse de santidad y de incorrupción, y este nuestro ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre, después de haber reducido a la nada el poder de la muerte, para que así, reinando Dios en nosotros, comencemos ya a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección" (Orígenes).
Tenemos en nosotros, como dice San Pablo, "un tesoro en vasijas de barro", no permitamos que ese tesoro no brille, sino que aceptemos el desafío de vivir en Dios para que su Reino, que está en nosotros, se realice y se propague gracias a nuestra fidelidad y constancia.
sábado, 22 de noviembre de 2014
Deja el banco de la amargura
Hoy, en el día de Santa Cecilia, patrona de la música, la liturgia de las horas nos trae un texto de San Agustín que dice:
"Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo.
Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo".
"Es nuestra vida la que debe cantar el cántico nuevo", sí toda nuestra vida ha de ser un cántico nuevo: a Dios, a la vida, a la creación, al amor, a la luz, al calor, a la paz, a todo y a todos, por todo y por todos.
Muchas veces escuchamos a gente que no quiere cantar porque espera tiempos mejores, porque nunca está conforme con lo que le ha tocado vivir, y entonces, se sienta en el banco de la amargura a esperar que soplen nuevos vientos y le traigan la alegría al corazón. Y no va a llegar, porque en el banco de la amargura sólo hay amargura.
El soplo del aire nuevo llegó a nuestro corazón el día de nuestro bautismo, cuando, como en Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre mí y con su fuego quemó el hombre viejo que había en mí e hizo renacer el hombre nuevo desde las aguas bautismales.
¿Cómo hacer que los nuevos vientos lleguen a mi vida? Saliéndolos a buscar. Si realmente quiero cantar un canto nuevo, si quiero que mi vida se llene del gozo y la alegría de Dios, he de ir al lugar donde sopla el nuevo aire de la vida. Y, aunque parezca mentira, ese lugar está tan lejos como cerca de cada uno; porque el lugar donde sopla el aire nuevo del Espíritu está en mi corazón, y tengo que llegar ahí para descubrir que sigue aún soplando, que sigue aún vivo, que sigue queriendo iluminar mi vida con el gozo de la resurrección de Cristo, con el gozo de saber que por mí Él se ha hecho hombre y ha muerto para que las sombras de la muerte ya no residan en mí, sino que la Luz de la resurrección transforme mi vida a imagen de Jesús Resucitado.
Por eso, cada día que amanece es un nuevo canto a la Gloria de la Resurrección. Cada día que abro mis ojos a la vida vuelve a llenarse mi corazón con el gozo de la Pascua. Cada día que amanece es un nuevo día que me invita a cantar un canto nuevo de gratitud, de alabanza, de alegría porque el Señor me ha invitado y llamado para ser testigo de su Resurrección.
"Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo.
Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo".
"Es nuestra vida la que debe cantar el cántico nuevo", sí toda nuestra vida ha de ser un cántico nuevo: a Dios, a la vida, a la creación, al amor, a la luz, al calor, a la paz, a todo y a todos, por todo y por todos.
Muchas veces escuchamos a gente que no quiere cantar porque espera tiempos mejores, porque nunca está conforme con lo que le ha tocado vivir, y entonces, se sienta en el banco de la amargura a esperar que soplen nuevos vientos y le traigan la alegría al corazón. Y no va a llegar, porque en el banco de la amargura sólo hay amargura.
El soplo del aire nuevo llegó a nuestro corazón el día de nuestro bautismo, cuando, como en Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre mí y con su fuego quemó el hombre viejo que había en mí e hizo renacer el hombre nuevo desde las aguas bautismales.
¿Cómo hacer que los nuevos vientos lleguen a mi vida? Saliéndolos a buscar. Si realmente quiero cantar un canto nuevo, si quiero que mi vida se llene del gozo y la alegría de Dios, he de ir al lugar donde sopla el nuevo aire de la vida. Y, aunque parezca mentira, ese lugar está tan lejos como cerca de cada uno; porque el lugar donde sopla el aire nuevo del Espíritu está en mi corazón, y tengo que llegar ahí para descubrir que sigue aún soplando, que sigue aún vivo, que sigue queriendo iluminar mi vida con el gozo de la resurrección de Cristo, con el gozo de saber que por mí Él se ha hecho hombre y ha muerto para que las sombras de la muerte ya no residan en mí, sino que la Luz de la resurrección transforme mi vida a imagen de Jesús Resucitado.
Por eso, cada día que amanece es un nuevo canto a la Gloria de la Resurrección. Cada día que abro mis ojos a la vida vuelve a llenarse mi corazón con el gozo de la Pascua. Cada día que amanece es un nuevo día que me invita a cantar un canto nuevo de gratitud, de alabanza, de alegría porque el Señor me ha invitado y llamado para ser testigo de su Resurrección.
viernes, 21 de noviembre de 2014
Servidores del Señor
En un Sermón sobre María, San Agustín dice:
"Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo".
Creemos, y muchos creen, que con ser amar a la Virgen María, o ser amigo de un cura, obispo o hasta el Papa, me dan cierto "crédito" espiritual. Algunos hasta piensan que si pueden hablar con algún santo o con María, pueden quedar liberados de vivir la Voluntad de Dios.
Y, como verán en las palabras de san Agustín y, sobre todo, del mismo Cristo, las relaciones personales no nos eximen de cumplir lo que dice la Palabra de Dios.
El otro día, alguien que estaba enfadado por alguna cosa me decía: por que yo soy amigo del sacerdote tal... Y? Eso te da derecho a no vivir el Amor cristiano, a no vivir los mandamientos, a no vivir en la Verdad, la Justicia?
Creo que muchos vamos muy equivocados viviendo nuestro cristianismo, o mejor dicho, nos conformamos con las realidades materiales, y ni siquiera María, se salvó de tener que ser Fiel a Dios en todo momento de su vida. Por eso María fue la Bienaventurada en todas las generaciones, porque como le dijo Isabel: Feliz de ti por haber creído lo que te fue anunciado de parte del Señor.
María no se contentó con ser la que parió al Hijo de Dios, sino que desde antes aceptó la Palabra de Dios y la vivió, por eso Ella pudo decir: me llamarán Bienaventurada todas las generaciones porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. Ella dejó obrar a Dios en su corazón, en su alma, en su vida porque se despojó de sí misma y se convirtió en la "Servidora del Señor", en la "Esclava del Señor".
Hoy, en este siglo XXI, en donde todos guardamos, conservamos e idolatramos nuestro YO, María sale a nuestro encuentro para decirnos que sólo alcanzaremos la plenitud de nuestra vida si, como Ella, nos despojamos de nuestro, como nos pide Jesús, y nos disponemos a hacer fieles a la Voluntad de Dios.
"Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo".
Creemos, y muchos creen, que con ser amar a la Virgen María, o ser amigo de un cura, obispo o hasta el Papa, me dan cierto "crédito" espiritual. Algunos hasta piensan que si pueden hablar con algún santo o con María, pueden quedar liberados de vivir la Voluntad de Dios.
Y, como verán en las palabras de san Agustín y, sobre todo, del mismo Cristo, las relaciones personales no nos eximen de cumplir lo que dice la Palabra de Dios.
El otro día, alguien que estaba enfadado por alguna cosa me decía: por que yo soy amigo del sacerdote tal... Y? Eso te da derecho a no vivir el Amor cristiano, a no vivir los mandamientos, a no vivir en la Verdad, la Justicia?
Creo que muchos vamos muy equivocados viviendo nuestro cristianismo, o mejor dicho, nos conformamos con las realidades materiales, y ni siquiera María, se salvó de tener que ser Fiel a Dios en todo momento de su vida. Por eso María fue la Bienaventurada en todas las generaciones, porque como le dijo Isabel: Feliz de ti por haber creído lo que te fue anunciado de parte del Señor.
María no se contentó con ser la que parió al Hijo de Dios, sino que desde antes aceptó la Palabra de Dios y la vivió, por eso Ella pudo decir: me llamarán Bienaventurada todas las generaciones porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas. Ella dejó obrar a Dios en su corazón, en su alma, en su vida porque se despojó de sí misma y se convirtió en la "Servidora del Señor", en la "Esclava del Señor".
Hoy, en este siglo XXI, en donde todos guardamos, conservamos e idolatramos nuestro YO, María sale a nuestro encuentro para decirnos que sólo alcanzaremos la plenitud de nuestra vida si, como Ella, nos despojamos de nuestro, como nos pide Jesús, y nos disponemos a hacer fieles a la Voluntad de Dios.
jueves, 20 de noviembre de 2014
Seguiré sin escucharte?
Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.
"En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando:
-« ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!"
Cuesta pensar lo que Jesús estaría sufriendo en ese momento por su pueblo, por su gente, por su nación. Darse cuenta que con todo su Amor quiso dar a conocer el Camino que los conducía a la Paz y no quisieron reconocerlo, no quisieron aceptar el cambio, la conversión, descubrir que, detrás de esa humanidad, de ese hombre nacido de María y del Carpintero, que se había criado con ellos y junto a ellos, había algo más, que ese hombre era Dios, el Mesías esperado.
Y claro no podían reconocerlo, porque sus ojos estaban cubiertos, como los nuestros muchas veces, por el velo de nuestra soberbia y vanidad que no nos deja aceptar que alguien, que no sea yo, puede tener la razón. Porque aceptar que tiene razón implica que yo no la tengo, y si no la tengo tengo que aceptar cambiar de opinión.
¡Cuántas veces nos negamos a aceptar algo simplemente por el hecho de no renunciar a nuestros criterios!? Muchas, seguramente. Y muchas más nos cerramos no sólo a escuchar, sino a aceptar a la persona, la dejamos fuera de nuestra vida porque no nos dice lo que queremos escuchar.
¡Cuánta pena Señor saber que nos has querido indicar el Camino y no te hemos querido escuchar! Nos hemos quedado con el canto de sirena de los tiempos nuevos, y en lugar de aceptar Tu Palabra aceptamos sus canciones que nos llevan a un mar sin vida, cuando Tú con Tu Vida nos llevabas a las Costas del Reino de la Verdad, de la Paz, de la Vida.
¿Por qué, Señor?
"Porque no reconociste el momento de mi venida.»
Pero siempre Él nos espera, por eso no desesperamos, mientras nos regala la vida terrena nos espera, nos espera para que descubramos que por Amor nos sigue esperando, pues quiere que alcancemos Vida, y Vida en abundancia. Que descubramos que por Amor Él nos reprende, nos exhorta, nos ayuda a encontrar el camino pues nos hace ver y volver a pensar hacia dónde vamos. No se queda con nuestro primer No, sino que siempre está a la puerta, llamando, para que le abra mi corazón y Él pueda sentarse conmigo a la mesa y alimentar mi vida con Su Vida.
Cuando nos sentamos con Él a la mesa volvemos a recordar su Amor, volvemos a recordar cuánto nos ama, y el Amor nos llevará a confiar, y a tener la fortaleza necesaria para dejar nuestras durezas y aceptar Su Verdad, una Verdad que por Amor nos llama a Vivir.
"¿Cómo puedo dejar de amarte, a ti que de tal manera me has amado, a pesar de mi negrura, que has entregado tu vida por las ovejas de tu rebaño? No puede imaginarse un amor superior a éste, el de dar tu vida a trueque de mi salvación" (San Gregorio de Nisa).
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.
"En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando:
-« ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!"
Cuesta pensar lo que Jesús estaría sufriendo en ese momento por su pueblo, por su gente, por su nación. Darse cuenta que con todo su Amor quiso dar a conocer el Camino que los conducía a la Paz y no quisieron reconocerlo, no quisieron aceptar el cambio, la conversión, descubrir que, detrás de esa humanidad, de ese hombre nacido de María y del Carpintero, que se había criado con ellos y junto a ellos, había algo más, que ese hombre era Dios, el Mesías esperado.
Y claro no podían reconocerlo, porque sus ojos estaban cubiertos, como los nuestros muchas veces, por el velo de nuestra soberbia y vanidad que no nos deja aceptar que alguien, que no sea yo, puede tener la razón. Porque aceptar que tiene razón implica que yo no la tengo, y si no la tengo tengo que aceptar cambiar de opinión.
¡Cuántas veces nos negamos a aceptar algo simplemente por el hecho de no renunciar a nuestros criterios!? Muchas, seguramente. Y muchas más nos cerramos no sólo a escuchar, sino a aceptar a la persona, la dejamos fuera de nuestra vida porque no nos dice lo que queremos escuchar.
