Hoy las dos lecturas me gustan mucho por que las dos hablan de esperanza, de confianza, de aquello de lo que disfrutan los que no se creen los más inteligentes y sabios del mundo, sino aquellos que han podido abrirse al asombro de la fe, y, con corazón de niños creen lo increíble, esperan lo prometido y sueñan lo que anhelan.
A través de Isaías Dios le habla al pueblo de Israel y les muestra el futuro, un futuro que el Pueblo anhelaba, que nosotros anhelamos, y que no está lejos de nosotros, sino que están EN nosotros, porque la Promesa de Dios ya se cumplió, y el Aquél que tenía que venir ya ha venido y vive entre nosotros, y es más, Vive EN nosotros.
"Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor".
Ese renuevo, ese vástago es Jesús que nace para Su Pueblo, es Jesús que nace para nosotros, pero también es Jesús que ha nacido EN nosotros, y nosotros somos, también, el renuevo del tronco de Jesé, porque la Iglesia, los bautizados, somos, como Jesús, ese renuevo del tronco de Jesé. Por eso, también, nos llamamos cristianos, por que como miembros del Cuerpo de Cristo hemos sido llamados a hacer realidad la Promesa de Dios, porque Él nos ha dado su Espíritu Santo con todos sus dones para vivir no sólo CON Cristo, sino EN Cristo y POR Cristo.
Pero esta verdad no la aceptan todos, porque no es una verdad para poder entenderla sino para poder aceptarla con Amor en el Corazón. Por eso Jesús dice, en alta voz, para que lo escuchemos bien:
"Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla".
Por que para poder entender, primero tengo que aceptar, y para aceptar tengo que confiar en aquél que me está hablando, o, por lo menos, darle la posibilidad de que me diga todo lo que quiere y, luego, en el silencio ponerme a reflexionar aquello que me dijo. No hace como hacen algunos que mientras les estás diciendo algo te van contra-atacando, como si fuera un combate en el que alguien tiene que ganar, para finalmente no saber de lo que se está hablando, perdiendo así una posibilidad de recibir luz sobre algo que necesita.
Un corazón sencillo y necesitado. Un corazón esperanzado y confiado. Un corazón pobre y abierto a recibir. Un corazón que sabe amar y ser amado. Un corazón, como el de María, "abierto al infinito para ser colmado por la Voluntad de Dios".
Como María, con un corazón abierto a Dios, para poder recibir la Gracia del Espíritu que nos permita dar Vida en nuestra vida a Su Palabra, para que sea Su Palabra la que ilumine, fortalezca y encienda nuestros deseos de portadores de la Vida de Dios, en abundancia, porque Dios ha nacido en nuestro corazón.
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