viernes, 18 de diciembre de 2015

La fe siempre está

Segundo día de la Novena de Navidad y para recordar lo que celebramos la liturgia nos lleva al mejor momento: la concepción del Hijo de Dios en el seno de María, y la aceptación de José. Dos momentos hermosos lleno de fe, de la fe más pura y simple, la de María y José.
La fe de María y José nos motiva para renacer, nosotros, juntos con Ellos para que nuestra vida y nuestra preparación a la Navidad sea a partir de nuestra fe. Por que la Navidad no se puede vivir sin Fe, aunque los que dicen que no creen igual celebren Navidad. Pero ¿cómo entender la Navidad si no es partiendo de la Fe que nos ha dado Nuestro Padre?
Muchas veces nos encontramos con la duda de si hemos perdido la fe, de si tenemos poca fe, de que necesitamos más fe. Y ese es un error en nuestra vida porque la Fe no se pierde, no pesa ni se mide, y no podemos salir a comprarla ni en la Farmacia ni en el Super. La Fe es un Don que nos da Nuestro Padre y por eso mismo, al ser un don espiritual, no tiene medida y el Padre no es tacaño a la hora de darnos los Dones que necesitamos. Y para aceptar la Vida que Él nos propone nos da todo lo necesario, ni poco ni mucho.
Claro que todo depende de nosotros, pues  a partir del momento en que recibimos el Don, el día de nuestro bautismo, comienza el tiempo de la madurez espiritual. Un tiempo para el que se comprometieron nuestros padres y padrinos a ayudar a realizarlo. Que después, en la edad madura, soy yo mismo quien sigue el proceso de madurar el Don de la Fe, la vida espiritual. Pero si no me tomo tiempo para la lectura espiritual, para la oración, para la reflexión de la Palabra, para vivir los Sacramentos... claro que mi vida espiritual se va empobreciendo, pero nunca se va de mí, porque el Espíritu Santo recibido el día de mi bautismo siempre permanece en mí.
Si podemos hacer una comparación rápida es como aquellas cosas que aprendimos en la escuela o en el instituto, por ejemplo, el análisis matemático, los logaritmos, o los análisis sintácticos de las oraciones; en alguna parte de nuestro cerebro estarán guardados pero no nos acordamos qué son ni para qué sirven, porque muchos (yo por ejemplo) jamás los he vuelto a usar. Para poder usarlos tendré que volver a los libros y con un poco de esfuerzo volveré a recordarlos.
Así nos pasa con la Fe, con la vida espiritual, si no la usamos porque estamos bien como estamos se me va olvidando, pero nunca desaparece. Pasa que hay momentos en que por X o por Z tengo un problema o algo que me agobia y ¿dónde está mi fe? ¡No tengo fe! Tendrás que volver a vivir aquellas cosas que un día te hablaron de Dios, que un día te llevaron a pensar que fuera de tí hay algo que es más grande que tú y que te sostiene, te fortalece, te da seguridad y, sobre todo, te da esperanzas porque sus Promesas, en el momento oportuno, se cumplen.
María y José supieron abrirse al Don de la Fe, aunque la duda surgió en esos momentos, pudieron Ver gracias al Don del Espíritu y, así, llegaron a poder dar a Luz a la Vida que hemos recibido. No dejemos que los quehaceres diarios nos impidan ser constantes en el crecimiento espiritual, sino que los quehaceres diarios nos lleven constantemente a crecer en la vida espiritual.

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