¡Cuánta pena Señor saber que nos has querido indicar el Camino y no te hemos querido escuchar! Nos hemos quedado con el canto de sirena de los tiempos nuevos, y en lugar de aceptar Tu Palabra aceptamos sus canciones que nos llevan a un mar sin vida, cuando Tú con Tu Vida nos llevabas a las Costas del Reino de la Verdad, de la Paz, de la Vida.
¿Por qué, Señor?
"Porque no reconociste el momento de mi venida.»
Pero siempre Él nos espera, por eso no desesperamos, mientras nos regala la vida terrena nos espera, nos espera para que descubramos que por Amor nos sigue esperando, pues quiere que alcancemos Vida, y Vida en abundancia. Que descubramos que por Amor Él nos reprende, nos exhorta, nos ayuda a encontrar el camino pues nos hace ver y volver a pensar hacia dónde vamos. No se queda con nuestro primer No, sino que siempre está a la puerta, llamando, para que le abra mi corazón y Él pueda sentarse conmigo a la mesa y alimentar mi vida con Su Vida.
Cuando nos sentamos con Él a la mesa volvemos a recordar su Amor, volvemos a recordar cuánto nos ama, y el Amor nos llevará a confiar, y a tener la fortaleza necesaria para dejar nuestras durezas y aceptar Su Verdad, una Verdad que por Amor nos llama a Vivir.
"¿Cómo puedo dejar de amarte, a ti que de tal manera me has amado, a pesar de mi negrura, que has entregado tu vida por las ovejas de tu rebaño? No puede imaginarse un amor superior a éste, el de dar tu vida a trueque de mi salvación" (San Gregorio de Nisa).
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Vivir en Dios
Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda;
Tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
Tú, la esperanza firme que me queda.
Recién leía, en la liturgia de las horas, un Sermón de San Agustín, y decía:
"¿Cuál es la explicación de que nos alegremos en el Señor, si Él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo, y se te acercará, ámalo, y habitará en ti. 'El Señor está cerca. Nada os preocupe."
Y no podría decir otra cosa. Y nos pasa lo mismo en la vida natural, muchas veces creemos que alguien se ha alejado de nuestra vida, porque no me llama, no me habla, no se interesa por mí... Pero el tema es que estamos a la misma distancia y tenemos los mimos medios para acercarnos. Si tanto me interesa que esté cerca de mí, he de acercarme yo primero.
Y aquí juegan (por lo menos) dos cosas que pueden no ser buenas: el orgullo y las matemáticas. El orgullo de decir que "si me aprecia que me lo diga", y aquí se puede decir: "no hagas a otro lo que a ti no te agrada" (Tb 4, 16) o poniéndolo en positivo, has a los demás lo que quieres que hagan por ti.
Y, también juegan las matemáticas en mi contra: yo ya lo he llamado varias veces, que llame Él ahora. Y, como diría alguien: "en el amor no existen las matemáticas".
Si realmente amo, amo y no pongo por delante del amor ni el orgullo, ni la vanidad, ni las matemáticas. Si me hace bien estar con alguien búscalo, llámalo, acércate, deja de lado tu yo y vive el amor.
También, en la relación con Jesús existe otro factor que puede ser muchas veces determinante: que si me acerco mucho Él se acerca más y me va a exigir algo que no quiero dar. El miedo a que Dios me pida lo que no tengo intención de darle, sin pensar que el Amor sólo puede querer de mí mi felicidad, mi plenitud, el gozo más profundo y sincero que puedo vivir.
Pero temo, temo que no quiera renunciar a mi vida, a mi yo, a mis gustos y principios, porque últimamente no sólo estoy con el Señor, sino también fuera del Señor, fuera de su Amor, fuera de su Ley. Porque Él ya nos dijo: "quien me ama cumplirá mis mandamientos, y el Padre y yo vendremos a él y haremos morada en Él". Pero eso de cumplir los mandamientos.... no estoy seguro de querer hacerlo, salvo los que me gustan, pero hay algunos que no me parecen propios para este siglo.
Y por eso no acerco, o no me acerco lo suficiente
Y así me pierdo lo mejor de nuestra vida: que Él habite en mí, que su Amor se haga vida en mí, y con Su Amor, Su Luz, Su Vida, Su Verdad, es decir que el Reino esté en mí y yo viva la alegría de vivir en Dios.
andar por la vereda;
Tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
Tú, la esperanza firme que me queda.
Recién leía, en la liturgia de las horas, un Sermón de San Agustín, y decía:
"¿Cuál es la explicación de que nos alegremos en el Señor, si Él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo, y se te acercará, ámalo, y habitará en ti. 'El Señor está cerca. Nada os preocupe."
Y no podría decir otra cosa. Y nos pasa lo mismo en la vida natural, muchas veces creemos que alguien se ha alejado de nuestra vida, porque no me llama, no me habla, no se interesa por mí... Pero el tema es que estamos a la misma distancia y tenemos los mimos medios para acercarnos. Si tanto me interesa que esté cerca de mí, he de acercarme yo primero.
Y aquí juegan (por lo menos) dos cosas que pueden no ser buenas: el orgullo y las matemáticas. El orgullo de decir que "si me aprecia que me lo diga", y aquí se puede decir: "no hagas a otro lo que a ti no te agrada" (Tb 4, 16) o poniéndolo en positivo, has a los demás lo que quieres que hagan por ti.
Y, también juegan las matemáticas en mi contra: yo ya lo he llamado varias veces, que llame Él ahora. Y, como diría alguien: "en el amor no existen las matemáticas".
Si realmente amo, amo y no pongo por delante del amor ni el orgullo, ni la vanidad, ni las matemáticas. Si me hace bien estar con alguien búscalo, llámalo, acércate, deja de lado tu yo y vive el amor.
También, en la relación con Jesús existe otro factor que puede ser muchas veces determinante: que si me acerco mucho Él se acerca más y me va a exigir algo que no quiero dar. El miedo a que Dios me pida lo que no tengo intención de darle, sin pensar que el Amor sólo puede querer de mí mi felicidad, mi plenitud, el gozo más profundo y sincero que puedo vivir.
Pero temo, temo que no quiera renunciar a mi vida, a mi yo, a mis gustos y principios, porque últimamente no sólo estoy con el Señor, sino también fuera del Señor, fuera de su Amor, fuera de su Ley. Porque Él ya nos dijo: "quien me ama cumplirá mis mandamientos, y el Padre y yo vendremos a él y haremos morada en Él". Pero eso de cumplir los mandamientos.... no estoy seguro de querer hacerlo, salvo los que me gustan, pero hay algunos que no me parecen propios para este siglo.
Y por eso no acerco, o no me acerco lo suficiente
Y así me pierdo lo mejor de nuestra vida: que Él habite en mí, que su Amor se haga vida en mí, y con Su Amor, Su Luz, Su Vida, Su Verdad, es decir que el Reino esté en mí y yo viva la alegría de vivir en Dios.
martes, 18 de noviembre de 2014
Porque no eres ni frío ni caliente...
El evangelista Lucas nos cuenta que:
"Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí".
¿Qué hacemos nosotros para encontrarnos con Jesús? ¿Hacemos el esfuerzo de ir hacia Él? ¿Dejamos de lado nuestra vergüenza, timidez, pereza, egoísmo o vanidad y vamos hacia Él?
Zaqueo sólo conocía la fama de Jesús, y como todo persona que sabe que va a venir un famoso a su ciudad hizo lo posible por ir a verlo. Y, aunque también él era conocido y un funcionario público no le importó avergonzarse para poder verlo. Y ese valor y esfuerzo tuvo su premio.
Nosotros, que sabemos más que Zaqueo (creo) sobre Jesús, la más de las veces no hacemos ningún esfuerzo por encontrarnos con Él ya sea en la oración, en la reflexión de Su Palabra, y, quizás menos, en la Eucaristía.
Lo peor es que sabemos que cuando rezamos, leemos la Palabra, y sobre todo, cuando recibimos la Eucaristía, nos sentimos bien, recibimos paz, fortalecemos nuestro espíritu, pero... siempre hay algo que nos hace renunciar a lo que es lo mejor para nosotros.
Y así, con esta actitud de pasividad y de poca Gracia, nos volvemos tibios, mediocres, no llegamos a ser quienes deberíamos: hombres santos llenos de la Gracia del Señor que puedan transformar el mundo. No tenemos la fuerza, ni la energía, ni la Gracia necesaria para cambiar, ni siquiera mi pereza por valor para ir al encuentro del Señor.
Por eso a nosotros nos vale lo que dice el Señor, por medio de Juan, en el Apocalipsis:
"Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca".
¿No será tiempo de reconocer nuestra tibieza? ¿No será tiempo de darnos cuenta que los que hacen más cosas son los otros porque nosotros no hacemos nada? ¿No será tiempo de pensar que el mal que crece en el mundo es por ausencia de personas que se jueguen por el bien? ¿No será tiempo de descubrir nuestra ausencia en el mundo?
Dios nos quiere atentos y vigilantes, pero para ello debemos de dejar de lado nuestras tonterías y decidirnos como Zaqueo a ir al encuentro de Jesús, dejar que Él nos vea y que venga a nuestra vida para que nos aliente, nos fortalezca, nos convierta y nos ayude a ser lo que hemos de ser: hombres santos que con la Gracia del Señor transforman el mundo.
"Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí".
¿Qué hacemos nosotros para encontrarnos con Jesús? ¿Hacemos el esfuerzo de ir hacia Él? ¿Dejamos de lado nuestra vergüenza, timidez, pereza, egoísmo o vanidad y vamos hacia Él?
Zaqueo sólo conocía la fama de Jesús, y como todo persona que sabe que va a venir un famoso a su ciudad hizo lo posible por ir a verlo. Y, aunque también él era conocido y un funcionario público no le importó avergonzarse para poder verlo. Y ese valor y esfuerzo tuvo su premio.
Nosotros, que sabemos más que Zaqueo (creo) sobre Jesús, la más de las veces no hacemos ningún esfuerzo por encontrarnos con Él ya sea en la oración, en la reflexión de Su Palabra, y, quizás menos, en la Eucaristía.
Lo peor es que sabemos que cuando rezamos, leemos la Palabra, y sobre todo, cuando recibimos la Eucaristía, nos sentimos bien, recibimos paz, fortalecemos nuestro espíritu, pero... siempre hay algo que nos hace renunciar a lo que es lo mejor para nosotros.
Y así, con esta actitud de pasividad y de poca Gracia, nos volvemos tibios, mediocres, no llegamos a ser quienes deberíamos: hombres santos llenos de la Gracia del Señor que puedan transformar el mundo. No tenemos la fuerza, ni la energía, ni la Gracia necesaria para cambiar, ni siquiera mi pereza por valor para ir al encuentro del Señor.
Por eso a nosotros nos vale lo que dice el Señor, por medio de Juan, en el Apocalipsis:
"Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca".
¿No será tiempo de reconocer nuestra tibieza? ¿No será tiempo de darnos cuenta que los que hacen más cosas son los otros porque nosotros no hacemos nada? ¿No será tiempo de pensar que el mal que crece en el mundo es por ausencia de personas que se jueguen por el bien? ¿No será tiempo de descubrir nuestra ausencia en el mundo?
Dios nos quiere atentos y vigilantes, pero para ello debemos de dejar de lado nuestras tonterías y decidirnos como Zaqueo a ir al encuentro de Jesús, dejar que Él nos vea y que venga a nuestra vida para que nos aliente, nos fortalezca, nos convierta y nos ayude a ser lo que hemos de ser: hombres santos que con la Gracia del Señor transforman el mundo.
lunes, 17 de noviembre de 2014
Volver al Amor primero
Comenzamos la última semana del tiempo litúrgico y nos acercamos a la Fiesta de Jesucristo Rey del Universo, para luego comenzar el tiempo del Adviento, la espera del Mesías. Son semanas en las que la liturgia nos seguirá presentando el final de los tiempos y nos llamará a un examen acerca de cómo hemos vivido este año y de nuestro fidelidad al Señor.
Y para comenzar, el Apocalipsis nos pone frente a un examen muy difícil, pues es dura la acusación que el Señor hace.
"Eres tenaz, has sufrido por mi y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero. Recuerda de dónde has caldo, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes."
Fijaos que primero el Señor hace referencia a ojos humanos, una vida ejemplar: la tenacidad y la entrega en el sufrimiento, algo loable y que nos parece que es lo mejor que podemos hacer en nuestra vida de fe. Pero es que muchas veces lo hacemos por orgullo o vanidad, sin poner en eso lo mejor de nosotros.
