"Entonces Jesús les dijo a los Doce: – «¿También vosotros queréis marcharos?». Simón Pedro le contestó: – «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».
Era comprensible que después del discurso del Pan de la Vida, muchos discípulos de Jesús no entendieran sus palabras y quisieran irse, porque, como ellos decían: "estas palabras son muy duras". Palabras duras porque no comprendían cómo podrían llegar a "comer su cuerpo" si es que lo veían ahí, delante suyo.
Y, a nosotros, muchas veces nos pasa que tampoco comprendemos lo que Dios nos dice, nos pide o nos quiere decir. También nosotros decimos algo parecido: ¿por qué a mí? Y queremos abandonar lo que una vez creímos que era lo mejor de nuestra vida.
Muchos discípulos dejaron de estar junto a Jesús, no por que no entendieran, sino porque no supieron preguntar más e insistir para que el Señor le hablara mejor, o poder ver más allá de la dureza de esas palabras y poder quedarse con lo que realmente Jesús quería darles: Vida Nueva. Ellos se quedaron con no comprenderlo, y comenzaron, seguramente, a buscar caminos más fáciles, más comprensibles.
Por eso la pregunta a los Doce, es la pregunta a nosotros, esa pregunta que nos tenemos que hacer en los tiempos difíciles: "También yo me quiero ir?". ¿Por qué me quiere ir de su lado? ¿Para mí también sus palabras son muy duras y no lo comprendo?
Y la respuesta de Pedro ha sido muy acertada, como todo aquello que le inspira el Espíritu Santo: "¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna". Es lo esencial que ha comprendido Pedro, no estamos junto a Tí porque multiplicas los panes, das vista a los ciegos, o resucitas muertos, sino porque tienes "palabras de vida eterna", nos da la esperanza de la Vida Nueva.
Y, aunque nos parezca difícil lo que nos pide; aunque no comprendamos el por qué lo permite, pero creemos que todo es "para el bien de los que le aman" y a los que Él ama. Por que su Vida es nuestra vida, y en su Vida encontramos eternidad.
Cuando buscamos otra cosa en la Vida de Jesús, en la vida cristiana, no comprenderemos nunca Sus Palabras, porque todo lo que Él ha vivido y entregado por nosotros es para darnos la Vida Eterna, y, como dice San Pablo:
"Es más, considero que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él perdí todas las cosas, las considero como basura con tal de ganar a Cristo y vivir en él, no por mi justicia, la que procede de la Ley, sino por la que viene de la fe en Cristo, justicia que procede de Dios, por la fe. Y, de este modo, lograr conocerle a él y la fuerza de su resurrección, y participar así de sus padecimientos, asemejándome a él en su muerte, con la esperanza de alcanzar la resurrección de entre los muertos"
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