miércoles, 23 de diciembre de 2015

Fidelidad a Dios y no al mundo

Se podría decir que poca importancia tenía llamar al niño, hijo de Isabel y Zacarías, Juan o Zacarías. La tradición indicaba que debía llamarse como su padre, y por eso la gente insistía en ese nombre cuando fueron a circuncidarlo, pero Isabel decía que no, que tenía que llamarse Juan, hasta que Zacarías (que estaba mudo) escribió en una tablilla que así sería, se llamaría Juan.
Para unos seguir la tradición era importante, porque como muchas veces escuchamos por ahí: "¡siempre se hizo así! ¿por qué lo vas a cambiar?" Para muchos la tradición es lo que da seguridad, y si siempre o toda la vida se hizo...
Pero para Isabel y Zacarías lo más importante era la Voluntad de Dios, porque el Ángel le había dicho a Zacarías que debía llamar a su hijo Juan. Y por eso al momento de decir que Juan sería su nombre Zacarías comenzó a hablar, porque así como había quedado mudo por no creerle al Ángel en el momento del anuncio, ahora por su fidelidad a su palabra comenzó a hablar.
Hoy, en estos tiempos, somos muy desinteresados o muy interesados, todo depende como se vea, si la tradición nos viene bien aceptamos y nos jugamos todo por la tradición, y si la Voluntad de Dios nos viene bien hacemos lo mismo, pero si una de las dos van en contra de lo que queremos hacer dejamos todo de lado, porque lo que hoy importa es lo que tengo ganas de hacer, pues para eso soy libre.
Así es que han cambiado tanto las cosas que nos conformamos diciendo: "ahora las cosas son así", y con el así aceptamos que nada es blanco ni negro, sino que cada cosa es según los ojos que la miren, pues los parámetros morales, éticos, y todas las normas que antes hacían que pudiéramos ser verdaderamente libres y vernos, unos a otros, como personas dignas de ser respetadas, hoy no existen.
Lo más ilógico de todo esto es que los que nos llamamos cristianos, vamos a misa y todo eso, también nos creemos "modernos" viviendo este axioma: "ahora las cosas son así" y vivimos como si no tuviéramos que ser Fieles a la Voluntad de Dios. Y eso es lo que Jesús vino a mostrarnos con su vida: que la obediencia al Padre es lo que nos da la Vida, es lo que nos salva, es lo que nos hace verdaderamente libres, por eso María, en el momento de la anunciación dijo "he aquí la esclava del Señor, ¡hágase en mí según tu palabra!" Y en el Magnificat lo volvió a confirmar: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava".
Es esta hermosa esclavitud la que nos libera y nos abre las puertas a la salvación y a la Vida.

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