Y, por eso, el Señor le recrimina: "pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero", es decir has abandonado el sentido, lo esencial de todo. Te has quedado con las obras y has perdido el amor.
Y, ¿por qué se pierde "el amor primero"? Porque nos alejamos de lo esencial, nos alejamos de Aquél que es el Amor Primero, y hacemos las cosas por costumbre, por rutina, porque siempre lo hicimos, y, también por orgullo o vanidad. Por eso lo que hacemos va perdiendo el fuego del principio, y al perder el fuego del Amor no produce los frutos que el Señor quiere, ni frutos para mi alma, ni frutos para los demás.
E insiste: "recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes". Es decir ¿por qué comenzaste a vivir la fe? ¿Porqué encontraste en el Señor el sentido de tu vida? ¿Por qué aceptaste su amor, por qué te dejaste seducir por el Amor de Dios? Volver al origen, a la fuente de agua viva en la cual recibías toda la gracia y la fortaleza para alcanzar la plenitud de la Vida.
Porque muchas veces, cuando nos sentimos bien, cuando vemos que todo marcha bien en nuestras vidas, creemos que podemos seguir sin acercarnos a la Fuente de la Vida, a la Vida que nos dio vida, al Amor que encendió nuestro amor, y por eso, con el tiempo se va apagando la pasión del Amor Primero, y seguimos haciendo las mismas cosas pero por costumbre, hasta que un día sin saber por qué lo hago deje de hacer, deje de amar y busque otro camino, pero será otro camino y no el Camino.
Y para comenzar, el Apocalipsis nos pone frente a un examen muy difícil, pues es dura la acusación que el Señor hace.
"Eres tenaz, has sufrido por mi y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero. Recuerda de dónde has caldo, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes."
Fijaos que primero el Señor hace referencia a ojos humanos, una vida ejemplar: la tenacidad y la entrega en el sufrimiento, algo loable y que nos parece que es lo mejor que podemos hacer en nuestra vida de fe. Pero es que muchas veces lo hacemos por orgullo o vanidad, sin poner en eso lo mejor de nosotros.
Y, por eso, el Señor le recrimina: "pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero", es decir has abandonado el sentido, lo esencial de todo. Te has quedado con las obras y has perdido el amor.
Y, ¿por qué se pierde "el amor primero"? Porque nos alejamos de lo esencial, nos alejamos de Aquél que es el Amor Primero, y hacemos las cosas por costumbre, por rutina, porque siempre lo hicimos, y, también por orgullo o vanidad. Por eso lo que hacemos va perdiendo el fuego del principio, y al perder el fuego del Amor no produce los frutos que el Señor quiere, ni frutos para mi alma, ni frutos para los demás.
E insiste: "recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes". Es decir ¿por qué comenzaste a vivir la fe? ¿Porqué encontraste en el Señor el sentido de tu vida? ¿Por qué aceptaste su amor, por qué te dejaste seducir por el Amor de Dios? Volver al origen, a la fuente de agua viva en la cual recibías toda la gracia y la fortaleza para alcanzar la plenitud de la Vida.
Porque muchas veces, cuando nos sentimos bien, cuando vemos que todo marcha bien en nuestras vidas, creemos que podemos seguir sin acercarnos a la Fuente de la Vida, a la Vida que nos dio vida, al Amor que encendió nuestro amor, y por eso, con el tiempo se va apagando la pasión del Amor Primero, y seguimos haciendo las mismas cosas pero por costumbre, hasta que un día sin saber por qué lo hago deje de hacer, deje de amar y busque otro camino, pero será otro camino y no el Camino.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Ser fiel en el día a día
¿Cuando es el día final? Ha sido una pregunta que siempre ha ocupado el pensamiento de todos los hombres. Pero Dios nos invita a no pensar en el día final, sino a poner todo nuestro ser en el día presente, en este día, pues este día termina esta noche. Y ¿cómo lo hemos vivido? ¿Hemos sido fiel en lo que se nos ha confiado? ¿Hemos trabajado para sacar provecho de los talentos que nos regalado? ¿En qué hemos invertido nuestro tiempo, nuestro cariño, nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor?
Estos tiempos que vivimos nos enseñan a vivir pendientes del mañana, y a correr detrás de un futuro en el que no tengamos preocupaciones. Pero al correr detrás del futuro no voy teniendo tiempo para disfrutar del presente, se me van pasando muchas oportunidades de compartir, de disfrutar, de recibir. Voy como caballo de carrera, con los ojos casi tapados, viendo solo la línea de meta. En el camino solo pienso en dejar atrás a los que van a mi lado.
Pero, cuando llegue a la meta (si llego) habré disfrutado de la carrera?
"No os preocupéis por el mañana pues cada día tiene su propio afán" dice Jesús. Y cada día que termina es el fin, pues ese día ya no volverá ¿he sido fiel en este día? ¿He preguntado al Padre como vivir este día?
No nos preocupemos tantos por como hemos de vestir o que hemos de comer, ocupémonos de vivir en fidelidad a la voluntad del Padre, pues El nos ayudará a vivir el afán de cada día, El nos dará cada día la gracia necesaria para ser fiel a los talentos que nos ha dado para ese, y, sobre todo para que ese día de el fruto abundante que llene mi vida y la de los que están a mi lado.
Estos tiempos que vivimos nos enseñan a vivir pendientes del mañana, y a correr detrás de un futuro en el que no tengamos preocupaciones. Pero al correr detrás del futuro no voy teniendo tiempo para disfrutar del presente, se me van pasando muchas oportunidades de compartir, de disfrutar, de recibir. Voy como caballo de carrera, con los ojos casi tapados, viendo solo la línea de meta. En el camino solo pienso en dejar atrás a los que van a mi lado.
Pero, cuando llegue a la meta (si llego) habré disfrutado de la carrera?
"No os preocupéis por el mañana pues cada día tiene su propio afán" dice Jesús. Y cada día que termina es el fin, pues ese día ya no volverá ¿he sido fiel en este día? ¿He preguntado al Padre como vivir este día?
No nos preocupemos tantos por como hemos de vestir o que hemos de comer, ocupémonos de vivir en fidelidad a la voluntad del Padre, pues El nos ayudará a vivir el afán de cada día, El nos dará cada día la gracia necesaria para ser fiel a los talentos que nos ha dado para ese, y, sobre todo para que ese día de el fruto abundante que llene mi vida y la de los que están a mi lado.
sábado, 15 de noviembre de 2014
Somos modelo de vida...
A caminar sin ti, Señor, no atino;
tu palabra de fuego es mi sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del espino.
En el oficio de lecturas de hoy hay una homilía de un autor del siglo segundo, que luego de aclarar que él como todos los demás también sufre el pecado y la tentación, tiene el deber de exhortar a la conversión y a buscar el bien. Por eso dice:
"...os pido por favor que os arrepintáis de todo corazón, con lo que obtendréis la salvación y la vida. Obrando así serviremos de modelo a todos aquellos jóvenes que quieren consagrarse a la bondad y al amor de Dios. No tomemos a mal ni nos enfademos tontamente cuando alguien nos corrija con el fin de retornarnos al buen camino, porque a veces obramos el mal sin darnos cuenta, por nuestra doblez de alma y por la incredulidad que hay en nuestro interior, y porque tenemos sumergido el pensamiento en las tinieblas a causa de nuestras malas tendencias".
Cada uno de nosotros, tú y yo, somos modelos para todos, jóvenes y no tanto. Sí, a veces no queremos aceptar que nuestra vida es un modelo, y no porque sea perfecta, sino porque siempre hay alguien en la familia, en l trabajo, entre nuestras amistades, por nuestra profesión, por nuestra fama, o por lo que sea, que nos está observando, que mira cuanto decimos y cuanto hacemos. Seguro que nuestra "humildad" no nos deja pensar en eso, y por eso, algunas veces nos escudamos en que no queremos ser "modelos de nadie" para poder vivir como se nos antoja.
Pero... la realidad es que Dios nos ha llamado para ser Luz, Sal y Fermento en el mundo. Lo hemos recibido el día de nuestro bautismo y, más aún, cuando tomamos conciencia de que somos cristianos. Viene todo junto en el mismo paquete. Y, aunque no nos guste, somos modelos de vida y para ello hemos recibido y recibiremos la Gracia suficiente y necesaria para poder vivir de acuerdo a lo que creemos y a lo que anhelamos, siempre y cuando esté en consonancia con la Voluntad de Dios.
Y, en este mismo paquete, para que alcancemos la perfección en la santidad vienen juntos los derechos y las obligaciones. Los derechos de recibir todo lo necesario para ser Fieles a la Vida que se nos ha dado y se nos pide, y las obligaciones de corregir a nuestros hermanos y de aceptar las correcciones, y todo buscando que esté sostenido por el Amor.
Sí, porque desde el amor corregiré a mi hermano para que no pierda el rumbo hacia la Vida, y con amor aceptaré las correcciones que me hagan para que no pierda el rumbo en el camino de la santidad.
tu palabra de fuego es mi sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del espino.
En el oficio de lecturas de hoy hay una homilía de un autor del siglo segundo, que luego de aclarar que él como todos los demás también sufre el pecado y la tentación, tiene el deber de exhortar a la conversión y a buscar el bien. Por eso dice:
"...os pido por favor que os arrepintáis de todo corazón, con lo que obtendréis la salvación y la vida. Obrando así serviremos de modelo a todos aquellos jóvenes que quieren consagrarse a la bondad y al amor de Dios. No tomemos a mal ni nos enfademos tontamente cuando alguien nos corrija con el fin de retornarnos al buen camino, porque a veces obramos el mal sin darnos cuenta, por nuestra doblez de alma y por la incredulidad que hay en nuestro interior, y porque tenemos sumergido el pensamiento en las tinieblas a causa de nuestras malas tendencias".
Cada uno de nosotros, tú y yo, somos modelos para todos, jóvenes y no tanto. Sí, a veces no queremos aceptar que nuestra vida es un modelo, y no porque sea perfecta, sino porque siempre hay alguien en la familia, en l trabajo, entre nuestras amistades, por nuestra profesión, por nuestra fama, o por lo que sea, que nos está observando, que mira cuanto decimos y cuanto hacemos. Seguro que nuestra "humildad" no nos deja pensar en eso, y por eso, algunas veces nos escudamos en que no queremos ser "modelos de nadie" para poder vivir como se nos antoja.
Pero... la realidad es que Dios nos ha llamado para ser Luz, Sal y Fermento en el mundo. Lo hemos recibido el día de nuestro bautismo y, más aún, cuando tomamos conciencia de que somos cristianos. Viene todo junto en el mismo paquete. Y, aunque no nos guste, somos modelos de vida y para ello hemos recibido y recibiremos la Gracia suficiente y necesaria para poder vivir de acuerdo a lo que creemos y a lo que anhelamos, siempre y cuando esté en consonancia con la Voluntad de Dios.
Y, en este mismo paquete, para que alcancemos la perfección en la santidad vienen juntos los derechos y las obligaciones. Los derechos de recibir todo lo necesario para ser Fieles a la Vida que se nos ha dado y se nos pide, y las obligaciones de corregir a nuestros hermanos y de aceptar las correcciones, y todo buscando que esté sostenido por el Amor.
Sí, porque desde el amor corregiré a mi hermano para que no pierda el rumbo hacia la Vida, y con amor aceptaré las correcciones que me hagan para que no pierda el rumbo en el camino de la santidad.
viernes, 14 de noviembre de 2014
Conquistados por el Amor
Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.
Hay momentos en los que una palabra, aunque la hayas escuchado mil veces, te resuena a los oídos como si nunca la hubieras escuchado. Y eso es lo que me pasa hoy con la carta de San Juan. Me ha asombrado que la escriba a alguien en particular y sobre todo su contenido, pero más aún aclara algo que siempre he pensado, y que hoy resuena más que nunca.
"No pienses que escribo para mandar algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. Y amar significa seguir los mandamientos de Dios. Como oísteis desde el principio, éste es el mandamiento que debe regir vuestra conducta".
Sí, todo lo que escuchamos, leemos o predicamos es para poder entender y así poder vivir lo que Cristo nos anunció en un primero momento y nos pidió vivir. No podemos modificar el mensaje de Cristo, no podemos cambiar el sentido de lo que nos pidió vivir, porque ni siquiera Él quiso modificar lo que el Padre había mostrado como el Camino para llegar a Él, como el Camino para formar y vivir en el Pueblo de Dios.
Muchas veces nos sucede como lo que criticaba Jesús a su pueblo que poníamos tantas nuevas aclaraciones y prescripciones que, al final, terminábamos por no cumplir la Ley y los Profetas. Por eso, Jesús resumió toda la Ley y los Profetas en un sólo mandamiento:
"Un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os he amado".
