lunes, 14 de septiembre de 2015

La Cruz, nuestro camino

La semblanza y la imagen que nos presenta el Libro de los Números acerca de levantar la serpiente de bronce, nos lleva a mirar al Crucificado que es levantado y mirado por todos. La Cruz es así un instrumento de salvación, un medio para alcanzar la Vida Eterna y no el fin de nuestra vida.
Abrazamos la Cruz como camino de salvación, como instrumento de redención para mí y para aquellos por quienes uno ofrezca tal o cual situación.
Cuando miramos la vida de los grandes santos descubrimos que ellos abrazaron con amor apasionado la Cruz del Señor, una Cruz que muchas veces no era física, otras que era un Cruz impuesta, pero siempre como Camino para llegar a tal fin, y no con un fin en sí mismo.
El Señor no aceptó la muerte en Cruz porque esa fuera su misión última, sino porque ese era el Camino para llegar a la Resurrección, porque como dice San Pablo: "si Cristo no hubiese resucitado vana sería nuestra fe, seríamos los hombres más dignos de lástima". Pero Jesús Resucitó y le de dio a la Cruz el brillo del Amor, el brillo ser un nuevo Camino hacia la Vida.
Por eso, al mirar la Cruz no sólo vemos el dolor y el sufrimiento del Señor, sino que podemos llegar a ver el gran Amor que Dios no tuvo al enviarnos a Su Hijo, y el gran Amor del Hijo al Padre y a nosotros, para ofrecerse por nosotros como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Así Él nos deja un Camino marcado con la Cruz, un Camino en el que hemos de asumir, cada día, con amor la cruz de cada día porque así nos fortalecemos, nos unimos a Él en el plan de salvación y cooperamos a la redención nuestra y de todos los hombres. Pues una Cruz asumida y entregada, como Cristo, por Amor al Padre y a los hombres, es una Cruz que redime, que fortalece y que dignifica la vida de los cristianos.
San Pablo, por eso, decía:
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí."
"Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo."
Así hoy celebramos al Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, dandole gracias al Señor por tanto Amor a nosotros, y pidiéndole la fuerza necesaria para que cada podamos asumir nuestras propias cruces y contribuir a la salvación de los hombres.

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