¿Juan Bautista tiene dudas acerca de Jesús? ¿Por qué manda a sus discípulos a preguntarle si es Él el que debía venir? Las dudas en la vida de fe, no son falta de fe, sino sólo eso dudas, y son buenas en cuanto que nos ayudan a buscar más respuestas, a buscar más razones para seguir creciendo en la fe. Aunque la fe no siempre nos da certezas absolutas sino ya no sería fe, pues tenemos fe de algo que no vemos, de algo que no tocamos, sino de algo que sabemos que existe o que esperamos.
Por esa misma razón Jesús no les responde a los discípulos de Juan con claridad, sino con signos:
"Después contestó a los enviados:
- «ld a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y dichoso el que no se escandalice de mí.»
Si queremos creer, vamos a poder ver en los signos razones para seguir creyendo, pero si no queremos creer "aunque resuciten los muertos no vamos a creer".
Entonces ¿cuando nos asaltan esas dudas que debemos hacer? Como Juan Bautista, preguntar a quién tiene las respuestas, pero sabiendo que nunca vamos a tener la respuesta que queremos, sino que Dios nos va a decir lo mismo: que miremos los signos, que miremos con corazón dispuesto a creer y, sobre todo a dejarse asombrar, porque en los signos que Dios ha hecho y en las cosas de cada día Él nos está hablando, nos está diciendo y respondiendo. Pero si no tenemos, como dijo Jesús, "corazón puro" no podremos "ver" a Dios con la luz de la fe.
"Bienaventurados los de corazón puro porque verán a Dios" ¿quiénes tiene corazón puro? Aquellos que se purifican en el agua del Bautismo, aquellos que se purifican con la Gracia de la Reconciliación, aquellos que siguen creciendo en el espíritu de niños, pues "los que se hacen como niños entrarán en el Reino de los Cielos". Aunque en la vida de los niños hay un tiempo de "por qué" no hay que preocuparse, porque los "por qué" nos llevan a buscar respuestas, y si aceptamos las respuestas y, como María, las conservamos en el corazón para meditarlas, seguro que fortaleceremos nuestra fe, afianzaremos nuestra esperanza y creceremos en el amor.
Por eso no le tengamos miedo a las dudas de fe, sino tengámosle miedo a no querer creer por las dudas de fe, pues las dudas nos ayudan a crecer y a madurar en nuestra fe, para que cada día seamos más hijos, pues en las dudas seguimos confiando en la Palabra del Padre.
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