Por esa razón es que nos mostró primero su Amor amándonos hasta el extremo, y nos dio testimonio de que pediendo la vida, o mejor dicho dejando nuestra vida en manos del Padre, y viviendo una obediencia radical por Amor, obtendríamos una Vida Nueva, la Vida que nace de la Gracia, la Gracia del Amor que nos enciende en una entrega constante y generosa.
Pero no podemos pensar una entrega por obligación, ni una relación con Dios por obligación. No podemos pensar una entrega por miedo, ni una relación por miedo. Sino que sólo se puede llegar a vivir y a entender que todo lo que hagamos y vivamos lo realicemos porque "hemos descubierto el Amor que Dios nos tiene", y ese Amor nos ha enamorado, nos ha seducido y nos ha conquistado.
Así sólo el corazón enamorado puede abandonar su vida para ir tras su Amor, sólo el corazón que ha conocido el Amor puede rendirse a sus pies y uniendo su vida a Su Vida iniciar un nuevo Camino que lo llene del gozo de Amar y ser amado. Y será ese gozo el que transmitamos, el que contagiemos, será el gozo de creer y de vivir en el Amor el que invitará a otros corazones a dejarse conquistar por el Amor.
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.
Hay momentos en los que una palabra, aunque la hayas escuchado mil veces, te resuena a los oídos como si nunca la hubieras escuchado. Y eso es lo que me pasa hoy con la carta de San Juan. Me ha asombrado que la escriba a alguien en particular y sobre todo su contenido, pero más aún aclara algo que siempre he pensado, y que hoy resuena más que nunca.
"No pienses que escribo para mandar algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. Y amar significa seguir los mandamientos de Dios. Como oísteis desde el principio, éste es el mandamiento que debe regir vuestra conducta".
Sí, todo lo que escuchamos, leemos o predicamos es para poder entender y así poder vivir lo que Cristo nos anunció en un primero momento y nos pidió vivir. No podemos modificar el mensaje de Cristo, no podemos cambiar el sentido de lo que nos pidió vivir, porque ni siquiera Él quiso modificar lo que el Padre había mostrado como el Camino para llegar a Él, como el Camino para formar y vivir en el Pueblo de Dios.
Muchas veces nos sucede como lo que criticaba Jesús a su pueblo que poníamos tantas nuevas aclaraciones y prescripciones que, al final, terminábamos por no cumplir la Ley y los Profetas. Por eso, Jesús resumió toda la Ley y los Profetas en un sólo mandamiento:
"Un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os he amado".
Por esa razón es que nos mostró primero su Amor amándonos hasta el extremo, y nos dio testimonio de que pediendo la vida, o mejor dicho dejando nuestra vida en manos del Padre, y viviendo una obediencia radical por Amor, obtendríamos una Vida Nueva, la Vida que nace de la Gracia, la Gracia del Amor que nos enciende en una entrega constante y generosa.
Pero no podemos pensar una entrega por obligación, ni una relación con Dios por obligación. No podemos pensar una entrega por miedo, ni una relación por miedo. Sino que sólo se puede llegar a vivir y a entender que todo lo que hagamos y vivamos lo realicemos porque "hemos descubierto el Amor que Dios nos tiene", y ese Amor nos ha enamorado, nos ha seducido y nos ha conquistado.
Así sólo el corazón enamorado puede abandonar su vida para ir tras su Amor, sólo el corazón que ha conocido el Amor puede rendirse a sus pies y uniendo su vida a Su Vida iniciar un nuevo Camino que lo llene del gozo de Amar y ser amado. Y será ese gozo el que transmitamos, el que contagiemos, será el gozo de creer y de vivir en el Amor el que invitará a otros corazones a dejarse conquistar por el Amor.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Llevemos el Reino de dios al mundo
Ante la pregunta de los discípulos de cuándo llegaría el Reino de Dios, Jesús les responde:
-«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
¿El Reino de Dios está dentro nuestro? Pero no se nota, dirán algunos.
Pero es verdad, que no se nota también es verdad.
¿Por qué el Reino de Dios está dentro nuestro? Porque el Reino de Dios es un Reino de Amor, un Reino donde reside el Espíritu de Dios, que es Espíritu de Amor, y ese Espíritu nos ha sido dado en nuestro bautismo. Por eso, el Reino de Dios habita en nosotros.
Y es verdad que no se nota, porque no nos damos cuenta el tesoro que llevamos escondido en nosotros mismos, un tesoro que tenemos repartir a manos llenas por el mundo, para que todos puedan vivir la alegría del Espíritu que habita en cada uno. Pero cuando no repartimos ese gozo del Reino, cuando no mostramos cómo es realmente el Reino, entonces los que no tiene fe no creen.
Decía hoy un Autor anónimo en la lectura del oficio:
"Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira".
Aunque también es cierto que, muchas veces, somos nosotros, los que hemos sido llamados y elegidos, los que poseemos el Don del Espíritu, quienes no creemos en la Palabra de Dios, quienes dudamos de su Amor, quienes cerramos nuestro corazón a Su Voluntad. Y, así, nos perdemos el hermoso don de asombrarnos del Amor, nos perdemos el gozo de creer en la Buena Noticia, nos olvidamos de la esperanza a la que hemos sido llamados.
Y nuestra vida pasa a vivir en la tiniebla de la desolación, de la tristeza, de la desesperanza, porque teniendo un gran tesoro sólo nos fijamos en el recipiente de barro que lo contiene.
Apreciemos el tesoro que llevamos escondido, descubramos el hermoso Don de Dios en nuestra vidas, saboreemos el manjar que Dios pone en nuestra Mesa para alimentar nos deseos de santidad, y salgamos al mundo a llevar la hermosa noticia que el Reino de Dios ha llegado a nosotros, porque está en nosotros.
Démosle esperanzas a un mundo que ha perdido la confianza. Démosle alegría a un mundo que está envuelto en la tristeza y el desconsuelo. Démosle la luz de la Verdad a un mundo que vive en la oscuridad del Príncipe de este mundo. Démosle al mundo una razón para creer que es posible un Hombre Nuevo porque Dios nos ha hecho a nosotros hombres nuevos.
-«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
¿El Reino de Dios está dentro nuestro? Pero no se nota, dirán algunos.
Pero es verdad, que no se nota también es verdad.
¿Por qué el Reino de Dios está dentro nuestro? Porque el Reino de Dios es un Reino de Amor, un Reino donde reside el Espíritu de Dios, que es Espíritu de Amor, y ese Espíritu nos ha sido dado en nuestro bautismo. Por eso, el Reino de Dios habita en nosotros.
Y es verdad que no se nota, porque no nos damos cuenta el tesoro que llevamos escondido en nosotros mismos, un tesoro que tenemos repartir a manos llenas por el mundo, para que todos puedan vivir la alegría del Espíritu que habita en cada uno. Pero cuando no repartimos ese gozo del Reino, cuando no mostramos cómo es realmente el Reino, entonces los que no tiene fe no creen.
Decía hoy un Autor anónimo en la lectura del oficio:
"Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras, empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira".
Aunque también es cierto que, muchas veces, somos nosotros, los que hemos sido llamados y elegidos, los que poseemos el Don del Espíritu, quienes no creemos en la Palabra de Dios, quienes dudamos de su Amor, quienes cerramos nuestro corazón a Su Voluntad. Y, así, nos perdemos el hermoso don de asombrarnos del Amor, nos perdemos el gozo de creer en la Buena Noticia, nos olvidamos de la esperanza a la que hemos sido llamados.
Y nuestra vida pasa a vivir en la tiniebla de la desolación, de la tristeza, de la desesperanza, porque teniendo un gran tesoro sólo nos fijamos en el recipiente de barro que lo contiene.
Apreciemos el tesoro que llevamos escondido, descubramos el hermoso Don de Dios en nuestra vidas, saboreemos el manjar que Dios pone en nuestra Mesa para alimentar nos deseos de santidad, y salgamos al mundo a llevar la hermosa noticia que el Reino de Dios ha llegado a nosotros, porque está en nosotros.
Démosle esperanzas a un mundo que ha perdido la confianza. Démosle alegría a un mundo que está envuelto en la tristeza y el desconsuelo. Démosle la luz de la Verdad a un mundo que vive en la oscuridad del Príncipe de este mundo. Démosle al mundo una razón para creer que es posible un Hombre Nuevo porque Dios nos ha hecho a nosotros hombres nuevos.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Más humano, más santo
La carta de San Pablo a Tito es una larga recomendación para la educación de la nueva comunidad. Pero es una recomendación que no está basada en la soberbia de aquél que es perfecto desde siempre, siempre sino porque no habiendo sido perfecto encontró el camino de la perfección. Por eso Pablo le dice a Tito:
"Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros".
Me pareció una hermosa lección, porque, a pesar de la pasión que pone Pablo en la formación de las nuevas personas a imagen de Jesús, y cuánto habla de lo que él es a partir de su conversión, nunca se olvida de lo que fue. Y eso nos da una pauta de que lo que encontró en el cristianismo, en este Camino, es un Camino Nuevo y Verdadero que conduce a la felicidad, a la plenitud.
Sin olvidar quiénes fuimos poner la mirada en la esperanza de un Hombre Nuevo que ha descubierto y quiere vivir la Novedad del Evangelio, por eso se empeña en recuperar la originalidad del ser hijo de Dios.
Y, uno de los valores fundamentales de esa originalidad es la gratitud, un valor que Jesús marca y señala en el Evangelio de hoy:
"¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Y no lo señala por que Él necesite que nosotros le agradezcamos lo que hace, pues lo hace por amor, sino porque es necesario para nosotros ser agradecidos, reconocer lo que los demás hacen por nosotros, lo que nos brindan, lo que nos ayudan. No somos el centro del universo y por eso todos han de girar a nuestro ritmo y hacer lo que nosotros queremos, incluido Dios.
Por eso, actitudes de agradecimiento que vemos a nuestro alrededor nos sorprenden como algo extraordinario, cuando tendría que ser lo más ordinario en la vida del hombre: ser agradecido, pedir las cosas por favor, saludar al entrar y al salir, pedir permiso, y tantas otras cosas más que hacen a las buenas costumbres en nuestras vidas.
Lo más hermoso que Jesús quiere rescatar del hombre son sus propios valores, aquellos que lo hacen cada día más humano, para poder así, con la Gracia, ser cada día más santo.
"Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género, nos pasábamos la vida fastidiando y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros".
Me pareció una hermosa lección, porque, a pesar de la pasión que pone Pablo en la formación de las nuevas personas a imagen de Jesús, y cuánto habla de lo que él es a partir de su conversión, nunca se olvida de lo que fue. Y eso nos da una pauta de que lo que encontró en el cristianismo, en este Camino, es un Camino Nuevo y Verdadero que conduce a la felicidad, a la plenitud.
Sin olvidar quiénes fuimos poner la mirada en la esperanza de un Hombre Nuevo que ha descubierto y quiere vivir la Novedad del Evangelio, por eso se empeña en recuperar la originalidad del ser hijo de Dios.
Y, uno de los valores fundamentales de esa originalidad es la gratitud, un valor que Jesús marca y señala en el Evangelio de hoy:
"¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Y no lo señala por que Él necesite que nosotros le agradezcamos lo que hace, pues lo hace por amor, sino porque es necesario para nosotros ser agradecidos, reconocer lo que los demás hacen por nosotros, lo que nos brindan, lo que nos ayudan. No somos el centro del universo y por eso todos han de girar a nuestro ritmo y hacer lo que nosotros queremos, incluido Dios.
Por eso, actitudes de agradecimiento que vemos a nuestro alrededor nos sorprenden como algo extraordinario, cuando tendría que ser lo más ordinario en la vida del hombre: ser agradecido, pedir las cosas por favor, saludar al entrar y al salir, pedir permiso, y tantas otras cosas más que hacen a las buenas costumbres en nuestras vidas.
Lo más hermoso que Jesús quiere rescatar del hombre son sus propios valores, aquellos que lo hacen cada día más humano, para poder así, con la Gracia, ser cada día más santo.
martes, 11 de noviembre de 2014
Predica lo que vives
Hoy San Pablo nos hace una linda sugerencia (aunque, a veces, un poco complicada):
"Habla de lo que es conforme a la sana doctrina.
Porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras".
¿Por qué complicado? Porque nos olvidamos cuál es la sana doctrina. Nos vamos dejando convencer de que "como todos lo hacen", creemos que ya está dentro de la doctrina cristiana, y por eso nos vamos convenciendo que eso es lo que tenemos que decir que vale para nuestra vida.
