jueves, 17 de septiembre de 2015

Juzgar el pecado y salvar al pecador

Son realmente hermosos y de muy sabio los consejos que San Pablo da Timoteo en su carta. En esta que leemos hoy, o mejor dicho en este párrafo, vemos cómo le pide que no se deje convencer por los comentarios de los demás acerca de su juventud, pues había sido él elegido y ungido para llevar adelante a su comunidad. No es que no tengamos que escuchar a nuestros hermanos cuando nos quieren ayudar con la corrección fraterna, sino que no debemos dejarnos "manejar" con los comentarios prejuiciosos sobre algún aspecto de nuestra vida, sino que hemos de confiar en que lo que buscamos es realizar la Voluntad de Dios.
"No descuides el don que posees, que se te concedió por indicación de una profecía con la imposición de manos de los presbíteros".
"Preocúpate de esas cosas y dedícate a ellas, para que todos vean cómo adelantas.
Cuídate tú y cuida la enseñanza; sé constante; si lo haces, te salvaras a ti y a los que te escuchan".
Siempre habrá quien hable de más por que no le guste algo que hemos hecho o dicho, o que no le guste que nos hayan elegido para tal o cual función. Por eso, antes de dejar que los comentarios malogren nuestras vidas, debemos esforzarnos por ser Fieles a la misión que nos han confiado: "cuídate tú y cuida la enseñanza", pues aquí también se ha de cumplir aquello de "niégate a tí mismo", no hemos de preocuparnos por lo que digan, sino que hemos de ocuparnos de vivir en fidelidad.
Es cierto que cuando nos ocupamos de ser Fieles Dios se encarga de sostenernos, de fortalecernos y de acompañarnos con el Don de su Espíritu para que nos mantengamos fieles a Su Palabra, para que cuidemos Su Palabra, y que enseñemos Su Palabra.
Y, por eso, a esta carta de Timoteo se la une el evangelio, y vemos cómo la gente no sólo juzgaba a la mujer sino también a Jesús que aceptaba los regalos de esa mujer:
"Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: -«Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. »
Nosotros, todos, generalmente, podemos ver y juzgar el pecado, o mejor dicho, debemos ver juzgar el pecado, y Jesús también lo hace, pero él tiene la capacidad de ver, además, la intención del corazón del hombre. Por eso Él ve que la mujer lo que estaba haciendo era pedir perdón por su pecado, lloraba por su pecado a los pies de Dios, y sus lágrimas eran un deseo de ser perdonada. Y por eso Dios la perdona, porque ve el dolor del pecado en su corazón y el deseo de reconciliación.
Y es eso lo que muchos hemos perdido: el dolor de nuestros pecados, primero porque hemos dejado que nos convenzan que no todo es pecado, y sin embargo el pecado sigue siendo pecado, aunque nos quieran convencer de lo contrario. Y por eso no nos arrepentimos ni pedimos perdón, porque creemos que es lo mismo, simplemente porque hago lo que me hace sentir bien. Pero sabemos que para Dios no es así la cosa.
Y un aspecto más hermoso de esto es el gozo de recibir el perdón del Señor, el gozo de la reconciliación con mis hermanos, con mi Dios y conmigo mismo, pues el llanto de mis pecados provoca una lluvia de Gracias para que pueda volver a vivir en Fidelidad, provoca una lluvia de Amor para que pueda fortalecer mi deseo de santidad, y provoca un fuerte abrazo lleno de Amor del Padre Celestial a mi pobre corazón, para que sienta en paz y con fuerzas para volver a amar como Él nos ha amado.

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