jueves, 10 de diciembre de 2015

Los hermanos sean unidos

"Los hermanos sean unidos,
por que esa es la ley primera.
Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea,
por que si entre ellos pelean, los devoran los de afuera".
José Hernández (militar, poeta, periodista y político argentino)

¿Por qué comienzo con este poema del Martín Fierro? Por que me están dando miedo las peleas entre hermanos que se están produciendo no sólo en argentina, por el cambio de gobierno, sino que se están dando en España y en cuanto país está por elegir sus gobernantes.
Hoy me levanté con una ingrata sensación de tristeza y dolor por todo lo que está sucediendo entre los hermanos de un mismo país, y sobre todo, por el odio que se va mezclando con los colores políticos. Y me he dado cuenta que ese odio no nace así por que sí, sino que nace desde pequeños (o grandes) gestos de la misma clase política.
Muchos son los que dice: "la política es mala" y eso es mentira, los que son malos son (muchos o algunos) de los que ejercen la política, en cargos de gobiernos (o que aspiran a ellos) Porque todos, absolutamente todos, tú que lees esto, yo que lo escribo, y el que está aún durmiendo y se va a ir a trabajar, todos hacemos política, porque todos vivimos en una ciudad, en un estado, y somos parte del ritmo político de nuestro país.
Lo que pasa es que los que ejercen el poder político en gobiernos democráticos son quienes van guiando nuestros pasos, los que van marcando (o deberían) el ritmo de vida de un país. Haciendo uso de las metáforas: son los padres que guían a sus hijos en la vida. Pero cuando los padres viven peleándose y queriendo sacarse los ojos para ver quién es el más fuerte, o, como dice el poeta: "quién es el que la tiene más grande", los hijos adoptan la postura de ellos y se ponen de un lado o del otro, haciendo lo mismo que ven hacer a sus padres.
Y así vemos cómo los padres han nacido de familias que han ido, a lo largo de los años, dejando entrar en sus corazones aquello que siempre tratamos de evitar: el egoísmo, la vanidad, la soberbia, el apetito de poder desenfrenado, y ¡tantas otras cosas! que nos llevan al odio y al enfrentarnos unos con otros.
Si escuchamos (aquí o allá) los discursos electorales en muchos no vemos un proyecto de país mejor o un camino hacia la paz y la unidad, sino un proyecto para insultar, derribar al gobierno de turno, una serie de palabras que cada día resultan más hirientes y sólo buscan enemistar a unos con otros.
Y, si nos ponemos a pensar la democracia (según lo que me enseñaron en el colegio) "es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" y no el gobierno de luchar unos contra otros, de que el que está es malo y el que viene es bueno, de que juntos podremos hacer algo mejor, de que somos hermanos y queremos no sólo mejor para nosotros, sino que buscamos lo mejor para nosotros y para los que vendrán. Porque también, tú y yo, vamos dejando una huella en la historia y esa huella la seguirán los que vienen detrás nuestro.
Y ¿cuál es la huella que estamos dejando? ¿Cuál es el ejemplo que estamos dando? Ya somos hijos adultos que han vivido muchos años en democracia, pero aún no hemos aprendido a valorar nuestras obligaciones democráticas, sino que sólo hemos sabido defender nuestros derechos. Y una obligación es el respeto de unos a otros, como también es un derecho que me respeten.
No dejemos que el color de un partido dañe al fraternidad, la libertad y la verdad, sino que los colores de todos los partidos políticos formen un hermoso arco iris que ilumine la vida en paz de un pueblo que busca crecer y dejar una hermosa huella en la historia de la humanidad.

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