Y, no, no es así. Seguro que muchos no van a estar de acuerdo, pero el Evangelio no se puede ir cambiando como van cambiando las costumbres de los hombres. Los mandamientos, los consejos evangélicos son eternos e inmutables, porque, según nuestra fe es Palabra de Dios.
Los podemos ir explicando de acuerdo a los tiempos, pero siempre seguirán siendo los mismos. Podremos aggionarlos a la manera de vivir, pero siempre serán los mismos, pues es la raíz de nuestra existencia como cristianos.
Por eso es necesario que a medida que crecemos, maduramos, vayamos reflexionando sobre la doctrina de nuestra fe, porque nos hemos quedado con lo aprendido en la catequesis de niños y eso ya no nos da respuestas a lo que vivimos de adultos. Para eso está el Catecismo de la Iglesia que nos ayuda a comprender mejor lo que Dios nos ha dicho en Su Palabra, nos ayuda a reflexionar sobre los principios de nuestra vida de fe.
Claro que para aceptar lo que Dios nos dice por medio de sus instrumentos hemos de entender que la nuestra es una vida de fe, que lo que vivimos es lo que creemos, y que lo creemos es lo que nos han transmitido, y que lo que nos han transmitido es lo que el Espíritu Santo ha creído necesario para nuestra vida de fe.
No podemos entender los consejos evangélicos si no partimos de la fe, de la fe que hemos recibido en nuestro bautismo y que nos da la Gracia para aceptar esta Vida Nueva que nace del Espíritu.
Así me acuerdo de lo que elegimos para el día de nuestra ordenación sacerdotal, que es una frase de la liturgia de la ordenación:
"Cree lo que lees, predica lo que crees y vive lo que predicas".
"Habla de lo que es conforme a la sana doctrina.
Porque ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras".
¿Por qué complicado? Porque nos olvidamos cuál es la sana doctrina. Nos vamos dejando convencer de que "como todos lo hacen", creemos que ya está dentro de la doctrina cristiana, y por eso nos vamos convenciendo que eso es lo que tenemos que decir que vale para nuestra vida.
Y, no, no es así. Seguro que muchos no van a estar de acuerdo, pero el Evangelio no se puede ir cambiando como van cambiando las costumbres de los hombres. Los mandamientos, los consejos evangélicos son eternos e inmutables, porque, según nuestra fe es Palabra de Dios.
Los podemos ir explicando de acuerdo a los tiempos, pero siempre seguirán siendo los mismos. Podremos aggionarlos a la manera de vivir, pero siempre serán los mismos, pues es la raíz de nuestra existencia como cristianos.
Por eso es necesario que a medida que crecemos, maduramos, vayamos reflexionando sobre la doctrina de nuestra fe, porque nos hemos quedado con lo aprendido en la catequesis de niños y eso ya no nos da respuestas a lo que vivimos de adultos. Para eso está el Catecismo de la Iglesia que nos ayuda a comprender mejor lo que Dios nos ha dicho en Su Palabra, nos ayuda a reflexionar sobre los principios de nuestra vida de fe.
Claro que para aceptar lo que Dios nos dice por medio de sus instrumentos hemos de entender que la nuestra es una vida de fe, que lo que vivimos es lo que creemos, y que lo creemos es lo que nos han transmitido, y que lo que nos han transmitido es lo que el Espíritu Santo ha creído necesario para nuestra vida de fe.
No podemos entender los consejos evangélicos si no partimos de la fe, de la fe que hemos recibido en nuestro bautismo y que nos da la Gracia para aceptar esta Vida Nueva que nace del Espíritu.
Así me acuerdo de lo que elegimos para el día de nuestra ordenación sacerdotal, que es una frase de la liturgia de la ordenación:
"Cree lo que lees, predica lo que crees y vive lo que predicas".
lunes, 10 de noviembre de 2014
Sacerdotes, profetas y reyes
Dice San León Magno en uno de sus Sermones:
"La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón?"
Una hermosa realidad de la que participamos todos los bautizados, una realidad de la que no somos, generalmente, conscientes y, por eso, no la utilizamos como debemos. Por que, si bien es cierto que todos los cristianos somos tan humanos como el resto de los mortales, también es cierto y digno de fe (para los que creemos) que se nos ha concedido un espíritu que nos dignifica y nos concede la Gracia de ser sacerdotes, profetas y reyes.
Una dignidad que no quiere decir que seamos más o menos que los demás, sino que nos identifica y nos da la pauta de quiénes somos; hijos en el Hijo, y a imagen del Hijo y como el Hijo con una misión particular de renovar el mundo con nuestra vida y nuestra entrega.
Como profetas hemos de tener el oído y el corazón abiertos a la Palabra de Dios para saber qué es lo que hemos de decir y en qué momento. Hemos de estar dispuestos a anunciar el Camino en la Verdad que conduce a la Vida, no permitir que el engaño del Príncipe de este mundo guíe a nuestros hermanos por el sendero del pecado y de la muerte.
Como reyes debemos regir nuestras vidas según el espíritu que se nos ha dado, para que el Reino de Dios habite en mí y llegue así a mis hermanos. El Reino de la Verdad, del Amor, de la Paz, de la Justicia.
Como sacerdotes somos un Puente por donde Dios llega a los hombres y los hombres llegan a Dios, pues en el altar de nuestro corazón le ofrecemos al Señor todos los deseos y necesidades de nuestros hermanos. Y con el sacrificio de nuestra vida y nuestra alabanza alcanzamos las Gracias para aquellos que las necesiten.
Por todo esto y por más nuestra vida de hijos de Dios a imagen del Hijo, no es poca cosa, por eso nos viene bien que muchas veces nos acordemos de quienes somos para hacer realidad lo que el Padre nos ha regalado, y para lo cual nos ha ungido con el Crisma de Salvación.
"La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón?"
Una hermosa realidad de la que participamos todos los bautizados, una realidad de la que no somos, generalmente, conscientes y, por eso, no la utilizamos como debemos. Por que, si bien es cierto que todos los cristianos somos tan humanos como el resto de los mortales, también es cierto y digno de fe (para los que creemos) que se nos ha concedido un espíritu que nos dignifica y nos concede la Gracia de ser sacerdotes, profetas y reyes.
Una dignidad que no quiere decir que seamos más o menos que los demás, sino que nos identifica y nos da la pauta de quiénes somos; hijos en el Hijo, y a imagen del Hijo y como el Hijo con una misión particular de renovar el mundo con nuestra vida y nuestra entrega.
Como profetas hemos de tener el oído y el corazón abiertos a la Palabra de Dios para saber qué es lo que hemos de decir y en qué momento. Hemos de estar dispuestos a anunciar el Camino en la Verdad que conduce a la Vida, no permitir que el engaño del Príncipe de este mundo guíe a nuestros hermanos por el sendero del pecado y de la muerte.
Como reyes debemos regir nuestras vidas según el espíritu que se nos ha dado, para que el Reino de Dios habite en mí y llegue así a mis hermanos. El Reino de la Verdad, del Amor, de la Paz, de la Justicia.
Como sacerdotes somos un Puente por donde Dios llega a los hombres y los hombres llegan a Dios, pues en el altar de nuestro corazón le ofrecemos al Señor todos los deseos y necesidades de nuestros hermanos. Y con el sacrificio de nuestra vida y nuestra alabanza alcanzamos las Gracias para aquellos que las necesiten.
Por todo esto y por más nuestra vida de hijos de Dios a imagen del Hijo, no es poca cosa, por eso nos viene bien que muchas veces nos acordemos de quienes somos para hacer realidad lo que el Padre nos ha regalado, y para lo cual nos ha ungido con el Crisma de Salvación.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Somos piedras vivas del Templo de Dios
San Pablo les dice a los Corintios, y nos dice a nosotros:
"¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros".
Esta es nuestra verdad como hijos de Dios, que en nosotros habita el Espíritu Santo que nos ha sido dado el día de nuestro bautismo, y aunque lo neguemos en nuestra vida, aunque no admitamos su existencia, Él habita en nosotros porque es Fiel a Su Palabra, y por eso insiste día tras día en que nos demos cuenta de su existencia.
Porque de nada valen los grandes o pequeños templos, las grandes o pequeñas iglesias, más engalanadas o menos engalanadas, si las piedras vivas que somos nosotros no vivimos como tales. Porque los templos tienen piedras o ladrillos sin vida, pero nosotros, como nos define San Pablo, somos las piedras vivas del Templo Santo de Dios. Y para ser vivas necesitamos tener vida, darnos cuenta que tenemos Vida en nosotros, pues la Vida es la que nos dio Nuestro Señor Jesucristo con su muerte y resurrección, es la Vida que recibimos cada vez que nos acercamos a recibir el Pan de la Vida, es la Vida que hacemos vida cada día que dejamos al Espíritu Santo que nos guíe por el Camino de la Fidelidad a la Vida que se nos dio.
San Cesáreo de Arlés, nos dice acerca de esta celebración, lo cual nos sirve cuando sólo ponemos atención en los templos de piedra:
" Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos".
Dios no sólo habita en los templos a los que vamos para encontrarnos con Él, para escuchar su Palabra y alimentarnos con la Eucaristía, que es su mismo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, sino que ese mismo Dios habita en nosotros y por nosotros llega a todos los hombres para darles su Gracia, su Paz, su Amor. Por eso mantengamos siempre viva la Vida que Él nos dio, para que esa Vida llegue por nosotros a quienes no la encuentran.
"¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros".
Esta es nuestra verdad como hijos de Dios, que en nosotros habita el Espíritu Santo que nos ha sido dado el día de nuestro bautismo, y aunque lo neguemos en nuestra vida, aunque no admitamos su existencia, Él habita en nosotros porque es Fiel a Su Palabra, y por eso insiste día tras día en que nos demos cuenta de su existencia.
Porque de nada valen los grandes o pequeños templos, las grandes o pequeñas iglesias, más engalanadas o menos engalanadas, si las piedras vivas que somos nosotros no vivimos como tales. Porque los templos tienen piedras o ladrillos sin vida, pero nosotros, como nos define San Pablo, somos las piedras vivas del Templo Santo de Dios. Y para ser vivas necesitamos tener vida, darnos cuenta que tenemos Vida en nosotros, pues la Vida es la que nos dio Nuestro Señor Jesucristo con su muerte y resurrección, es la Vida que recibimos cada vez que nos acercamos a recibir el Pan de la Vida, es la Vida que hacemos vida cada día que dejamos al Espíritu Santo que nos guíe por el Camino de la Fidelidad a la Vida que se nos dio.
San Cesáreo de Arlés, nos dice acerca de esta celebración, lo cual nos sirve cuando sólo ponemos atención en los templos de piedra:
" Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos".
Dios no sólo habita en los templos a los que vamos para encontrarnos con Él, para escuchar su Palabra y alimentarnos con la Eucaristía, que es su mismo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, sino que ese mismo Dios habita en nosotros y por nosotros llega a todos los hombres para darles su Gracia, su Paz, su Amor. Por eso mantengamos siempre viva la Vida que Él nos dio, para que esa Vida llegue por nosotros a quienes no la encuentran.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Servimos a Dios o al mundo?
Dichoso será aquel que siempre en él confía
en horas angustiosas de lucha y de aflicción,
confiad en el Señor si andáis atribulados,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor. (Del himno de laudes)
"Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.», dice Jesús en el Evangelio de hoy.
La fidelidad no puede ser a dos señores, pues tendremos el corazón dividido y así no podemos "amar como Él nos amó", porque Él nos amó con todo su Corazón, por eso dio su vida por nosotros.
Cuando intentamos quedar bien con todos nunca llegamos a quedar bien con alguien, pues a alguien no le brindamos toda nuestra atención ni toda la verdad, ni todo el amor. Por eso, cuando San Pablo nos invita a tener los mismos sentimientos que Cristo es porque sabe que nuestros sentimientos, más de una y dos veces, están divididos pues queremos contentar a Dios y al mundo.
Cuando nuestra fidelidad está dividida siempre intentamos hacer lo que más nos gusta o menos nos cuesta, para poder sacar el mejor provecho de una situación, aunque ello vaya en detrimento de lo que realmente sentimos o queremos vivir.
Claro que el mundo nos ofrece alternativas muy apetitosas, agradables y fáciles de conseguir. Es cierto que Dios en ningún momento nos dice que lo que Él nos pida vivir va a ser fácil, y que muchas veces nos sabrá amargo a la boca. Pero lo que sí nos promete es que en todo momento Él estará con nosotros, "si lo aceptamos ante los hombres el nos aceptará, si lo negamos ante los hombres Él nos negará ante Dios su Padre".
