El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Un hermoso saludo de parte de Dios, por el Ángel Gabriel, a María. Un saludo que María no guardó para sí, sino que lo hizo extensivo a todos, porque la Gracia que la colmó es la Gracia que nos regaló en su Hijo Único.
Hoy no sólo recordamos a María como la Inmaculada, sino que recordamos llenos de alegría, la Inmaculada Concepción de María, por que en al pureza virginal de María, gracias a su respuesta pronta y obediente al Padre, el Hijo Único de Dios pudo hacer Hombre en su seno, la Palabra se hizo carne en el seno de María, al decir Ella que Sí a la Voluntad de Dios.
Y por eso María nos abre una nueva puerta en la vida de la humanidad, la puerta de la salvación, de la Gracia, de la Vida Nueva en Dios, porque el Sí de María y su Inmaculada Concepción, nos abrieron a la posibilidad de volver a unirnos al Padre por la obediencia del Hijo hasta la muerte y muerte de Cruz.
Así, si miramos y escuchamos bien, también nosotros, como María, podemos ser llenos de Gracia, porque Ella como nosotros, en palabras de San Pablo, "fuimos elegidos antes de la creación del mundo", cada uno con su propia misión, pero cada uno, con la Gracia suficiente para alcanzar la Fidelidad a la Vida que el Señor nos llama a vivir.
La alegría que desborda a María es la alegría que puede desbordar nuestro corazón si, como María, nos abrimos íntegramente a la Voluntad de Dios, pues en el momento en que decimos que ¡Sí, Hágase tu Voluntad! la Gracia de Dios nos inunda y nos llena del Gozo y la Alegría para descubrir que "todo lo puedo en Aquél que me conforta".
Hoy la alegría se hace más grande al permitirnos, el Señor, comenzar un Año Santo Jubilar, el Año de la Misericordia en el que se vuelve a abrir una Nueva Puerta Jubilar no sólo para que la pasemos, una y otra vez, sino para que podamos dejar atrás aquello que nos ata al pecado, al dolor, a la discordia, y a todo lo que nos impide gozar de la Paz y el Amor, con Dios y con los hermanos.
El Año de la misericordia es un año especial para que, recordando la disponibilidad de María a la Voluntad de Dios, podamos disponernos de corazón para que, por nuestro medio, la Misericordia, el Amor de Dios, llegue a los corazones de nuestros hermanos. Abrimos y pasamos la Puerta de la Misericordia para poder, como nuestro Padre Celestial, ser misericordiosos y, como María, poder dejarnos transformar por la Fuerza del Espíritu Santo en Mensajeros de Paz, en Servidores de la Palabra, en Fuentes de Vida para llevar a todos los rincones del mundo la alegría y el gozo de sabernos Amados y Salvados por un Dios Padre Misericordioso.
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