Pero además, el Señor cuando nos pide la renuncia a nosotros mismos es para darnos Vida, y Vida en abundancia, porque nos vaciamos de nosotros mismos para llenarnos de Dios, de su Espíritu que es fortaleza, sabiduría, alegría, gozo y paz.
Cuando el mundo nos pide que le entreguemos nuestra vida perdemos la vida, pues no tenemos tiempo para los que amamos, pues siempre estamos ocupado en satisfacer las necesidades que el mundo nos plantea y que el mundo suscita en nosotros.
Y, como ayer el Señor nos decía que debemos ser astutos, también hemos de ser astutos en saber a quién seguimos: ¿a Dios? ¿al mundo? ¿Quién me proporciona una mejor calidad de vida, mejor calidad de amor, de paz y de gozo en el espíritu?
en horas angustiosas de lucha y de aflicción,
confiad en el Señor si andáis atribulados,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor. (Del himno de laudes)
"Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.», dice Jesús en el Evangelio de hoy.
La fidelidad no puede ser a dos señores, pues tendremos el corazón dividido y así no podemos "amar como Él nos amó", porque Él nos amó con todo su Corazón, por eso dio su vida por nosotros.
Cuando intentamos quedar bien con todos nunca llegamos a quedar bien con alguien, pues a alguien no le brindamos toda nuestra atención ni toda la verdad, ni todo el amor. Por eso, cuando San Pablo nos invita a tener los mismos sentimientos que Cristo es porque sabe que nuestros sentimientos, más de una y dos veces, están divididos pues queremos contentar a Dios y al mundo.
Cuando nuestra fidelidad está dividida siempre intentamos hacer lo que más nos gusta o menos nos cuesta, para poder sacar el mejor provecho de una situación, aunque ello vaya en detrimento de lo que realmente sentimos o queremos vivir.
Claro que el mundo nos ofrece alternativas muy apetitosas, agradables y fáciles de conseguir. Es cierto que Dios en ningún momento nos dice que lo que Él nos pida vivir va a ser fácil, y que muchas veces nos sabrá amargo a la boca. Pero lo que sí nos promete es que en todo momento Él estará con nosotros, "si lo aceptamos ante los hombres el nos aceptará, si lo negamos ante los hombres Él nos negará ante Dios su Padre".
Pero además, el Señor cuando nos pide la renuncia a nosotros mismos es para darnos Vida, y Vida en abundancia, porque nos vaciamos de nosotros mismos para llenarnos de Dios, de su Espíritu que es fortaleza, sabiduría, alegría, gozo y paz.
Cuando el mundo nos pide que le entreguemos nuestra vida perdemos la vida, pues no tenemos tiempo para los que amamos, pues siempre estamos ocupado en satisfacer las necesidades que el mundo nos plantea y que el mundo suscita en nosotros.
Y, como ayer el Señor nos decía que debemos ser astutos, también hemos de ser astutos en saber a quién seguimos: ¿a Dios? ¿al mundo? ¿Quién me proporciona una mejor calidad de vida, mejor calidad de amor, de paz y de gozo en el espíritu?
viernes, 7 de noviembre de 2014
No somos astutos
El hombre estrena claridad
de corazón, cada mañana;
se hace la gracia más cercana
y es más sencilla la verdad... (Del himno del oficio)
de corazón, cada mañana;
se hace la gracia más cercana
y es más sencilla la verdad... (Del himno del oficio)
Varias veces lo he recordado y muchas más lo recordaré, y es este final del evangelio de hoy:
"...Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.»
Ciertamente Jesús no quiere alabar la corrupción del administrador, un tema que hoy lo tenemos muy presente, y con el que todos estamos muy hartos. Sino que Jesús se asombra de la habilidad de para hacer que el pecado, que el mal sea algo bueno para alguien. Que alguien tenga habilidad suprema para el mal y no la tenga para el bien.
O sea, siempre me impresionó este evangelio, porque indirectamente Jesús nos está tirando un palo a nosotros, los hijos de la luz. A los hijos de las luz nos está diciendo que no somos astutos.
¿Por qué quiere Jesús que seamos astutos? Leamos bien el evangelio: el administrador al saber que se iba a quedar sin trabajo y ya siendo mayor, decidió hacer de amigos que le puedan ofrecer algo bueno, y por eso, antes de perder el trabajo se puso a pensar de qué manera conseguir algo para no tener que perder todo.
Nosotros, los hijos de luz hemos sido beneficiados, el día de nuestro bautismo, con una Vida Nueva en el Espíritu y somos herederos del Reino de Dios. Se nos ha dado un espíritu de hijos con el que llamamos a Dios ¡Abba! ¡Papá! y poseemos todos los bienes necesarios para tener una vida de bienaventurados y plena en el espíritu.
Pero... vamos detrás de otras vidas que nos ofrece el mundo, más fáciles, con más bienestrar, buscando la seguridad en los bienes terrenos... Y por todo lo que anhelamos día a día, vamos perdiendo la vida espiritual porque no tenemos tiempo para Dios, para aquél que nos da lo mejor que podemos tener, que nos puede transformar en alegría nuestras tristezas, en gozo el dolor, en vida la muerte, en paz la guerra, en descanso el agobio...
En realidad, no somos astutos y creemos que somos inteligentes porque le creemos a los que nos dicen que Dios no existe, y creemos que hacemos bien cuando no defendemos lo que creemos, y creemos que somos mejores porque negamos quienes somos ante el mundo. No, no somos astutos porque dejamos que la Luz del Espíritu se vaya apagando y nos quedamos ocultos para no defender la verdad, la justicia, el amor, nuestros ideales, nuestra fe.
Y, por eso el mundo va perdiendo la vida, porque los hijos de la luz que somos o mejor que creemos en el Camino que nos conduce a la Vida, no somos astutos para dar a conocer y para vivir la Vida Nueva que puede salvar al hombre.
"...Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.»
Ciertamente Jesús no quiere alabar la corrupción del administrador, un tema que hoy lo tenemos muy presente, y con el que todos estamos muy hartos. Sino que Jesús se asombra de la habilidad de para hacer que el pecado, que el mal sea algo bueno para alguien. Que alguien tenga habilidad suprema para el mal y no la tenga para el bien.
O sea, siempre me impresionó este evangelio, porque indirectamente Jesús nos está tirando un palo a nosotros, los hijos de la luz. A los hijos de las luz nos está diciendo que no somos astutos.
¿Por qué quiere Jesús que seamos astutos? Leamos bien el evangelio: el administrador al saber que se iba a quedar sin trabajo y ya siendo mayor, decidió hacer de amigos que le puedan ofrecer algo bueno, y por eso, antes de perder el trabajo se puso a pensar de qué manera conseguir algo para no tener que perder todo.
Nosotros, los hijos de luz hemos sido beneficiados, el día de nuestro bautismo, con una Vida Nueva en el Espíritu y somos herederos del Reino de Dios. Se nos ha dado un espíritu de hijos con el que llamamos a Dios ¡Abba! ¡Papá! y poseemos todos los bienes necesarios para tener una vida de bienaventurados y plena en el espíritu.
Pero... vamos detrás de otras vidas que nos ofrece el mundo, más fáciles, con más bienestrar, buscando la seguridad en los bienes terrenos... Y por todo lo que anhelamos día a día, vamos perdiendo la vida espiritual porque no tenemos tiempo para Dios, para aquél que nos da lo mejor que podemos tener, que nos puede transformar en alegría nuestras tristezas, en gozo el dolor, en vida la muerte, en paz la guerra, en descanso el agobio...
En realidad, no somos astutos y creemos que somos inteligentes porque le creemos a los que nos dicen que Dios no existe, y creemos que hacemos bien cuando no defendemos lo que creemos, y creemos que somos mejores porque negamos quienes somos ante el mundo. No, no somos astutos porque dejamos que la Luz del Espíritu se vaya apagando y nos quedamos ocultos para no defender la verdad, la justicia, el amor, nuestros ideales, nuestra fe.
Y, por eso el mundo va perdiendo la vida, porque los hijos de la luz que somos o mejor que creemos en el Camino que nos conduce a la Vida, no somos astutos para dar a conocer y para vivir la Vida Nueva que puede salvar al hombre.
jueves, 6 de noviembre de 2014
Mártires hoy?
Han venido del llanto para ser consolados;
han salido del fuego y han buscado el frescor.
El Señor les enjuga con sus manos las lágrimas,
con sus manos les guarda contra el fuego del sol. (Himno del Oficio)
Hoy en España es la memoria de los Mártires españoles del siglo XX. Aquí, en Riópar, recordaremos al Beato Bartolomé Rodríguez Soria, hijo del pueblo y fue martirizado siendo párroco de Munera, en el año 1936.
San Cipriano, obispo y mártir, escribía a un grupo de mártires que estaban en la cárcel y les decía:
"En ella os felicito (en la carta), y al mismo tiempo os exhorto a que perseveréis con constancia y fortaleza en la confesión de la gloria del cielo; y, ya que habéis comenzado a recorrer el camino que recorrió el Señor, continuad por vuestra fortaleza espiritual hasta recibir la corona, teniendo como protector y guía al mismo Señor que dijo: Saben que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo".
¿Por qué felicitaba a los que estaban en la cárcel a punto de ser martirizados? Porque habían sabido defender su fe, porque supieron confiar en la Providencia y en el Amor del Señor, porque pudieron responder con un gran Sí al llamado del Señor y se mantuvieron fieles aún en el peor momento.
Así fueron los mártires del siglo XX en España, como en tantos otros lugares del mundo: se dejaron conquistar por el Amor de Dios y no dudaron en ningún momento de seguirlo hasta la muerte, pues el Amor sólo necesita amor para ser cada día más fuerte, cada día más entregado y noble, cada día más alegre y gozoso aún en las peores situaciones, pues es en los momentos más duros y en las batallas más bravas donde se demuestra la fortaleza del Amor. Y ellos, los mártires, supieron amar hasta el último momento, y, aunque las promesas del mundo de salvar sus vidas eras muy tentadoras, no sucumbieron al deseo de conservar su vida renegando de su fe, pues su vida era vida de fe.
Tú, yo y tantos otros, hoy no estamos urgidos por la cárcel, ni la tortura, ni la condena a una muerte cruenta. Pero sí, quizás, estemos presos de y tentados, día a día, de no ser fieles a la Voluntad de Dios, de dejar día tras día que la voluntad del mundo nos lleve a negar a Dios pues no es nuestra vida una vida de fe, sino que la fe forma parte de nuestra vida.
Sí, aunque no queramos verlo, el Amor a Dios no es lo esencial en mi vida cristiana, sino que primero está lo que yo quiero y luego, si me queda tiempo dejo algo para mi relación con Dios. Salvo en los momentos de mayor dolor, angustia o desconsuelo, cuando "necesito" recurro a él, pero sino no doy testimonio de cristiano, sólo cumplo con las formalidades cristianas.
Los mártires del siglo XX y los del siglo XXI nos muestran un camino, y nos invitan a que nuestro Sí a Dios sea un ¡SÍ! y no sólo un si... pero... si me queda tiempo, si me gusta lo que pides, si no me queda otra cosa, si...
No dejemos que las tentaciones del mundo nos quiten la fortaleza del Amor ni el gozo de sabernos llamados para encender en el mundo la llama de Su Amor, que nos invita a la conversión para "renovar la Faz de la Tierra".
han salido del fuego y han buscado el frescor.
El Señor les enjuga con sus manos las lágrimas,
con sus manos les guarda contra el fuego del sol. (Himno del Oficio)
Hoy en España es la memoria de los Mártires españoles del siglo XX. Aquí, en Riópar, recordaremos al Beato Bartolomé Rodríguez Soria, hijo del pueblo y fue martirizado siendo párroco de Munera, en el año 1936.
San Cipriano, obispo y mártir, escribía a un grupo de mártires que estaban en la cárcel y les decía:
"En ella os felicito (en la carta), y al mismo tiempo os exhorto a que perseveréis con constancia y fortaleza en la confesión de la gloria del cielo; y, ya que habéis comenzado a recorrer el camino que recorrió el Señor, continuad por vuestra fortaleza espiritual hasta recibir la corona, teniendo como protector y guía al mismo Señor que dijo: Saben que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo".
¿Por qué felicitaba a los que estaban en la cárcel a punto de ser martirizados? Porque habían sabido defender su fe, porque supieron confiar en la Providencia y en el Amor del Señor, porque pudieron responder con un gran Sí al llamado del Señor y se mantuvieron fieles aún en el peor momento.
Así fueron los mártires del siglo XX en España, como en tantos otros lugares del mundo: se dejaron conquistar por el Amor de Dios y no dudaron en ningún momento de seguirlo hasta la muerte, pues el Amor sólo necesita amor para ser cada día más fuerte, cada día más entregado y noble, cada día más alegre y gozoso aún en las peores situaciones, pues es en los momentos más duros y en las batallas más bravas donde se demuestra la fortaleza del Amor. Y ellos, los mártires, supieron amar hasta el último momento, y, aunque las promesas del mundo de salvar sus vidas eras muy tentadoras, no sucumbieron al deseo de conservar su vida renegando de su fe, pues su vida era vida de fe.
Tú, yo y tantos otros, hoy no estamos urgidos por la cárcel, ni la tortura, ni la condena a una muerte cruenta. Pero sí, quizás, estemos presos de y tentados, día a día, de no ser fieles a la Voluntad de Dios, de dejar día tras día que la voluntad del mundo nos lleve a negar a Dios pues no es nuestra vida una vida de fe, sino que la fe forma parte de nuestra vida.
Sí, aunque no queramos verlo, el Amor a Dios no es lo esencial en mi vida cristiana, sino que primero está lo que yo quiero y luego, si me queda tiempo dejo algo para mi relación con Dios. Salvo en los momentos de mayor dolor, angustia o desconsuelo, cuando "necesito" recurro a él, pero sino no doy testimonio de cristiano, sólo cumplo con las formalidades cristianas.
Los mártires del siglo XX y los del siglo XXI nos muestran un camino, y nos invitan a que nuestro Sí a Dios sea un ¡SÍ! y no sólo un si... pero... si me queda tiempo, si me gusta lo que pides, si no me queda otra cosa, si...
No dejemos que las tentaciones del mundo nos quiten la fortaleza del Amor ni el gozo de sabernos llamados para encender en el mundo la llama de Su Amor, que nos invita a la conversión para "renovar la Faz de la Tierra".
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Renuncio para vivir?
Siempre en hora de la gracia,
¡despierte el alma dormida!
¡despierte el alma dormida!
Los cangillones del sueño
van hurtando el agua viva
en la noria de las horas,
de las noches y los días. (Himno del Oficio)
van hurtando el agua viva
en la noria de las horas,
de las noches y los días. (Himno del Oficio)
Una vez más el Señor, en su Evangelio, nos sacude del sueño de nuestro ensimismamiento y egoísmo; nos vuelve a recordar las exigencias o condiciones necesarias para poder seguirlo, para vivir la Vida que Él nos propone para alcanzar el Reino:
"En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
-«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío".
Creo que son muchos los días y son muchos los cristianos que nos olvidamos de que este llamado de Jesús tiene estas condiciones y queremos vivir el Evangelio a nuestra medida: tener encendido el candelero a Dios y una vela al mundo, estar con un pie en el cielo y otro en el mundo. Y, al final no renunciamos a nada, porque no tenemos la fuerza suficiente para creer en la Palabra de Dios.
Es decir, decimos que creemos, pero a la hora en que Jesús nos pide dejar todo para seguirlo... No dejamos todo. Siempre nos queda algo a lo que no renunciar, y queremos seguirlo a Jesús con el corazón amarrado a algo, a alguien, o, incluso a mis propios gustos.
¿No creemos que la Palabra de Dios es Verdad? ¿No creemos que las exigencias del evangelio son para todos? Pues en el evangelio queda claro que Jesús le dice esto a "mucha gente que lo acompañaba", no se lo dice sólo a los apóstoles, sino a los apóstoles, al los discípulos, a las mujeres y a los varones, a los grandes y a los pequeños, ¡a todos los que quieren seguirlo!
Por eso más de una vez y dos veces sentimos que ya no tenemos fuerzas para vivir, que la tristeza invade nuestra alma, que Dios no nos da respuestas a nuestras vidas, que ya nada me llena el corazón ¡claro! si lo tienes lleno de tí mismo, si aún no has aceptado el desafío de dejar todo para que sea sólo Dios el Señor de tu vida, para que sea sólo Su Voluntad la que viva en tu corazón. Si tu corazón está lleno de tus proyectos, de tus gustos, de esto y de lo otro, si a nada has renunciado ¿cómo pretendes que Dios pueda entrar o derramar su Gracia? ¿Para qué? Si tú no renuncias a nada, nada puedes darle al Señor, y por eso el Señor no puede derramar la Gracia suficiente, pues tú no la vas a utilizar para ser Fiel a Dios, sino para ser fiel a tí mismo.
Por eso, hoy, también san Pablo nos dice:
"Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir".
"En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
-«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío".
Creo que son muchos los días y son muchos los cristianos que nos olvidamos de que este llamado de Jesús tiene estas condiciones y queremos vivir el Evangelio a nuestra medida: tener encendido el candelero a Dios y una vela al mundo, estar con un pie en el cielo y otro en el mundo. Y, al final no renunciamos a nada, porque no tenemos la fuerza suficiente para creer en la Palabra de Dios.
Es decir, decimos que creemos, pero a la hora en que Jesús nos pide dejar todo para seguirlo... No dejamos todo. Siempre nos queda algo a lo que no renunciar, y queremos seguirlo a Jesús con el corazón amarrado a algo, a alguien, o, incluso a mis propios gustos.
¿No creemos que la Palabra de Dios es Verdad? ¿No creemos que las exigencias del evangelio son para todos? Pues en el evangelio queda claro que Jesús le dice esto a "mucha gente que lo acompañaba", no se lo dice sólo a los apóstoles, sino a los apóstoles, al los discípulos, a las mujeres y a los varones, a los grandes y a los pequeños, ¡a todos los que quieren seguirlo!
Por eso más de una vez y dos veces sentimos que ya no tenemos fuerzas para vivir, que la tristeza invade nuestra alma, que Dios no nos da respuestas a nuestras vidas, que ya nada me llena el corazón ¡claro! si lo tienes lleno de tí mismo, si aún no has aceptado el desafío de dejar todo para que sea sólo Dios el Señor de tu vida, para que sea sólo Su Voluntad la que viva en tu corazón. Si tu corazón está lleno de tus proyectos, de tus gustos, de esto y de lo otro, si a nada has renunciado ¿cómo pretendes que Dios pueda entrar o derramar su Gracia? ¿Para qué? Si tú no renuncias a nada, nada puedes darle al Señor, y por eso el Señor no puede derramar la Gracia suficiente, pues tú no la vas a utilizar para ser Fiel a Dios, sino para ser fiel a tí mismo.
Por eso, hoy, también san Pablo nos dice:
"Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir".
martes, 4 de noviembre de 2014
Todos somos débiles...
Leyendo un Sermón de San Carlos Borromeo que decía en el último sínodo que convocó, aunque lo decía para los sacerdotes, me parece un hermoso comienzo para la reflexión de hoy, que nos servirá a todos:
"Todos somos débiles, lo admito, pero el Señor ha puesto en nuestras manos los medios con que poder ayudar fácilmente, si queremos, esta debilidad".
Muchas veces decimos, escuchamos y nos decimos: no puedo cambiar, es muy difícil lo que Dios me pide, etc. Pero, Dios ya sabe que no puedes solo, que tus fuerzas no te alcanzar para llegar al Ideal de Santidad, para vivir por tus propios medios Su Voluntad, y Él mismo te lo advirtió: "lo que es imposible para el hombre no lo es para Dios..."
Pero claro que las excusas nos sirven para atajarnos antes de que venga el pedido. Y, por eso, el Santo nos aclara que tenemos todos los medios para lograr superar nuestra debilidad "si queremos".
¿Quieres superar tu debilidad? Pero ¿en serio que quieres?
¿Quieres vivir la santidad como Dios, tu Padre, te invita? Pero ¿en serio que quieres?
Bueno, pues, adelante, ponte en Sus Manos, escucha sus Palabras, aliméntate con la Gracia que nos da por medio de los Sacramentos, y se Fiel.
Por eso el Santo le seguía diciendo a los sacerdotes, y nos viene bien a todos:
"¿Quieres que te enseñe cómo irás progresando en la virtud y, si ya estuviste atento en el coro, cómo la próxima vez lo estarás más aún y tu culto será más agradable a Dios? Oye lo que voy a decirte. Si ya arde en ti el fuego del amor divino, por pequeño que éste sea, no lo saques fuera en seguida, no lo expongas al viento, mantén el fogón protegido para que no se enfríe y pierda el calor; esto es, aparta cuanto puedas las distracciones, conserva el recogimiento, evita las conversaciones inútiles"... "Y así todo lo que hagáis, que sea con amor; así venceremos fácilmente dificultades que inevitablemente experimentamos cada día (ya que esto forma parte de nuestra condición); así tendremos fuerzas para dar a luz a Cristo en nosotros y en los demás".
Dios no te pide que recorras solo el Camino, sino que aceptes recorrerlo de Su Mano, pues Él es quien tiene la Gracia necesaria y suficiente para que tu debilidad se transforme en fortaleza, para que tu pecado quede blanco como la nieve, para que el hombre sea hijo de Dios, para que el pecador sea santo.
"Todos somos débiles, lo admito, pero el Señor ha puesto en nuestras manos los medios con que poder ayudar fácilmente, si queremos, esta debilidad".
Muchas veces decimos, escuchamos y nos decimos: no puedo cambiar, es muy difícil lo que Dios me pide, etc. Pero, Dios ya sabe que no puedes solo, que tus fuerzas no te alcanzar para llegar al Ideal de Santidad, para vivir por tus propios medios Su Voluntad, y Él mismo te lo advirtió: "lo que es imposible para el hombre no lo es para Dios..."
Pero claro que las excusas nos sirven para atajarnos antes de que venga el pedido. Y, por eso, el Santo nos aclara que tenemos todos los medios para lograr superar nuestra debilidad "si queremos".
¿Quieres superar tu debilidad? Pero ¿en serio que quieres?
¿Quieres vivir la santidad como Dios, tu Padre, te invita? Pero ¿en serio que quieres?
Bueno, pues, adelante, ponte en Sus Manos, escucha sus Palabras, aliméntate con la Gracia que nos da por medio de los Sacramentos, y se Fiel.
Por eso el Santo le seguía diciendo a los sacerdotes, y nos viene bien a todos:
"¿Quieres que te enseñe cómo irás progresando en la virtud y, si ya estuviste atento en el coro, cómo la próxima vez lo estarás más aún y tu culto será más agradable a Dios? Oye lo que voy a decirte. Si ya arde en ti el fuego del amor divino, por pequeño que éste sea, no lo saques fuera en seguida, no lo expongas al viento, mantén el fogón protegido para que no se enfríe y pierda el calor; esto es, aparta cuanto puedas las distracciones, conserva el recogimiento, evita las conversaciones inútiles"... "Y así todo lo que hagáis, que sea con amor; así venceremos fácilmente dificultades que inevitablemente experimentamos cada día (ya que esto forma parte de nuestra condición); así tendremos fuerzas para dar a luz a Cristo en nosotros y en los demás".
Dios no te pide que recorras solo el Camino, sino que aceptes recorrerlo de Su Mano, pues Él es quien tiene la Gracia necesaria y suficiente para que tu debilidad se transforme en fortaleza, para que tu pecado quede blanco como la nieve, para que el hombre sea hijo de Dios, para que el pecador sea santo.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Vivir de Amor...
Vivir, vivir como siempre;
vivir en siempre, y amar,
traspasado por el tiempo,
las cosas en su verdad.
Una luz única fluye,
siempre esta luz fluirá
dede el aroma y el árbol
de la encendida bondad. (Himno del Oficio)
vivir en siempre, y amar,
traspasado por el tiempo,
las cosas en su verdad.
Una luz única fluye,
siempre esta luz fluirá
dede el aroma y el árbol
de la encendida bondad. (Himno del Oficio)
Un deseo de Dios que San Pablo transmitió a los filipenses y nos dice hoy a nosotros:
"...manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.
No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás".
Vivir en siempre, y amar... considerando siempre superiores a los demás...
¡Qué cosas difíciles! Comenzar una nueva semana con metas altas es un buen comienzo, si pensar en lo difícil que puedan ser, sino en que cada meta me invita a crecer, que cada meta que Dios pone en mi vida no viene sin la Gracia suficiente para poder concretarla.
Así como el deportista que cada día se esfuerza un poco más, pero que para ello consume más energía para fortalecer sus músculos. Así el Padre nos invita cada día a elevar nuestras metas personales, a no quedarnos en que estamos bien siendo buenitos, sino en que elevemos nuestros ideales. Y, para que podamos alcanzarlos nos da las Gracias suficientes, que llegan al corazón luego de dar el primer paso en el camino indicado.
Además, cuando vivimos amando la vida se llena de luz, pues no hay lugar para la envidia, al rivalidad, el desencuentro. No hay lugar porque el amor invade todo de una manera tan grande que lo único que nos hace daño es no amar. Cuando el cansancio o el agobio nos invaden el desamor tiene lugar, y con él todo lo que nos pone tristes, lo que nos deja sin ganas y sin esperanzas.
Hoy es un día para volver a empezar. Un día para volver a decir que Sí al Dios de la Vida, al Dios del Amor, al Dios que me llama a vivir los Ideales más altas, y a recorrer el camino de la Santidad. Un Camino que llena el corazón de gozo y brillo. Un gozo que refleja la alegría de vivir en Dios, de vivir para Dios y de vivir con Dios, pues Dios llena mi vida con su alegría y con su Vida. Por eso cuando nos dejamos invadir por Dios nuestra vida cambia, nuestra mirada se transforma y nuestro rostro, como el rostro de Moisés al bajar del monte, refleja la Luz de la Vida que nos da el Señor.
Hoy es un día para volver a empezar, como cada día, volver a ser Fieles a la Vida que el Señor nos da con su propia Vida, para que tengamos Vida y demos Vida a nuestro paso, porque la vida nace y se fortalece con la luz del sol, y el Sol se enciende en nuestro corazones cuando nos abrimos al Amor y cuando, intentamos, vivir de Amor.
"...manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.
No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás".
Vivir en siempre, y amar... considerando siempre superiores a los demás...
¡Qué cosas difíciles! Comenzar una nueva semana con metas altas es un buen comienzo, si pensar en lo difícil que puedan ser, sino en que cada meta me invita a crecer, que cada meta que Dios pone en mi vida no viene sin la Gracia suficiente para poder concretarla.
Así como el deportista que cada día se esfuerza un poco más, pero que para ello consume más energía para fortalecer sus músculos. Así el Padre nos invita cada día a elevar nuestras metas personales, a no quedarnos en que estamos bien siendo buenitos, sino en que elevemos nuestros ideales. Y, para que podamos alcanzarlos nos da las Gracias suficientes, que llegan al corazón luego de dar el primer paso en el camino indicado.
Además, cuando vivimos amando la vida se llena de luz, pues no hay lugar para la envidia, al rivalidad, el desencuentro. No hay lugar porque el amor invade todo de una manera tan grande que lo único que nos hace daño es no amar. Cuando el cansancio o el agobio nos invaden el desamor tiene lugar, y con él todo lo que nos pone tristes, lo que nos deja sin ganas y sin esperanzas.
Hoy es un día para volver a empezar. Un día para volver a decir que Sí al Dios de la Vida, al Dios del Amor, al Dios que me llama a vivir los Ideales más altas, y a recorrer el camino de la Santidad. Un Camino que llena el corazón de gozo y brillo. Un gozo que refleja la alegría de vivir en Dios, de vivir para Dios y de vivir con Dios, pues Dios llena mi vida con su alegría y con su Vida. Por eso cuando nos dejamos invadir por Dios nuestra vida cambia, nuestra mirada se transforma y nuestro rostro, como el rostro de Moisés al bajar del monte, refleja la Luz de la Vida que nos da el Señor.
Hoy es un día para volver a empezar, como cada día, volver a ser Fieles a la Vida que el Señor nos da con su propia Vida, para que tengamos Vida y demos Vida a nuestro paso, porque la vida nace y se fortalece con la luz del sol, y el Sol se enciende en nuestro corazones cuando nos abrimos al Amor y cuando, intentamos, vivir de Amor.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Camino a la eternidad
"Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él", le dice San Pablo a los Romanos, y nos da a nosotros, los discípulos de Cristo, los hijos de Dios, una nueva visión de la muerte, una nueva visión de la vida.
La muerte ha sido y seguirá siendo un misterio para los hombres, aunque para los que hemos recibido el don de la fe sabemos y creemos que no es el fin de nuestra vida, sino que sólo es el paso a la Nueva Vida, a la Vida eterna en la Casa del Padre.
Porque creemos en la Palabra de Dios, es que sabemos que lo que Él nos dice es Verdad, por eso, antes de partir Jesús les decía a los apóstoles y a nosotros:
"en la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así; ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros".
Si Él que entregó su vida en la Cruz por nosotros, que pasó por este mundo haciendo el bien y dándonos razones del Amor del Padre, nos dice que va a prepararnos un sitio en la Casa del Padre, ¿será ese un sitio de oscuridad, sin sentido y sin vida? No. Ese sitio será el mejor sitio que jamás podríamos pensar, es el lugar de donde hemos salido y al cual volveremos para compartir la eternidad en Dios.
Por eso, la muerte, ya no es para el cristiano un camino que nos lleva a la nada, todo lo contrario, es la puerta que se nos abre hacia la vida, y la Vida Verdadera. Por eso, aunque le momento de la muerte nos duela por la partida, no nos quita la esperanza ni nos quita la calma, y por eso el mismo Jesús nos anima a:
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí".
Sabemos a dónde vamos, sabemos qué nos espera, pero no por eso lo buscamos sino que nuestro corazón vive tranquilo porque el Padre os espera, porque el Hijo nos acompaña y la Madre nos conduce, en ese momento a la eternidad.
Hoy, y cada día, es un día especial porque los que partieron antes que nosotros a la Casa del Padre, desde allí velan por nosotros, desde allí interceden por nosotros, desde allí desean que nuestra vida tenga también un destello de eternidad, porque la eternidad es el Amor, y el amor es la eternidad en nuestra vida.
La muerte es el último escalón de la escalera al Cielo, y el Cielo es el Reino de Dios, donde estaremos con Él cara a cara por toda la eternidad. Y ese mismo Cielo, con ese mismo Dios, lo podemos compartir en la tierra, cuando el Pan y el Vino se hacen Cuerpo y Sangre y Dios Hijo, con todo su ser se presenta ante nosotros en el Altar: el Cielo viene a nosotros, y compartimos con ángeles y santos un instante de eternidad junto a nuestro Dios y Señor, un instante que nos alimenta la esperanza, fortalece el amor y sostiene la confianza que si Dios está con nosotros y en nosotros, la vida no se acabará, solo se transformará en eternidad.
La muerte ha sido y seguirá siendo un misterio para los hombres, aunque para los que hemos recibido el don de la fe sabemos y creemos que no es el fin de nuestra vida, sino que sólo es el paso a la Nueva Vida, a la Vida eterna en la Casa del Padre.
Porque creemos en la Palabra de Dios, es que sabemos que lo que Él nos dice es Verdad, por eso, antes de partir Jesús les decía a los apóstoles y a nosotros:
"en la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así; ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros".
Si Él que entregó su vida en la Cruz por nosotros, que pasó por este mundo haciendo el bien y dándonos razones del Amor del Padre, nos dice que va a prepararnos un sitio en la Casa del Padre, ¿será ese un sitio de oscuridad, sin sentido y sin vida? No. Ese sitio será el mejor sitio que jamás podríamos pensar, es el lugar de donde hemos salido y al cual volveremos para compartir la eternidad en Dios.
Por eso, la muerte, ya no es para el cristiano un camino que nos lleva a la nada, todo lo contrario, es la puerta que se nos abre hacia la vida, y la Vida Verdadera. Por eso, aunque le momento de la muerte nos duela por la partida, no nos quita la esperanza ni nos quita la calma, y por eso el mismo Jesús nos anima a:
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí".
Sabemos a dónde vamos, sabemos qué nos espera, pero no por eso lo buscamos sino que nuestro corazón vive tranquilo porque el Padre os espera, porque el Hijo nos acompaña y la Madre nos conduce, en ese momento a la eternidad.
Hoy, y cada día, es un día especial porque los que partieron antes que nosotros a la Casa del Padre, desde allí velan por nosotros, desde allí interceden por nosotros, desde allí desean que nuestra vida tenga también un destello de eternidad, porque la eternidad es el Amor, y el amor es la eternidad en nuestra vida.
La muerte es el último escalón de la escalera al Cielo, y el Cielo es el Reino de Dios, donde estaremos con Él cara a cara por toda la eternidad. Y ese mismo Cielo, con ese mismo Dios, lo podemos compartir en la tierra, cuando el Pan y el Vino se hacen Cuerpo y Sangre y Dios Hijo, con todo su ser se presenta ante nosotros en el Altar: el Cielo viene a nosotros, y compartimos con ángeles y santos un instante de eternidad junto a nuestro Dios y Señor, un instante que nos alimenta la esperanza, fortalece el amor y sostiene la confianza que si Dios está con nosotros y en nosotros, la vida no se acabará, solo se transformará en eternidad.
sábado, 1 de noviembre de 2014
Ser santos es nuestro camino
Hoy, en la solemnidad de todos los santos, la Liturgia de las horas nos presenta una homilía de San Bernardo. Un hermoso texto, pero me quedo con el comienzo que dice así, hablando de lo que significa para él esta solemnidad y la vida de los santos.
"Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.
El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociamos y alegramos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención".
Y creo que es así, poder compartir con ellos una vida en plenitud junto al Señor es, o debería ser, nuestro deseo mayor. Pues todos hemos de vivir junto al Señor, pero no sólo en la vida eterna, sino también en este peregrinar por la tierra, con los pies pisando fuerte el suelo y el corazón volando al cielo.
Ellos, los santos, pudieron en un momento de sus vidas (para algunos pronto para otros más tarde, para algunos puros desde siempre otros pecadores grandes) descubrir el fuego del Amor a Dios, que encendió sus corazones y los llevó por el camino de la perfección evangélica. Ellos nos muestran que el Camino que Jesús nos invita a recorrer es posible, y que es el mejor Camino para alcanzar la plenitud de la vida, la plenitud de las Bienaventuranzas.
Los santos nos muestran que el Camino del Evangelio no es para algunos pocos, sino que es posible para todos, tengamos la edad que tengamos y seamos de la condiciones social que seamos, y del estilo de vida que tengamos: niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, solteros, viudos, casados, sacerdotes, monjas, monjes, frailes, religiosos. La santidad es el Camino de Vida para todos los que han sido llamados por Dios a la vida de hijos de Dios, por el bautismo nos ha concedido la Gracia de alcanzar la santidad, y todo depende de mi Sí a Su Voluntad, de mí Sí a la Fidelidad a la Vida que Él me ha dado y me ha llamado a vivir.
El Padre, por medio del Hijo, no nos prometió un vida llena de bienes, sino que nos prometió las Bienaventuranzas y una vida llena de Vida. Pidámosle a los santos que nos ayuden a vivirla.
"Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.
El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociamos y alegramos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención".
Y creo que es así, poder compartir con ellos una vida en plenitud junto al Señor es, o debería ser, nuestro deseo mayor. Pues todos hemos de vivir junto al Señor, pero no sólo en la vida eterna, sino también en este peregrinar por la tierra, con los pies pisando fuerte el suelo y el corazón volando al cielo.
Ellos, los santos, pudieron en un momento de sus vidas (para algunos pronto para otros más tarde, para algunos puros desde siempre otros pecadores grandes) descubrir el fuego del Amor a Dios, que encendió sus corazones y los llevó por el camino de la perfección evangélica. Ellos nos muestran que el Camino que Jesús nos invita a recorrer es posible, y que es el mejor Camino para alcanzar la plenitud de la vida, la plenitud de las Bienaventuranzas.
Los santos nos muestran que el Camino del Evangelio no es para algunos pocos, sino que es posible para todos, tengamos la edad que tengamos y seamos de la condiciones social que seamos, y del estilo de vida que tengamos: niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, solteros, viudos, casados, sacerdotes, monjas, monjes, frailes, religiosos. La santidad es el Camino de Vida para todos los que han sido llamados por Dios a la vida de hijos de Dios, por el bautismo nos ha concedido la Gracia de alcanzar la santidad, y todo depende de mi Sí a Su Voluntad, de mí Sí a la Fidelidad a la Vida que Él me ha dado y me ha llamado a vivir.
El Padre, por medio del Hijo, no nos prometió un vida llena de bienes, sino que nos prometió las Bienaventuranzas y una vida llena de Vida. Pidámosle a los santos que nos ayuden a vivirla.
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